Un domecq se la juega a Cortés en el desafío santacoloma

Vicente dejó los mejores naturales de una tarde inconclusa y Javier sufrió un puntazo en la cornada del 2 de mayo

Las Ventas (Madrid). Trigésimo primera de San Isidro. Desafío ganadero. Se lidiaron toros de Rehuelga, 1º y 3º, y Pallarés, 2º, 4º y 6º. El 1º, encastado y de noble pitón zurdo pero sosote; el 2º, exigente, repone, pegajoso; el 3º, noble y de buena condición; el 4º, de buen pitón izquierdo; el 5º, sobrero de José Luis Marca, malo y peligroso; y el 6º, deslucido. Más de media entrada.

Iván Vicente, de rosa y oro, buena estocada (saludos); pinchazo, estocada, aviso (silencio).

Javier Corés, de verde manzana y azabache, estocada buena (saludos); dos pinchazos, estocada (palmas de camino a la enfermería).

Javier Jiménez, de berenjena y oro, media atravesada, estocada (silencio); dos pinchazos, estocada (silencio).

Se guardó un minuto de silencio por el puntillero Antonio Medina.

Parte médico de Javier Cortés: «Puntazo en muslo izquierdo. Pendiente de estudio radiológico. Pronóstico reservado».

Javier Cortés volvía. Lo hacía en mayúsculas, porque lo que ocurrió aquella tarde del 2 de mayo fueron palabras mayores. Se enfrentaba a un desafío ganadero entre divisas: Rehuelga/Pallarés. El desafío, queda claro, es la vida. El mismo hecho de afrontarla cada día, elevado al cuadrado. Le hirió para despejar dudas en este desafío del encaste Santa Coloma un toro de procedencia Domecq, de la divisa de José Luis Marca, que defendió con hachazos por las nubes lo que no fue capaz de entregar por abajo. Cazó de nuevo a Cortés y le volvió a herir en el mismo lugar, en el gemelo, donde aquí mismo le infirió la cornada hacía justo un mes. Espantosa la cogida, la manera de caer, el lugar donde le puso los pitones... No se descompuso el torero, le dio muerte y por su propio pie se fue a la enfermería. Hacía demasiado poco que venía de ahí. Pronto quiso hacer faena con el segundo, que había corrido turno y fue de Pallarés. Tuvo complicaciones el toro, pero no volvió la cara y bien derecho se tiró a matar.

Era la tarde del desafío, el desafío ganadero. Un desafío auténtico fue soplarle un cambio de mano monumental al cuarto, de Pallarés. Uno de esos que te pilla de sorpresas y te revuelve en el asiento, uno de esos que comienza y no sabes, ni quieres, cuando acaba. Fue Iván Vicente el autor. Después de que su hermano Héctor protagonizara un buen tercio de varas y el toro fuera con fijeza y largura en tres ocasiones. Tuvo belleza el tercio: el gusto de las cosas bien hechas. Esperamos con denuedo el toreo después de ese prólogo de pellizco. Tuvo el toro buen pitón zurdo en la muleta, a pesar de que las irregularidades las multiplicó el viento que movía la muleta, clave porque el toro requería pulsear el engaño con mimo para que el toreo fluyera. Ocurrían muchas cosas en poco tiempo por la cantidad de matices. Hubo muletazos muy buenos, pero faltó la ligazón para que la faena construyera un triángulo perfecto con el toro y el público. Y eso no ocurrió. Seria y trabajada fue su actuación con el primero de Rehuelga. Tuvo difícil el pitón derecho, pero logró sacarle por el izquierdo más de lo que pareció que tenía. Y dejó la faena con dos tandas estupendas. Al natural. Centradas y potenciando la nobleza del toro, mermadas, eso sí, por la sosería. Espadazo.

Agustín Romero y el sexto protagonizaron un buen tercio de varas en el sexto. Ahí se acabó el toro y la faena de Javier Jiménez. Sí el tercero, que tuvo buena condición, pero la labor no logró conectar con el público ni poner lo que le faltaba al toro y acabó con discreción. Y otra tarde de sensaciones raras. Y de alivio, porque Cortés, a pesar de salir en ambulancia, había rozado la tragedia.