Esfuerzo baldío de Luque y Silveti en el inicio de San Isidro

David Mora, sin opciones con un inválido y otro toro que se lesionó una mano

Voltereta del mexicano Diego Silveti al realizar una bernadina
Voltereta del mexicano Diego Silveti al realizar una bernadina

Las Ventas (Madrid). Primera de San Isidro. Se lidiaron toros de Valdefresno, bien presentados, aunque muy desiguales. El 1º, noble pero inválido; el 2º, manso; el 3º, protestón; el 4º, deslucido; el 5º, movilidad por inercia; y el 6º, con peligro. Más de tres cuartos de entrada.

David Mora, de sangre de toro y oro, pinchazo, bajonazo (silencio); cinco pinchazos, bajonazo, aviso (silencio). Daniel Luque, de blanco y oro, estocada trasera (silencio); aviso, dos pinchazos, estocada desprendida (algunas palmas). Diego Silveti, de lila y oro, tres pinchazos, casi media, dos descabellos (silencio); dos pinchazos, estocada casi entera contraria, descabello (silencio).

Con sol abrasador más propio de los inicios de junio, del Omega que del Alfa de San Isidro, salió «Campano» de toriles para abrir el abono más largo de la historia. 31 tardes y miles de sueños por delante. La gloria, destino final. El misterio del toreo. El de Valdefresno, que tras el desaguisado de la Beneficencia pasada mandó un encierro –con divisa negra por el fallecimiento de su propietario Nicolás Fraile– muy desigual y mansurrón, estuvo a punto de saltar al callejón. Fue el mayor derroche de energías, porque luego blandeó lo suyo. A media altura y rebrincado, resistió la primera tanda. Luego, claudicó dos veces y Mora, con la gente a la contra, abrevió. Lo mejor, el ramillete de verónicas y las cuatro chicuelinas del saludo.

Ni eso siquiera en el aparatoso cuarto, que se hizo amo y señor en varas. Muy abierto de cuerna. Una vida entera cabía entre los pitones. Otra más había que esperar para que el animal descolgara y humillara. En la segunda serie, se lastimó la mano derecha. El Everest, mil metros más alto. Y el de Borox, contrariado, fue camino del acero, que se le atragantó.

La faena del manso buscó Daniel Luque en el segundo, cinqueño desentendido que se atrincheró en terrenos del «4». Nunca se empleó, pero se tragó los muletazos del sevillano, que templó algún natural suelto estimable, aunque sin ligazón por la huidiza embestida del «Lisardo». Empeño sin recompensa.

Tesón volvió a derrochar en el quinto, que arrolló a Abraham Neiro tras dejar un soberbio par. La taleguilla, hecha jirones, pero salió de una pieza.

«Buscatodo» fue un minúsculo oasis que se desplazó por inercia. Buen comienzo por trincherillas de Luque. Se sobrepuso a un pitonazo que aireó sus partes nobles y le cogió el aire por la diestra. Muy relajado, hubo ligazón en algunos pasajes. Hasta desmayo. Mejorable, la colocación, afeada por parte del público. Faltó continuidad para que rompiera la faena.

Protestado de salida, el escurrido y gazapón tercero manseó en los primeros tercios. No mejoró en la muleta y el astifino burel, sin clase ninguna, incluso desarrolló un molesto tornillazo en el viaje que dificultó todo aún más. Con oficio, Silveti. Muy firme estuvo con el peligroso sexto. Se la jugó de verdad con un soberano arrimón. Lo volteó dos veces. Espeluznante, la segunda. Su valor y las ganas de Luque, lo mejor del tibio estreno.