Oporto: Un destino «galáctico»

La nueva «casa» de Iker Casillas es un destino en auge que rivaliza con Lisboa por méritos propios. El carácter del Duero y la magia de sus vinos convierten a esta acogedora ciudad en un viaje muy recomendable

La nueva «casa» de Iker Casillas es un destino en auge que rivaliza con Lisboa por méritos propios. El carácter del Duero y la magia de sus vinos convierten a esta acogedora ciudad en un viaje muy recomendable

A la sombra de la enigmática Lisboa, la ciudad de Oporto pelea con uñas y dientes para atrapar la curiosidad del viajero y conquistar el título del destino más bello y concurrido de Portugal. Y le sobran las razones, pues la capital del norte del país presume de una magia especial, un particular embrujo que incluso atrae a las estrellas más galácticas del panorama futbolístico mundial. Será, probablemente, por culpa de la fragancia a buen vino que salpica la atmósfera; o quizás por la fascinación que provoca contemplar cómo el Duero se despide de río para convertirse en mar.

Destino manejable, acogedor y apetitoso, recorrer Oporto se convierte en una experiencia muy agradable en la que damos rienda suelta a todos nuestros deseos. El centro es un museo al aire libre de arquitectura de principios del siglo XX y en la ciudad no faltan los retazos de historia, ni buenas dosis de cultura y, por supuesto, tampoco la posibilidad de darse un atracón de comer y beber que compense las horas a pie. Y es que la capital del norte es un destino por el que debemos andar con calma y «patear» sin prisas para catar su verdadera esencia.

La plaza de la Ribera, en pleno casco antiguo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es nuestro punto de partida. Aquí huele a mar y a vino. La fusión de aromas es más que particular, no en vano tenemos la orilla del río a un palmo, mientras que las bodegas más famosas de la zona jalonan el otro margen, ya en la Vila Nova de Gaia. Y enfrente de nosotros, la imponente figura del que es, probablemente, el puente más emblemático de Oporto: el de Don Luis I, pues lo diseñó un discípulo de la escuela de Eiffel al más puro estilo parisino. Bajo sus forjas de hierro, las pequeñas barcas de madera denominadas rabelos nos invitan a surcar el Duero y apreciar una vista privilegiada de la ciudad.

De nuevo en tierra firme, el paseo nos lleva hasta la plaza del Infante don Enrique con el palacio de la Bolsa, la iglesia de San Francisco (la única gótica de la ciudad) y la casa del Infante (antigua aduana ahora convertida en museo interactivo) como principales reclamos. Después, el paseo por la calle peatonal de Las Flores, atestada de casonas forradas de azulejos y coquetas tiendas que llaman nuestra atención, nos lleva a descubrir la grata sorpresa que esconde en su interior la estación de San Benito. Desde ella, la avenida de Don Alfonso Henriquez dirige nuestros pasos hacia lo más alto de la ciudad, coronada por la infatigable catedral de Sé, cuna del barrio medieval. Construida en el siglo XII al estilo románico, su estampa nos recuerda, sin embargo, más a un castillo-fortaleza que a una catedral, sobre todo cuando detenemos la mirada en el rosetón original que domina la fachada. Las reformas barrocas posteriores en forma de torres y portada la hacen única en el país.

La cara más moderna de Oporto la encontramos en la avenida de los aliados, una curiosa imitación de los Campos Elíseos de París que queda coronada por el Ayuntamiento –que más bien parece una iglesia–, mientras que las compras más internacionales podemos realizarlas en la calle de Santa Catalina, donde se ubica el famoso café Majestic, inaugurado en 1921.

El fin de fiesta de nuestra visita a Oporto debe celebrarse, sin duda, con una buena copa de vino en Gaia, pues desde esta otra orilla del Duero obtenemos la panorámica más impresionante de la ciudad. Merece la pena dejar correr los minutos, y las horas, y esperar a ver caer el sol. La estampa de la urbe teñida del color rojizo del ocaso queda grabada en la retina. Excusa perfecta para regresar.

La librería Lello es, por méritos propios, la más bella de Portugal; no en vano está considera la tercera más bonita del mundo, según «Lonely Planet». Inaugurada en 1906, sirvió de inspiración a J.K. Rowling para imaginar la biblioteca de su saga de Harry Potter.

La céntrica plaza de la Ribera actualmente es conocida como «la plaza del cubo», ya que está dominada por la escultura contemporánea de un cubo que representa la fuerza del agua y que diseñó José Rodrígues. La plaza está coronada por una vanguardista imagen de San Juan, patrón de la ciudad.

La estación de trenes de San Benito, inaugurada en 1916, es mucho más que un simple apeadero, pues su hall más bien parece un museo. Más de 20.000 pequeños azulejos típicos representan la evolución de los transportes públicos en Portugal y gran parte de la historia del país.

- Cómo llegar: hay vuelos directos entre Madrid y Barcelona con el aeropuerto de Oporto. También es muy cómodo ir en coche, ya que apenas está a dos horas de la frontera española.

- Qué comer: el pescado fresco es el plato fuerte de la cocina portuguesa, más aún aquí, a orillas del Duero. El bacalao, elaborado de mil y una maneras, resulta delicioso.

- Qué visitar: merece la pena adentrarse en la bodega Ramos-Pinto (Gaia), ya que cuenta con un museo muy didáctico.

- Más información: en la web www.visitportugal.com/es.