Jiménez Fortes y su nuevo tributo de sangre

Herida de 30 centímetros en el glúteo para el malagueño y buena tarde de López Simón

El malagueño fue corneado en el glúteo derecho mientras realizaba un quite por gaoneras

Las Ventas (Madrid). Festejo del Domingo de Ramos. Se lidiaron toros de Puerto de San Lorenzo y un sobrero (3º) de La Ventana del Puerto, bien presentados y bajos de raza en general. El 1º va y viene sin entrega; el 2º, rajado y sin humillar; el 3º, manejable por el derecho; 4º y 5º, nobles pero con poco fondo; y el 6º, de buen pitón derecho. Un cuarto largo de entrada.

Jiménez Fortes, de grana y oro, estocada, aviso (saludos); pinchazo, estocada, aviso (silencio); herido por el sexto. David Galván, de azul celeste y oro, pinchazo, aviso, estocada, segundo aviso, doce descabellos, tercer aviso (silencio); aviso, dos pinchazos, estocada (silencio). López Simón, de rosa palo y oro, estocada (vuelta al ruedo); tres pinchazos hondos, descabello (saludos).

Parte médico de Jiménez Fortes: «Herida por asta de toro en pliegue del glúteo derecho con trayectoria de 30 centímetros que contusiona recto, vejiga y uretra hasta la cara posterior de sínfisis pubiana». Pronóstico «grave».

El Domingo de Ramos se nos atragantó de golpe. Retumbaba en los tendidos de Madrid la sucesión de pitonazos que recibía Jiménez Fortes, otra vez. Esa altura del torero en horizontal que le hace presa fácil para el pitón del toro. Y no era su toro. Y había acabado ya su turno y casi la tarde. Una larga tarde de domingo. El sexto toro, que se había llevado las quinielas en el sorteo, era un tío, muy bajo, muy pegado al suelo, hondo, rematadísimo y descarado de cara. Asustaba, tenía mucha fuerza en su estética, otra cosa vino después por dentro. Jiménez Fortes hizo el quite que le correspondía, el último antes de irse de Madrid con los cartuchos quemados y algo de frustración en el horizonte. La tarde no había rodado. Madrid es una cima casi inalcanzable, piensen en las estadísticas si no. Y esa cima hay días que parece el Everest. Intentó quitar por gaoneras, más quieto que una vela, y a la tercera voló. Sangre y arena para teñir el Domingo de Ramos de verdad, que eso es lo que ocurre en el ruedo. Se lo llevaron a la enfermería y se quedó en el ruedo López Simón. Los 30 centímetros de cornada dolían. Un quite, un lance de última hora para un torero recién llegado a la profesión y muy castigado por el toro. Por el toreo. Se quedó López Simón a solas con ese sexto, era su toro y su momento. Había dado la vuelta al ruedo en el tercero y mantenía intacta la expectación. El toro tuvo buen pitón derecho, nobleza y recorrido, también las fuerzas justas, profundidad en el viaje cuando lo empujaba hacia delante. Así, López Simón fue ligando la faena, con pocos tiempos muertos y resuelto. Lo hizo fácil, era un señor toro en la plaza de Madrid. Viajaba menos el animal por el zurdo y sin entrega. Abundó por el diestro, era el filón, pero no encontró el sitio en la suerte suprema.

En tercer lugar terció con un sobrero colorao de Ventana del Puerto. Era el animal interesante aunque cambiante de ritmo por el derecho y le costó más cogerle el aire; por el izquierdo no quería muleta. López Simón no se amilanó. Ni cuando le vino al paso a la altura de la chaquetilla. Aguantó, impávido y de vuelta y así fue metiendo a la gente en la faena. Y de ahí que llegara después la vuelta al ruedo.

A Jiménez Fortes le tocó abrir plaza con un primero que respondía de lejos, pero le costaba acudir al engaño una vez pasado el ímpetu de la inercia. A la hora de la verdad merodeaba sin humillar. Lo puso todo de su parte desde los estatuarios en el centro del ruedo a las bernadinas del final. El cuarto tuvo mejor tranco, pero con las fuerzas tan contenidas que le daba a la faena un efecto de no comunicación. Poco trascendía de lo que ocurría en el ruedo. Y así Madrid es una quimera.

Tres avisos escuchó David Galván en el segundo, el primero antes de entrar a matar a un toro rajado desde que salió de toriles. Se alargó en el trasteo y le faltó tino con el descabello. El quinto tuvo cosas buenas pero con la raza justa. La faena fue extensa también, afanosa y liviana.

Lo amargo nos vino después. 30 centímetros de cornada. Pronóstico grave. Jiménez Fortes de nuevo en cama. Un quite... Ya al final... Volvió a pagar el peaje del toreo. Y van...