Lagar de Cervera, en el camino de la perfección

La calidad de sus vinos se apoya en sus viñas propias y en un control exhaustivo del proceso de elaboración

Los albariños han tenido históricamente muy buena fama, incluso en el pasado, cuando los defectos de aquellos vinos elaborados caseramente se disculpaban siempre con aquello de que «viajaban mal» y no llegaban a Madrid en condiciones. Hoy todos hemos podido comprobar que los blancos de albariño viajan espléndidamente cuando se hacen bien y si no que se lo pregunten a los residentes en Estados Unidos –que copó el 40% de la exportaciones del vino de 2014–, Reino Unido, Alemania –país productor de grandes vinos blancos–, Holanda, Suiza, Noruega, México, Puerto Rico...

Por eso tiene tanto valor –y hay que destacarlo– el trabajo de aquellas bodegas que estuvieron allí desde el principio y que supieron valorar el tesoro que se escondía en aquellos viñedos, sin esperar a subirse al carro del éxito cuando ya estaba en marcha.

Este es el caso de Lagar de Fornelos –propiedad del grupo riojano La Rioja Alta, cuna de grandes vinos como Viña Ardanza ó Reserva 890 entre muchos más– que pusieron el pie en O Rosal allá por 1987, cuando ni siquiera existía aún la D.O. Rías Baixas, cuya puesta en marcha efectiva no tuvo lugar hasta julio de 1988.

Se hicieron cargo de una pequeña bodega ya existente desde 1982 –Fernández Cervera Hermanos–, en la que los nuevos dueños tuvieron que focalizar sus esfuerzos en actualizar los precarios medios de elaboración con los que contaba, incluyendo la noble jubilación del emblemático lagar de piedra que aún da nombre al vino, asociado al apellido de la familia fundadora. Era una pequeña propiedad con 5 Ha. de viñas, situada en el corazón de O Rosal, en el término de Fornelos, extremo suroccidental de la D.O. Rías Baixas.

El primer reto que tuvieron que afrontar los nuevos propietarios fue el de crecer apoyándose básicamente en viñas propias. Reto muy difícil de superar como bien sabrá cualquier conocedor del lugar y del carácter de los gallegos, cuyo apego personal a la tierra es paradigmático. Ha sido una labor lenta, de muchos años, llevada a cabo con mucha mano izquierda por Ángel Suárez, el enólogo de la bodega, que hoy día permite a Lagar de Fornelos presumir de ser la bodega privada que cuenta con más viña propia de la D.O.: 60 Ha. en O Rosal (Viña Cervera, Carballo, Seoane y Tamuxe) y 15 Ha. en O Salnés (Deiro). Pero la ambición no se queda ahí y está previsto alcanzar las 93 Ha. de viñas propias.

¿Por qué esta obsesión? Pues porque la única forma de hacer el vino soñado por cualquier enólogo requiere un control exhaustivo del proceso de producción. Y la uva es la piedra angular de ese proceso. Y la única forma de ejercer ese control imprescindible es trabajar con viñas propias.

En paralelo, a lo largo de los años se fueron renovando las instalaciones originales y en 2013 se puso en funcionamiento una nueva bodega dotada con los medios más actuales para poder alcanzar los objetivos propuestos.

Y también se trabaja en el campo de la investigación, destacando los estudios de la aplicación de técnicas de fertirrigación –fertilización y riego en el mismo proceso–, desarrollados con el apoyo de la Universidad de Santiago; con ésta y otras investigaciones también en curso se busca sobre todo asegurar una calidad invariable de los vinos, algo que no siempre es fácil porque el vino –afortunadamente– no se «fabrica».

Pero tampoco se olvidan de los nuevos retos como el enoturismo –aparentemente menos importante–, pero incluido también por esta bodega entre sus objetivos prioritarios y al que dedica notables esfuerzos, empujada por el convencimiento de la trascendencia del contacto directo entre las bodegas y los consumidores, con los que a menudo se establecen después de las visitas unos vínculos afectivos sólidos y duraderos.