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Justicia al fin para «The Americans»

La ficción sobre unos espías de la KGB que están instalados en Estados Unidos gana el premio al Mejor Drama en el año en que finaliza la emisión de la serie.

De izda. a dcha., Ivan Mok, Matthew Rhys, Alexander Sokovikov, Zack Gafin e Irina Dvorovenko en «The Americans»
De izda. a dcha., Ivan Mok, Matthew Rhys, Alexander Sokovikov, Zack Gafin e Irina Dvorovenko en «The Americans»

La ficción sobre unos espías de la KGB que están instalados en Estados Unidos gana el premio al Mejor Drama en el año en que finaliza la emisión de la serie.

A falta de «Juego de tronos» –no pasa nada, tendrá su recompensa el año que viene, ya que el estreno de su octava y última temporada está previsto para abril– y tras ningunear la segunda entrega de «El cuento de la doncella» desactivado ya su factor sorpresa, los votantes de los Globos de Oro a la mejores series se comportaron como los Reyes Magos: tuvieron regalos en forma de estatuillas para todos. Ya es una tradición que se recompense, en un acto de contricción, a las series que ya se están yendo y en esta ocasión la beneficiada, ya era hora, era «The Americans». Después, quedaban los mismos rituales de siempre: premiar a alguna producción que se haya estrenado esta temporada, además de hacerle la pelota a las estrellas de Hollywood que han desembarcado en la televisión para más gloria del medio.

Se siguió el guión previsto: se distinguió en la categoría de Mejor Comedia a «El método Kominsky» y a su actor protagonista, un Michael Douglas algo ajado que cada vez se parece más a su padre, no cuando era joven, sino al centenario. Nada que reprochar en su viaje de ida y vuelta, ya que el hijo de «Espartaco» nació como actor en el medio gracias al éxito de «Las calles de San Francisco». Una vez más se confirmó que el niño mimado de la ficción televisiva, a aquel que se le mira con arrobo y parte de envidia porque se empecina en romper la baraja de las convenciones sin parar de echar órdagos, es Ryan Murphy, el responsable de «El asesinato de Gianni Versace», miniserie que se tenía que haber titulado «El asesino de Gianni Versace» por lo que todos los espectadores que la hayan visto saben. Logró dos galardones: los correspondientes a Mejor Miniserie y Mejor Actor de Miniserie para Darren Criss, que borda el papel de Andrew Cunanan. El personaje es complejísimo porque es complicado no tener cierta empatía por este criminal en serie poseído por sus aires de grandeza. Fue uno de los premios más merecidos de la velada. Su triunfo también fue el de Murphy, cuyo ego no cabía por la puerta de salida. Criss tenía rivales nada desdeñables, como Antonio Banderas («Genius Picasso»), Daniel Brühl («The Alienist»), Hugh Grant («A Very English Scandal») y Benedict Cumberbatch («Patrick Melrose»).

Un drama para los debutantes

El triunfo de «The Americans» en la categoría de Mejor Drama dejó fuera de juego a ficciones que debutaban en los Globos de Oro como «Bodyguard», «Homecoming», «Killing Eve» y «Pose», la denuncia sobre la represión de la comunidad homosexual y transexual en el Nueva York de los ochenta, de la que también es responsable Murphy. Tendrán otras oportunidades, seguro, pero el domingo no fue su noche. Al ganar «El método Kominsky» la como Mejor Comedia o Musical fulminó otras opciones como «Barry», la espléndida «The Good Place», «Kidding» y esa delicia que lleva por título «The Marvelous Mrs. Maisel», que ha contribuido a que la plataforma de pago Amazon Prime Video tenga una relevancia que hasta ahora se le venía negando. Richard Madden recogía por «Bodyguard» lo que nunca recibió por su papel de Robb Stark en «Juego de tronos», el galardón al Mejor Actor de Drama. No se puede decir que fuese una injusticia, pero dio un poco de penita, o mucha, que Matthew Rhys se fuese de vacío tras varias temporadas defendiendo al espía ruso instalado en Estados Unidos de «The Americans».

Sin paños calientes: los críticos que votan en los Globos de Oro tenían muchas ganas de premiar a Sandra Oh. Si lo hubiesen hecho por «Anatomía de Grey» sabía que estarían bordeando el ridículo porque ni la serie ni el papel lo merecían. Pero en «Killing Eve» es distinto. El personaje tiene mucha más enjundia y su semblante de permanente desconcierto es clave para entender la obsesión del personaje por una asesina. Competía con Julia Roberts («Homecoming»), a la que muchos daban por favorita solo por ser quien es. También con Elizabeth Moss por «El cuento de la criada», pero da la sensación de que obviaron su candidatura porque ya está muy vista. Hasta la calidad interpretativa puede hartar, aunque el recorrido de Moss no haya hecho más que empezar.

En la categoría de Mejor Actor de Comedia o Musical, Douglas se cargó de un plumazo al estomagante Sasha Baron Cohen («Who is America?»), aunque no hay que negarle su ingenio a pesar de su irregularidad, y a Jim Carrey («Kidding»), que no está ni mal ni bien; es Carrey simplemente. Hay que convenir que Candice Bergen es una virtuosa de la comedia, pero que fuese nominada por el regreso de «Murphy Brown» quedaba antiguo, como la resurrección de la ficción. Igual le ocurre a Debra Messing por «Will & Grace», que ha vuelto a la pequeña pantalla sin que nadie lo pidiese. Así, estaba claro que el Globo de Oro iba a ser para «Rachel Brosnahan por «The Marvelous Mrs. Maisel», que repitió por segunda vez.

Una de las alegrías de la noche fue el premio para Patricia Arquette como Mejor Actriz en Miniserie gracias a «Fuga en Dannemora». Pena que la intérprete, con uno de los discursos más combativos de la noche a favor de la diversidad, se retractara de sus palabras no sea que vuelva al ostracismo en una gala mucho más plácida que la del año pasado.