¡Qué pronto se rompen los sueños de los toricantanos!

Curro Díaz corta la única oreja de la tarde en Valencia

El jiennense, que ejecuta un pase de pecho, paseó un trofeo del segundo

Valencia. Festejo con motivo de la festividad de la Virgen de los Desamparados. Se lidiaron toros de Valdefresno, muy bien presentados y de poco juego en general. El 2º es el que tuvo más posibilidades. Un cuarto de entrada.

Curro Díaz, de verde manzana y oro, estocada entera (oreja); pinchazo, estocada (silencio).

David Galván, de blanco y oro, pinchazo, estocada, dos descabellos, dos avisos (ovación); pinchazo, media, tres descabellos, aviso (silencio).

Pascual Javier, que tomó la alternativa, de blanco y oro, cinco pinchazos, estocada, aviso (silencio); dos pinchazos, estocada, aviso (silencio).

Doce años tardó Pascual Javier en ver cumplido su sueño. Doce largos años, desde que se matriculó en la Escuela de Tauromaquia de Valencia hasta que, por fin, se convirtió en matador de toros. Sin embargo, todo ese esfuerzo, todo ese sacrificio, todo su trabajo comenzó a desvanecerse cuando «Buscador», el toro de su alternativa evidenció que su falta de fuerzas no iba a permitir brillo alguno. El valenciano lo intentó con todas sus energías quedándose muy quieto, haciéndolo todo él y buscando por todos los medios sacar algo de tan pobre material. Tampoco tuvo opción con el segundo toro de su lote, otro astado abanto y rajado con el que tan sólo pudo estar voluntarioso, entregado en todo momento, pero fue inútil su empeño.

No terminó de centrarse ni aclararse Curro Díaz con su muy serio primero, un toro feo de hechuras y sin cuello que llegó con buen son a la muleta, desplazándose con tranco y recorrido. El de Linares abusó de desplazarle hacia afuera, quitando pronto la muleta, sin meterse de verdad con su antagonista en una faena en la que sólo hubo algún que otro detalle suelto. Eso sí, la estocada de remate le valió la única oreja de la tarde. El quinto, ovacionado de salida, no tuvo fuelle ni casta, y dejó su matador que le machacasen en el caballo. Se aferró luego al suelo discurriendo su lidia entre enganchones y dudas.

David Galván compuso dos faenas de muy parecido corte, también ante dos astados de similar condición. Mansos y buscando siempre las tablas, Galván no se conformó con ello y buscó sacar provecho en dos trasteos tan extensos como, a la postre, huecos, siendo lo mejor de su actuación las ganas y disposición que derrochó.