Alcàsser, ¿llegarán a cerrarse las heridas?

Investigación de uno de los peores crímenes de nuestra historia. La serie de Netflix ha despertado viejos demonios.

  • «El caso Alcàsser» aporta imágenes inéditas del juicio, además de otros materiales de interés sobre la investigación
    «El caso Alcàsser» aporta imágenes inéditas del juicio, además de otros materiales de interés sobre la investigación
Madrid.

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17 de julio de 2019. 03:17h

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Philipp Engel.  Madrid. 17/7/2019

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Ejemplo clásico: Más de un siglo después, todavía nos preguntamos quién se escondía bajo el alias de Jack El Destripador. El motor, por supuesto, es el misterio, además de la morbosa fascinación que causa todo aquel que rompe el tabú y se libra a las más atroces aberraciones: el monstruo. Casi 27 años después de aquel fatídico 13 de noviembre, en el que las tres adolescentes de Alcàsser fueron secuestradas, torturadas, violadas y asesinadas, un caso cuyas incógnitas seguían latiendo en el oscuro fondo de la red, ha vuelto a la primera línea de la actualidad. El misterio sigue vivo, porque el monstruo nunca fue apresado; Antonio Anglés, cerebro y coautor de aquella atrocidad, desapareció sin dejar rastro. Quizá sea el mayor fracaso de nuestras fuerzas del orden. A la luz del libro de culto «Desde las tiniebla», del periodista valenciano Joan M. Oleaque (tan de culto que por él se pagan más de 200 euros online–, parece claro que Anglés ansiaba perpetrar un crimen como aquel. De no haberse cruzado con Miriam, Toñi y Desirée mientras las muchachas hacían autostop, habría encontrado otras víctimas. En «El caso Alcàsser», el director Elías León Siminiani rememora con sobria elegancia los hechos y algunas de las teorías conspiranoicas que nacieron a la sombra de unas dudas inevitables dada la insatisfactoria resolución del caso, y recuerda el insoportable circo mediático que derivó de la feroz búsqueda del espectáculo llevada a cabo por algunos programas televisivos en su guerra por liderar las audiencias. ¿Qué utilidad tiene reabrir viejas heridas? En el pasado, otras no-ficciones pertenecientes a su mismo género –conocido como «true crime», en castellano «crónica negra»– generaron un impacto social que ha permitido hacer justicia. La más paradigmática sigue siendo la trilogía «Paradise Lost», que empieza en 1996 con tres chavales en la cárcel acusados de un crimen no menos espantoso, y termina en 2012 con su liberación gracias a las revelaciones del propio documental; y cómo olvidar «The Jinx», cuyo rodaje provocó la autoinculpación fortuita del empresario Robert Durst, más de 30 años después de su presunto primer asesinato. Es cierto que «El caso Alcàsser» no incluye revelaciones que obliguen a replantear lo que damos por hecho acerca de los asesinatos, pero tampoco le ha hecho falta para lograr que volvamos a hablar de ellos. La fatalidad ha querido que poco después de su estreno falleciera el criminólogo Juan Ignacio Blanco, que durante años contribuyó a la carnaza catódica, y hace tan solo un par de semanas una pareja encontró huesos humanos en el paraje donde en su día fueron hallados los cadáveres. Por supuesto, eso bastó para que los medios volvieran a volcarse en el asunto con entusiasmo. Después de todo, lo que hace tres décadas era una batalla encarnizada por el «share» hoy se ha transformado en la dictadura del «clickbait», que exige titulares sensacionales. Y uno que contenga la palabra «Alcàsser» siempre lo es. Y lo seguirá siendo, porque resulta casi imposible imaginar un cierre definitivo sin el apresamiento del monstruo, que probablemente se ahogó en aguas irlandesas. Seguirán las dudas, las incógnitas, las preguntas sin responder. Lo más probable es que, al final, lo único cierto e inequívoco sea el dolor de los familiares, que seguramente no haya sido tomado suficientemente en cuenta. Un dolor insostenible a pesar del paso del tiempo.

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