Viajes

Astroturismo, los ocho mejores cielos de España para admirar las estrellas

En nuestro país se conservan rincones en los que aún se pueden contemplar constelaciones, nebulosas y planetas que ofrecen un encuentro con la naturaleza y la belleza estelar

En nuestro país se conservan rincones en los que aún se pueden contemplar constelaciones, nebulosas y planetas que ofrecen un encuentro con la naturaleza y la belleza estelar

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Existen pocas experiencias comparables a contemplar el cielo estrellado en una noche oscura. Ese espectáculo que ofrece el sol al ocultarse y dar paso a miles de centelleos continuos siempre ha conseguido atravesar la retina y arrancar una emoción hasta entonces desconocida. Esa sensación que sienten los que lo admiran por primera vez no es nueva. De hecho, ha protagonizado buena parte de la Historia: desde las primeras investigaciones de Galileo Galileo hasta el “Saturno devorando a un hijo” de Pieter Paul Rubens. La belleza sideral que entonces quedó reflejada en escritos y lienzos de la época, hoy sigue esperando ser contemplada de la misma forma: el astroturismo. La afición por la astronomía goza cada vez de más seguidores que demandan espacios alejados de la contaminación lumínica de las ciudades para poder sacar el máximo partido a sus telescopios. Es bien sabido que las grandes urbes hacen imposible la observación del firmamento, por eso la población ha demandado más entornos naturales desde donde sí sea posible. El periodista Pepo Paz Saz ha reunido en “Los mejores destinos para observar los cielos de España” (Ed. Anaya Touring) algunos de esos rincones desperdigados por toda la geografía española en los que aún se pueden contemplar constelaciones, nebulosas y planetas que siguen ofreciendo un particular reencuentro con la naturaleza y la belleza estelar.

España puede presumir de cielo, un elemento atmosférico que, al fin y al cabo, parece envolver la Tierra por igual. Nuestro país encabeza internacionalmente la lista de reservas y destinos turísticos certificados por la calidad de sus cielos nocturnos estrellados. Creada en 2007 bajo el auspicio del Instituto de Astrofísica de Canarias con el apoyo de la Unesco, la Fundación Starlight es una entidad sin ánimo de lucro entre cuyos objetivos están la divulgación de la astronomía para potenciar el desarrollo turístico y la protección de los hábitats nocturnos de numerosas especies frente a esa contaminación silenciosa. En España, actualmente, hay diez destinos que gozan de esa certificación y, según datos de la institución, en el último año el incremento del turismo de las estrellas ha aumentado en alrededor de un 300%. El arte y la ciencia de dejarse llevar por la luz, el silencio y el misterio de estos cuerpos celestes ya ha conquistado a buena parte del turista y a otros tantos que están a la espera de experimentarlo.

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Castelltallat, en Barcelona: un bautizo más que rural

El río Cardener vertebra la vida de once pueblos en el noroeste de la comarca barcelonesa del Bages. En su corazón se encuentra la sierra de Castelltallat, perteneciente al municipio catalán más grande y deshabitado, San Mateo de Bages. A casi 1.000 metros de altitud, y junto a las ruinas del castillo de Montedono, abre sus puertas un moderno observatorio astronómico que, entre otras referencias, cuenta con una cúpula de más de cinco metros de diámetro. En él, cada semana, se imparten talleres familiares que enseñan las mejoras formas de contemplación nocturna del cielo. Eso sí, todo siempre bajo la serena vigilancia del macizo de Montserrat.

El Torcal, en Málaga: el calor sideral

El paraje natural de El Torcal recuerda lo extenso que es el viaje estelar de la Tierra: el paso del tiempo y la erosión han modelado un impresionante paisaje kárstico originado durante el Jurásico. Las dolinas han fijado en la retina de los visitantes este espacio natural de calizas y simas. Y su ubicación, a 1.200 metros de altitud, lo ha acabado convirtiendo en un excelente mirador de los cielos estrellados. La Junta de Andalucía lo construyó en 2010, junto a El Torcal.

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Costitx, en Mallorca: los astros plateados

Situado en la localidad de Costitx, el Observatorio Astronómico de Mallorca cumplió sus bodas de plata en 2015 y lo celebró con un variado programa de puertas abiertas para todos los públicos y edades. Su objetivo, en esta ocasión, no era descubrir asteroides ni realizar precisos avistamientos de la atmósfera, sino abrir una puerta al a divulgación de la astronomía en todo aquel que estuviese visitando la mayor de las Islas Baleares. Hoy, afronta el reto de la búsqueda y de la fotometría de estrellas variables y, a su vez, de fomentar una didáctica de esta atractiva ciencia que garantice su supervivencia.

Tefía, en Fuerteventura: los colores majoreros

En 2009, la isla de Fuerteventura fue declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco, lo que subrayó su firme apuesta por un desarrollo económico y humano sostenible en el que la conservación de sus cielos nocturnos sin contaminación lumínica es una de sus más importantes señas de identidad. Desde el mirador astronómico de Tefía resulta especialmente bonita la panorámica del cielo en los primeros meses del año: por un lado, Sirio, la estrella más luminosa de la constelación del Can Mayor; y, por otro lado, Canopo, la segunda estrella más destacada del firmamento. Todo un regalo de la naturaleza para aquellos ojos más avispados.

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El Roque de los Muchachos, en La Palma: el encanto lumínico

La Palma es una isla singular y única por sus características ambientales. A 2.426 metros de altitud, se encuentra el Observatorio del Roque de Los Muchachos, donde existe una atmósfera limpia, sin turbulencias y estabilizada por los vientos alisios. Este paraje canario ofrece la posibilidad de conjugar estancias en casas de turismo rural que disponen de instrumental básico para conocer un poquito mejor las luces naturales que les alumbran.

La Vega de San Mateo, en Gran Canaria: los astros urbanos

La isla de Gran Canaria cuenta con muchas de las características necesarias para la observación del universo: cimas altas, cielos limpios y poco viento. Los mejores puntos de esta cata astronómica se encuentran en las cotas más altas de sus valles, gracias a un fenómeno denominado como «Panza de Burro»: reúne las nubes a una altura no superior a los 500 metros, lo que bloquea la luz de la ciudad. Junto a las buenas condiciones del cielo, la astronomía ha ido creciendo en la isla gracias al Centro Astronómico de Roque Saucillo, que mantiene un calendario continuo de actividades.

Borobia, en Soria: la primera ventana

La historia de la astronomía didáctica en España tiene una primera piedra y un relato que contar. Corría el año 1995 cuando un grupo de vecinos de un pueblo de la vertiente soriana del Moncayo aunó esfuerzos para impulsar la construcción del que, en 2002, sería el observatorio pionero del astro- turismo en nuestro país. A día de hoy, Borobia y su cúpula continúan siendo un referente a 1.200 metros de altitud, en el que cada verano se organizan sesiones guiadas y encuentros para conocer la primera ventana al universo que existe en España.

Peña Trevinca, en Orense: el techo de origen gallego

Peña Trevinca es el techo de Galicia. A 2.127 metros de altura, se conserva un rastro de la huella del hombre y se lucha a diario contra la contaminación lumínica. Ambas hazañas han permitido convertir a este punto del municipio de A Veiga en uno de los principales destinos de peregrinaje para los aficionados a la astronomía. Allí, podrán ver reflejada la luz de los astros en las cristalinas superficies de los lagos glaciares de A Serpe y Ocelo y entender por qué este universo rural pone en valor uno de sus patrimonios más intangibles.