Flamenco y toreo de salón para una huelga de hambre de doce días en Bogotá

El grupo de novilleros resiste a las puertas de La Santamaría a la espera del fallo de la Corte Constitucional

A pesar de la desilusión por la frustrante reunión con el alcalde Gustavo Petro, ayer fue una noche especial para los ocho novilleros que desafían en huelga de hambre al primer edil de Bogotá para reivindicar su derecho a torear en la plaza de toros de La Santamaría. Una noche plagada de apoyos, toreo de salón, flamenco y gestos, muchos gestos, plagados de emotividad.

Pese a la intransigencia de Petro, los jóvenes no desfallecen, mientras aguardan con interés al fallo y amparo de la Corte Constitucional, que próximamente puede fallar en favor de los taurinos.Con los ecos recientes llegados al otro lado del Atlántico del apoyo brindado en Las Ventas por César Jiménez que toreó en Madrid con un «olé» en su capote, debajo del cual se leía #FuerzaNovilleros, La Santamaría comenzó a llenarse de taurinos.

Jóvenes, peñistas, periodistas, ganaderos... Todos dejaron de lado una noche de descanso para llegar al coqueto coso bogotano. Allí, pese a la impresión pensable, se respira esperanza, alegría y vientos de libertad. Antes de empezar la velada, el francés Sebastián Castella envió un mensaje de «fuerza a esos chicos con alma guerrera y corazón valiente».

Al ritmo de los pasodobles, comenzaron la mayoría de los asistentes a tomar los trastos para hacer toreo de salón. Uno a uno, los aficionados, tomaron la muleta y brindaron al palco presidencial, que estaba conformado por los valientes novilleros en huelga. La periodista y ganadera Arritokieta Pimentel, tomó los tratos para brindar a los novilleros y sentenciar que «unidos vamos a abrir esta plaza».

Pero el momento más emotivo de la noche se dio cuando el hijo de Wilmer Villamil, uno de los novilleros en huelga de hambre, tomó los tratos y brindó a su padre. Este niño de escasos diez años llenó a todos de emoción al realizar un emotivo brindis: «A mi padre, que me enseñó a amar la libertad». Este niño ha estado separado ya una docena de días de su padre, que no desfallece, pues afirma que «sin toros» no tendrá «sustento para su familia».

El optimismo reina, a pesar de la debilidad de los novilleros que completan una docena de días en huelga de hambre. Un grupo flamenco llegó para cerrar la noche, aunque ya algunos de los novilleros se encontraban vencidos por el sueño.

En el grupo, crece la expectativa ante el fallo de la Corte Constitucional y en algunos ratos no parece una reunión de taurinos y toreros sino de abogados, pues el tema jurídico ha tomado preponderancia en este escenario. La secretaria de Cultura de Bogotá, Clarisa Ruiz, publicó, hace unos años, un libro que titula «Palabras que me gustan» los taurinos. Los bogotanos se aferran a que comprenda y respete que a los taurinos les gusta una palabra: libertad.