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Joselito Adame: «Hemos crecido porque en su día no nos quedamos en México a verlas venir»

Triunfador de la Feria de Arte y Cultura en Madrid, el de Aguascalientes es el enésimo exponente de la actual edad dorada del toreo azteca

Joselito Adame, el pasado junio en Las Ventas
Joselito Adame, el pasado junio en Las Ventas

«¡Cómo está el mexicano!». Esta frase fue una de las más cantadas y comentadas en la pasada Feria del Arte y la Cultura en Madrid. El mexicano era Joselito Adame. Un precoz matador de toros de Aguascalientes que explotó en el junio venteño, envuelto en los colores de su bandera Tricolor, para salir catapultado hacia una temporada española en la que, pese a todo, no está encontrando el merecido acomodo por parte de las empresas. Pese a ello, el azteca no desespera y sigue peleando, tarde a tarde, con esa garra atequilada que va inherente a la sangre de su país.

-¿Cuántos festejos había toreado en Europa antes de pisar Las Ventas?

-Ninguno. Venía de una buena y extensa temporada en América, pero la Feria del Arte y la Cultura fue mi primer paseíllo de esta temporada en este lado del Charco.

-Y, sin embargo, llega a Madrid... Y la revienta.

-Sí (sonríe con timidez), llegué en buena forma, ilusionado de México, también tuve la suerte de que mis dos lotes me acompañaron. Quise y pude. Tuve sobre todo la mentalidad adecuada, la claridad de ideas necesaria para dar esa dimensión. Mis fundamentos del toreo, desde el primer momento, han ido orientados hacia Madrid, porque en su listón de exigencia es donde quiero posicionar mi toreo. Es la identidad que quiero y que he venido desarrollando los dos últimos años.

-Querer y poder, es sinónimo de capacidad.

-Sí, estuve despejado y me puse de esa manera a torear. Una pena que con los aceros no lo viera tan claro, ahí estuvo salir a hombros... El primer toro de El Montecillo me allanó mucho el camino, porque me inyectó muchísima confianza.

-¿Por qué?

-Porque no veía toro por ningún lado. Estaba por definir, no había roto hacia ningún lado. Entonces, en un capotazo de mi banderillero, metió la cabeza y humilló. Ahí lo vi claro. Imponerme, cuajar a ese toro, me aportó seguridad y aplomo para los otros tres.

-¿Se queda entonces con esa faena por encima de la última al toro de Alcurrucén?

-En mi interior sí. Ese toro de los Lozano tuvo bastante clase, era cadencioso en las embestidas y finalizaba mejor los muletazos, disfruté muchísimo toreándolo, pero me pareció más al alcance de un torero preparado; el toro de El Montecillo, no. Era exigente y había que estar con él. El inicio del trasteo resultó fundamental, tuve que tragar una barbaridad y someterlo. Pasó algo parecido con el segundo de ese día, se comía la muleta en cada arrancada y había que apostar.

-Ese «Alcaparrito» de Alcurrucén se lo brindó al maestro Eloy Cavazos.

-Me une un vínculo de amistad y admiración hacia él. Además el último mexicano en abrir la Puerta Grande fue precisamente él, es un referente y quiero seguir su ejemplo. En los primeros tercios, según veía la clase del toro, me repetía: «Con éste sales a hombros». Por eso, le di las buenas tardes y le dije bien alto: «Vengo a por la llave, démela que voy a salir por esa Puerta Grande».

-Y a punto se quedó... Con esta generación azteca actual, la sensación es que la sequía no tardará en aplacarse.

-Tarde o temprano va a caer. Si no soy yo, que lo deseo con todas mis fuerzas, será otro. Hemos coincidido en el tiempo unos cuantos paisanos con los fundamentos necesarios y esa raza tan característica de nuestro país. Este hechizo se tiene que romper.

-¿Cuál es el secreto de esta edad dorada?

-El toreo en América está evolucionando más rápido que antes y se nota. La clave creo que reside en que no nos quedamos en su día en México a verlas venir. Aquí hemos conocido Europa, su mentalidad y hemos crecido adaptándonos a este modelo.

-¿Se esperaba torear más después del año que ha echado en Madrid?

-Siempre lo esperas todo, pero ya estoy curado de espanto... Julio me lo he pasado prácticamente en blanco. Ya me pasó algo parecido el año pasado después de dar la cara en la Feria de Abril. Pero toree una o veinte, voy a salir igual, sin escatimar.

-Cambiando de tercio, su hermano pequeño parece decidido a seguir sus pasos.

-Me ilusiona mucho, aunque en los tentaderos lo veo como torero más que como hermano. Tiene unas cualidades extraordinarias y darle la alternativa sería uno de los días más bonitos de mi vida. No obstante, vivo un contraste de sensaciones, porque paso miedo viéndole... ¡Se me retuercen las tripas! Reconozco que soy muy duro y exigente con él, pero también él sabe que soy el que menos le va a engañar.

-Un deseo para lo que queda de 2013.

-Posicionarme. Colocarme mejor y torear más en las plazas importantes. Al fin y al cabo, es donde quiero estar y situar mi carrera: el circuito de ferias es el que aporta prestigio y categoría a la trayectoria de un torero.