El mundo se «enchufa» a la red

California permite desde hace años autoconsumir la energía generada con energías limpias en el techo de las viviendas y verter los kWh excedentarios en la red para poderlos utilizar por la noche. En España, en cambio, este mecanismo, que se iba a haber aprobado en abril de 2012, aún no es realidad.

En las próximas semanas (el 28 es el día que suena con más fuerza) está previsto que el Gobierno apruebe la reforma energética. En ella, se estima que se regulará el balance neto, el mecanismo mediante el cual se dará el pistoletazo de salida final al autoconsumo energético, ya que se podrá compensar la energía limpia producida en los tejados que no se consuma instantáneamente recuperándola, al menos en parte, cuando el consumidor la necesite. Este mecanismo, que tenía que haber sido aprobado en abril de 2012, tendrá previsiblemente peajes. ¿Cuáles? Se desconoce, pero podría ser que si gracias a los paneles fotovoltaicos instalados en el techo de su vivienda, una instalación media de 4 kW, produzca 5.600 kWh, pero sólo consuma la mitad de forma instantánea, entonces el resto los «guardaría» en la red, pero por el peaje de utilizar la red para almacenar estos kWh tendría que «pagar» por este servicio con kWh, de modo que podría ser que en vez de contar con 2.800 se quedara con 1.600 por el peaje, y el resto de energía que precisara para por la noche tendría que comprárselo a la eléctrica. Es sólo un ejemplo hipotético, pero en eso podría llegar a consistir el futuro balance neto.

De aprobarse, España se uniría a una larga lista de países en los que el autoconsumo con balance neto, sin necesidad de vivir aislados de la red, es ya realidad. En EE UU se aplica el balance neto en 43 estados, así como en Washington DC y cuatro territorios más, según los datos de Dsire facilitados por la Unión Española Fotovoltaica (UNEF). El modelo de referencia es el de California, estado en el que el sistema de balance neto entró en vigor hace ya 17 años. Desde entonces ya son más de 40.000 las instalaciones acogidas a este sistema, llamado allí crédito eléctrico, que permite tres modalidades: «Net energy metering», que da compensación económica si al final del año hay excedentes; «Virtual net metering», con la que varios consumidores pueden vincularse a una misma instalaciones aunque no haya conexión física (autoconsumo compartido), y «Renewable energy self-generation», que permite transferir los excedentes acumulados a otro consumidor. Este sistema se permite en instalaciones de hasta 1 MW y los californianos no abonan peajes por él. «Si bien por cada kWh que vuelcas a la red, recibes 15 céntimos de euro y si lo coges de la red pagas 25 céntimos», según UNEF.

Otro modelo es el que utiliza Japón, que tiene un sistema de autoconsumo instantáneo, no de balance neto, por el que se priman los excedentes que se aportan a la red. En concreto, en julio de 2012 se fijó la tarifa para los kWh no consumidos en 38 céntimos de euro por kWh sólo en doméstico de hasta 10 kW. Las primas a los excedentes está limitada a 10 años, aunque no concretan si después de eliminarán al 100%, de modo que todos aquellos hogares que decidieron poner renovables en 2012 para autoconsumo podrán percibir primas hasta 2022. Después, es una incógnita. En Alemania, se da un caso similar: hay autoconsumo, pero no balance neto. Allí hasta hace poco se pagaba una prima inferior a la convencional, pero con lo que uno se ahorraba gracias al autoconsumo y la prima que percibía salía rentable. Ahora, la reforma de la Ley de Renovables establece límites a la producción fotovoltaica con derecho a prima a las instalaciones menores de 1 MW. Y desde el pasado mes de mayo, en Alemania si consumen un kWh su coste es de 25 céntimos y si lo vierte a la red reciben 15 céntimos.

Donde si hay balance neto es en Italia, donde desde el pasado 1 de enero de 2013 los reglamentos han cambiado. Antes pagaban la prima y no se pagaba por lo que se consumía; ahora no se cobra la prima adicional que permitía la regulación anterior y se reconoce una contribución a la eléctrica según el volumen de la energía no consumida, por los costes de gestión, la red... y se limita a que el consumo se haga en el mismo punto. Es decir, si usted tiene dos viviendas y una de ellas cuenta con autoconsumo, los excedentes no los podría usar para la segunda vivienda. Si después de un año el ciudadano tuviera excedentes no compensados, recibiría el precio del mercado (seis céntimos de euro por kWh). «No es peaje en sentido estricto, se abonan unos peajes mínimos y hay exenciones fiscales de hasta un 50 por ciento según el tamaño de la planta al montar la instalación», precisan desde UNEF.

