Un figurón para el Neng

Edu Soto debuta en la Compañía Nacional de Teatro Clásico con «El lindo Don Diego», de Moreto, dirigido por Carles Alfaro

Una escena del montaje de Carles Alfaro, con Edu Soto como el vanidoso Don Diego
Una escena del montaje de Carles Alfaro, con Edu Soto como el vanidoso Don Diego

Como en «El mentiroso», de Corneille, o en «El enfermo imaginario» y «El avaro», ambas de Molière, el protagonista de «El lindo Don Diego», del autor español Agustín Moreto (1618-1669), es un exceso andante, un genial ridículo que vive alejado de la realidad. Vanidoso, egoísta, pagado de sí mismo y celoso, Don Diego , un Narciso del siglo de Oro, le da la vuelta a todo para llevarlo a su terreno, pero recibirá una buena lección gracias al ingenio del pícaro Mosquito en la obra más celebrada de su autor junto con «El desdén, con el desdén». Un texto que llega esta semana a la Compañía Nacional de Teatro Clásico en versión de Joaquín Hinojosa y dirigido por Carles Alfaro («Tío Vania» y «El arte de la comedia» son algunos de sus montajes vistos en Madrid).

Para una comedia de tan imprensentable personaje, Alfaro ha optado por un actor novel en la CNTC aunque bien conocido gracias a la televisión: Edu Soto. O, dicho de otra forma, aquel Neng poligonero del programa de Buenafuente cuya versión en miniatura llegó a colgar de tantos espejos retrovisores. «Necesitaba actores que hicieran suyo, que personalizaran, aquello que iban a representar», explica Alfaro sobre esta elección. No es el único debutante en la Compañía: la institución que dirige Helena Pimenta ha abierto sus puertas en esta obra a otros rostros conocidos y consolidados de la profesión como Javivi Gil Valle, Raúl Prieto, Rebecca Valls, Carlos Chamarro o Vicenta Ndongo, junto a algunos que sí habían pisado ya la casa, como Natalia Hernández o Cristóbal Suárez.

«El lindo Don Diego», cuenta Hinojosa, pertenece a las llamadas «comedias de figurón», que enfrentaban «al individuo con la sociedad». Sus protagonistas son «personajes que, en oposición a la realidad colectiva, se crean una personal que los aísla del resto». Y aunque reconoce que el autor no pretendió ser revolucionario con esta pieza, asegura que «en ella está el toque Moreto, absolutamente brillante, divertido, con unos neologismos que en su día producían asombro y unas rimas que lo llevaron a la popularidad; llegó a ser un best-seller, un autor cotizadísimo». Muchos de los juegos de diálogos de Moreto no serían desdeñados por el mismísimo Groucho Marx.

En cuanto a la propuesta escénica, Alfaro cuenta que «había que crear un mundo que fuera más mental que real. Eso requería una cierta fantasía, que tuviera reminiscencias del barroco. Por eso, este Don Diego vive en un Barroco tardío, afrancesado, con cierto amaneramiento». Y contextualiza a su antihéroe: «Tiene su blasón de Burgos y no da palo al agua: es uno de esos famosos que escuchas entrevistados en televisión y piensas: qué maneras más cortesanas y qué desprecio más absoluto por nuestra cultura».

Cuándo: desde mañana hasta el 17 de marzo. Dónde: Teatro Pavón. Madrid. Cúanto: a partir de 20 euros. Tel. 91. 532.35.86.