«Hay un antes y un después de Victorino Martín Andrés en el toreo»

El ganadero de Galapagar, Medalla de Oro de las Bellas Artes

Victorino Martín, en su finca de Las Tiesas en Moraleja (Cáceres)

«Una grata sorpresa, porque es una noticia inesperada para nosotros». Victorino Martín hijo acababa de conocer un puñado de minutos antes la concesión a su padre –Victorino Martín Andrés– de la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes. «Nos ha llamado un amigo francés para darnos la enhorabuena y, claro, no sabíamos por qué», reconoció el ganadero sobre un galardón que premia «toda una vida de lucha dedicada al toro bravo, a exaltar, defender y proteger sus valores».

«Puede sonar vanidoso o pretencioso, pero entiendo que es innegable que en la Tauromaquia hay un antes y un despues de Victorino Martín Andrés», comentó emocionado. «Mi padre está muy contento, encantado, porque quiso dedicar todo su tiempo a mirar por el toro, cuidar de que se le respetara y lo hizo sin esperar recompensa alguna, simplemente porque lo sintió así, por eso, todos estos reconocimientos y esta marea de cariño que le está dedicando la afición y los profesionales le llena de orgullo», agradeció el ganadero de Galapagar, que sucede en el palmarés al rejoneador Ángel Peralta, premiado de 2013, y a nombres tan importantes en la Tauromaquia como Antonio Ordóñez, Pepe Luis Vázquez, El Viti, Joselito, José Tomás, Rafael de Paula, Álvaro Domecq, Paco Camino, Antoñete o Esplá.

«Cuando recibes un premio así, es casi obligado echar la vista atrás, recuerdas los primeros años y ahora te das cuenta de que todo, lo bueno y lo no tan bueno, ha merecido la pena, aunque sigo pensando que nos queda mucho camino todavía por recorrer», asumió antes de aprovechar el premio para reclamar una vez más «el ansiado consenso».

«Me gustaría hacer un llamamiento a la unión real de todos los sectores del toreo, al final, como es lógico cada uno mira por lo suyo y tenemos ahí un vacío, una vía de vulnerabilidad que nos puede hacer mucho daño; sería ideal crear un estamento a terceros, similar a la FIFA en el fútbol», comparó antes destacar que su familia «le debe muchísimo a Madrid», pero que «no sería justo tampoco olvidar» lo que les dieron «Sevilla, Bilbao, Santander, Logroño y tantas otras como Vitigudino el mismo año pasado».

«Este es el fruto a muchísimos años de esfuerzo y trabajo, mi padre apostó por un tipo de toro que estaba dejado, fuera de las ferias, lo compró y lo recuperó hasta consolidarlo en las grandes plazas y elevarlo a la categoría que hoy todo el mundo conoce, fue el sueño de un gran aficionado», definió. «Si te fijas en la evolución de esos años, la llegada de mi padre y el perfil de sus reses sirvió para recuperar la seriedad y el respeto por el toro íntegro que estaba empezando a perder su valor, a ser menospreciado», concluyó.