En Bélgica aplican un sistema híbrido de primas y certificados verdes. En concreto, el balance neto limitado a 12 kW sólo está admitido en el mismo periodo tarifario, ya sea día, noche o fin de semana. De modo que uno puede consumir los kWh que no consumió por la mañana al día siguiente, pero no ese día por la noche. En cualquier caso, los excedentes energéticos podrían ser recuperados durante un periodo de un año. Además, los belgas pueden compatibilizar este balance neto horario con certificados verdes.

Certificados verdes

Los certificados verdes, que se utilizan actualmente en países como Suecia, Reino Unido, Bélgica, Italia y Polonia, tienen como finalidad financiar el coste adicional del suministro de energía procedente de fuentes renovables y garantizar que se produzca la cantidad deseada, por lo que las eléctricas están obligadas a adquirir un determinado número de certificados y los ciudadanos con instalaciones renovables pueden vender estos sellos a las eléctricas «a un precio de 65 euros por certificado», precisan desde UNEF. En España, este tipo de certificados no existen. Hay empresas que voluntariamente han decidido contratar a una eléctrica o a una empresa de servicios energéticos el servicio de que les provea de energía limpia y avalada con su sello correspondiente, garantía de origen. Así, las compañías pueden afirmar que reducen sus emisiones o que la huella de carbono de sus productos es menor.

En Holanda, en cambio, se permite el balance neto pero sólo para instalaciones de hasta 50 kW. En caso de exceso de generación, los holandeses cobran 5 céntimos de euro por kWh; si bien si la cantidad de electricidad intercambiada supera los 5.000 kWh dejaría de cobrar esta compensación. Y aunque 5 céntimos pueda parecer mucho, lo cierto es que la tarifa residencial en Holanda es 23 céntimos por kWh, incluyendo el IVA, 21 céntimos la tarifa comercial y 11 céntimos la industrial.

En Reino Unido, por su parte, se incentiva el excedente. Se percibe una tarifa decreciente por toda la electricidad producida durante 20 años (sea consumida instantáneamente o vertida a la red) y se da una prima a la energía excedentaria de 5,6 céntimos de euro. Además, tienen tarifas de acceso según la zona; es decir, cuanto más alejado del consumo, más paga la generación y lo contrario.

Uno de los últimos países en aprobar el balance neto ha sido Brasil, que lo puso en marcha el pasado mes de enero y que cuenta con descuentos del 80 por ciento en peajes hasta finales de 2017. Allí se permite el balance neto a distancia para un mismo consumidor, siempre y cuando el contrato se tenga con la misma compañía eléctrica. Es decir, para tu primera y segunda vivienda siempre y cuando sea el mismo consumidor y la misma compañía eléctrica. Si bien, este sistema es quizá demasiado bueno para el autoconsumidor y podría o no generar problemas posteriores.

Quizá el ejemplo de balance neto más sencillo es el de Dinamarca, donde se permite intercambiar los excedentes por otros kWh de la red. De modo que, si vierte a la red 40 kWh por el día, tiene otros 40 kWh para poder usar por la noche. En caso de consumir sólo 20 de los vertidos, se le abonarían 8 céntimos de euro por cada kWh no consumido; es decir, 160 céntimos en este caso. Quedan, eso sí, fuera: los edificios comerciales, las instalaciones de más de 6 kW en viviendas individuales y en vecindarios con contador común y contadores individuales subsidiarios y las de más de 6 kW por metro cuadrado en edificios no comerciales, como escuelas y hospitales, por ejemplo. Es decir, bueno para el sector residencial, pero no para el resto.

«La potencia limitada de Dinamarca es muy pequeña, por lo que para el caso español no sería la más idónea, ya que sólo se permitiría el balance neto en instalaciones pequeñas que resultan más caras», explica José Donoso, director general de UNEF. Para él, el temor «es que los peajes que pudieran ponerse en la futura reforma energética sean tan elevados que hagan inviable el desarrollo del balance neto. De hacerse bien, con un desarrollo limitado (para evitar que se repita, por ejemplo, lo del boom de la fotovoltaica en 2008) se podrían generar unos 10.000 puestos de trabajo, de los cuales unos 5.000 o 6.000 serían directos», asegura Donoso.

Para las eléctricas, el temor es que los peajes que se pongan por el uso de la red no sean suficientes, ya que el tener centenares o miles de minieléctricas funcionando exigiría actuaciones (e inversiones) en la red y podría, además, disparar el déficit de tarifa. El temor para los ciudadanos que no pongan una instalación renovable en su hogar es que acaben pagando los platos rotos, y por unos y por otros se les pudiera subir el coste de la luz.

En definitiva, abastecerse con su propia energía es posible, intercambiar los excedentes también debería serlo; la clave es cómo hacerlo para permitir su desarrollo sin que pueda conllevar un coste para el resto. El equilibrio entre gigantes, pequeños y consumidores tiene que encontrarse.