Capturar atardeceres en Ibiza

Hay cazadores de luces que viajan a lugares tan exóticos como Bali, California y Sicilia para capturar los mejores atardeceres; sin embargo, los aficionados al cielo incendiado saben que la isla blanca es un destino inexcusable

La tranquilidad campa a sus anchas en las diversas calas ibicencas / Archivo
La tranquilidad campa a sus anchas en las diversas calas ibicencas / Archivo

Chloe apenas tenía 21 años cuando conoció a Daniele. Ella es británica; él, italiano. Ninguno de los dos sabía hablar el idioma del otro por aquel entonces, pero eso no supuso un impedimento para pasar el resto de sus vacaciones juntos. Recorrieron los rincones más recónditos de la isla, visitaron sus parajes más espectaculares y soñaron con que ese momento no acabara nunca. Es cierto que ambos sabían que ese tiempo era finito, pero no quisieron agotarlo pensando en ello. Se comunicaban a través de Google Translate, haciendo señas o, simplemente, mirándose. Lo que empezó con un “how cool is your shirt” y “quanto ser bella oggi” terminó con un “te quiero” a orillas de la cala Benirrás. Justo antes de que el sol se pusiera, ambos se prometieron no separarse jamás. De hecho, el último día, mientras él preparaba la maleta para regresar a Barcelona, ella también hizo la suya para acompañarle. Y así hasta hoy: dos años después de aquel fortuito encuentro en Ibiza, comparten un bonito apartamento en el sur de Londres y recuerdan que aquel atardecer en la isla les unió para siempre.

En este pequeño paraje insular, todo fluye con más facilidad gracias al sonido de los tambores que se dan cita cuando se pone el sol. Con el icónico islote de Es Cap Bernat de fondo, el horizonte adopta tonos cobrizos y anaranjados que encajan con elegancia con el blanco radiante que lucen cada uno de sus espectadores. Aunque esta tradición comenzó casi sin querer gracias a un grupo de hippies que encontraron aquí un punto mágico por la luz que se proyecta desde el mar, actualmente es todo un acontecimiento que pocos visitantes se pierden. Sus ritmos improvisados hacen las delicias de quienes buscan la conexión ideal entre la naturaleza y el ocio. Como Chloe y Daniele que, junto a bañistas y curiosos, se arremolinaron en torno a los músicos y se detuvieron a disfrutar del ritmo de la música mientras observaban cómo el agua absorbía los últimos rayos del día. Ellos ahora aseguran que son almas gemelas, a pesar de que su relación empezó sin entenderse. Quizá, su mayor triunfo proceda en parte de este singular momento.

Sin embargo, los que ofrece la cala Comte también tienen su toque particular. La presencia de S’Illa des Bosc y Sus Bledes hacen que el ocaso navegue entre gigantescos islotes. El espectáculo de la naturaleza es sublime y puede disfrutarse desde cualquier playa, ya sea junto a la multitud que se concentra alrededor del chiringuito Sunset Ashram o desde la soledad de los acantilados del embarcadero. Los que rodean la cala Tarida también acogen una inolvidable postal del crepúsculo acompañado por el cayo de S’Espartar. Sin duda, una de las instantáneas más insólitas de la isla que tiene lugar cuando el sol se coloca frente a Es Calonet y varios varaderos flanquean el paisaje. Algo similar a lo que ocurre en la cala Vedella, desde donde se pueden obtener alguna de las fotografías más impresionantes de cualquier atardecer. Basta con estacionar el coche junto a la carretera, caminar entre los arbustos y alcanzar la costa desde lo alto. No en vano, este destino aparece siempre entre los diez más populares de Instagram, tan solo superado por California, Sicilia y Bali. En total, más de un millón de publicaciones anuales desde Cap Negret, cala d’Hort o cala Bassa, entre otras.

Conducir en Ibiza es una experiencia para todos los sentidos. Y, aún más, hacerlo en busca de la ribera perfecta. Los paisajes rurales de higueras y algarrobos que rodean el asfalto, poco a poco se transforman en pinares que anuncia la entrada al Mediterráneo. La cala Llentrisca, a las afueras de Es Cubells, es una de las mejores. Al igual que Es Cabaret, los laberínticos caminos hacen de ella un lugar destinados únicamente a los más exigentes. Aunque también cabe la posibilidad de hacer pequeña paradas para descubrir Xuclar, S’Illot des Renclí o Porrig. Aún así, no es obligatorio ver el atardecer desde una playa. Las alternativas que ofrecen la Torre des Savinar, Sa Penya Esbarrada o el Parque Natural de Ses Salines constituyen una opción más que interesante. ¿Su mayor virtud? La tranquilidad que campa a sus anchas. Algo que tan solo podrá verse interrumpido por los aviones que aterrizan a tan solo unos kilómetros de ellos. O por la música que siempre acompaña a estos rituales, pues si hay algo que los vuelve un poquito más especiales es precisamente las notas que cada uno quiere escuchar en su vida. Como les ocurrió a Chloe y Daniele.

La Gaia. A cuatro manos

Inspirándose en la cocina Nikkei, que fusiona sabores procedentes de Japón y Perú, La Gaia ha diseñado una variedad culinaria capaz de transportar a los paladares más exquisitos a otros mundos. El resultado es una carta con fuerte personalidad y guiños creativos que beben de las últimas tendencias gastronómicas. El pasado sábado, el chef Mario Sandoval acudió a la llamada de su colega Óscar Molina para celebrar la puesta de largo del restaurante y presentar una cena única de cuatro snacks y ocho platos.

Pequeños placeres

Blue Marlin presenta una cuidada oferta gastronómica y una personalizada atención en la cala Jondal. Aquí, la gastronomía moderna se combina con la tradición en un viaje culinario innovador gracias a la labor del nuevo chef ejecutivo, Fernando Coradazzi, que ha revolucionado el menú con una mezcla de influencias autóctonas y globales. Un arte que adquirió viajando por el mundo durante más de 20 años y que, ahora, pone en práctica en este icónico “beach club”. Cada plato está diseñado con todo detalle, donde la mejor selección de ingredientes frescos y locales crea el equilibro perfecto de la cocina mediterránea con un toque internacional. Aquí, los clientes podrán tomar el sol sobre cómodas camas, degustar un cóctel en las barras, disfrutar de las delicias gastronómicas y deleitarse con una selección musical.