Toros

Obra magna en dos tercios

Morante, toreando ayer a la verónica
Morante, toreando ayer a la verónica

Ocurrió en el ecuador de una corrida que quedará en el recuerdo. Fue un tercio mágico, un momento irrepetible en la hemeroteca sentimental del aficionado. Perera había puesto a hervir la cacerola con unas gaoneras de infarto y Morante se fue con pasito juncal a las estribaciones de las dos rayas. Iba el de la Puebla repujando el capote como si fuera plata de candelería y a cada paso se hacía más audible y más profundo el silencio. Morante se encaró con el toro, de tú a tú, e inició el quite por tafalleras. Sí, por tafalleras. Y demostró que la tafallera también es una suerte en la que se torea con el mentón, con la cadera y con las falanges de los dedos de los pies. Pero el lío gordo llegó con el broche. Con media verónica a pies juntos que le hizo un corte de mangas a eso de que el tiempo es un absoluto real y matemático. El tiempo es lo que quiera Morante. Y así lo sintió el público que llenaba hasta el tejadillo la Maestranza, en pie por la descarga eléctrica. Fue una magna obertura del que será el tercio de banderillas de la feria y de muchas ferias. Javier Ambel lo bordó con la tela a media altura y sosteniendo la suerte con los riñones. Curro Javier se jugó la vida. Primero en un par en el que le dejó todas las ventajas al toro. Cuando cogió los palos para clavar el segundo la banda de Tejera ya la había arrancado Ambel con un capotazo que llevó al toro como se acerca una ola mansa a la orilla. Otra vez el silencio de expectación y de siseos. El silencio y la banda sonando mientras Curro Javier, plomo y plata, sostenía en el aire los dos palos. Se asomó a la cuna y allí clavó la firma, para la historia, mientras el toro, de corazón manso, le apretaba para los adentros. Por milímetros y con la ayuda de una muleta lanzada por Perera, Curro Javier se escapó por la tronera de un burladero.