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Fandiño conquista Pamplona con «Español»

El vasco sale a hombros después de cortar tres orejas; el toro de Victoriano del Río es premiado con la vuelta al ruedo

Pamplona. Quinta de la Feria de San Fermín. Se lidiaron toros de Victoriano del Río, espectaculares de presentación, con impresionantes cornamentas. El 1º se lastima durante la lidia; el 2º, mansurrón pero con fondo; 3º y 6º, nobles y de buen juego; el 4º, desclasado y sosote; y el 5º, bravo toro, premiado con la vuelta al ruedo. Lleno en los tendidos.

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Juan José Padilla, de marfil y oro, estocada corta, dos descabellos (silencio); pinchazo, estocada corta caída (silencio). Iván Fandiño, de rosa y oro, pinchazo, estocada (oreja); estocada, aviso (dos orejas). Juan del Álamo, de verde manzana y oro, pinchazo, estocada corta (silencio); dos pinchazos, estocada caída (silencio).

Escalofriantes eran los pitones del tercero. Un escalofrío recorría el cuerpo desde las alturas. No tenía perfil discreto el de Victoriano del Río, aunque la impresión que podría hacer llegar al colapso venía en el tú a tú, ese mirarse de frente. Qué tremendo animal tuvo delante Juan del Álamo. Y si escalofriantes eran los interminables pitones del tercero, terribles fueron los segundos que precedieron a su salida al ruedo. Cuando Iván Fandiño se volcó sobre el morrillo del segundo de la tarde, segundo envite también, y sin salida entre uno y otro, sin vía de escape, quedó el vasco colgado del pitón y derribado después. Se venían a la memoria malos pensamientos de este mismo torero, herido así, de la misma manera, en otras plazas, Madrid sin ir más lejos. Cuando la suerte de matar se hace con esa pureza tiene muchos más riesgos. Llevaba la cara ensangrentada, pero era del toro, de habérselo echado, en sentido literal, sobre los lomos. Cayó el animal y el trofeo. Fue faena intermitente, que vivió momentos muy distintos con un toro mansurrón al que le costaba también definirse y que a punto estuvo de cazar al banderillero Miguel Martín en los dos pares que clavó. En el último tramo de la faena de Fandiño, después de trajinar, fueron las dos tandas de derechazos más reunidas y en sintonía. Lo llevaba el toro dentro. Todo lo anterior se antojaron preparativos. El quinto fue toro con codicia y poder en la embestida. Un animal importante, que cumplió en el caballo. «Español» fue animal mayúsculo. Pero había que estar ahí. Y Fandiño supo estar a la altura de las circunstancias en una faena contundente. Ocurrían cosas, era un poder a poder. Sometido el toro volaba en la muleta, hundidos los pitones, empujando por abajo, con ese punto de veneno, de cambiar a la siguiente embestida, que hizo que se metiera el público en la faena. Dos pases cambiados y toreo de mucho calado después. Diestro y al natural, de todo hubo en esa intensa labor. Se le premió con la vuelta al ruedo al animal, que se había justificado en el peto. Excesivo, pero en verdad es un misterio y un milagro que un toro así embista.

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Juan del Álamo se las vio con ese tercero de inmensos pitones, que sacó nobleza y repetición, bondad y saliendo del embroque desentendido. Mismas trazas tuvo el sexto. Otro impactante animal de cornamenta, con un puñal derecho que hacía difícil entrar a matar. Y así ocurrió cuando llegó la hora. Antes lo dio todo Del Álamo, con su buen concepto y esas ganas de salir de Pamplona revalorizado. Hay mucho en juego, y más en estos tiempos en los que ha desaparecido ese segundo circuito en el que vivía gran parte del toreo.

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Padilla tuvo que abreviar al lesionarse de una mano su primero y pasó discreto con un cuarto sin clase y soso, aunque cuando se templó tomó mejor la muleta el toro. Le queda otra tarde, como a Fandiño, pero ayer ya se fue de Pamplona a hombros.