Protos, la primera en la Ribera del Duero

Pionera en su tierra, la bodega que nació en 1927 en Peñafiel ha sabido crecer sin perder calidad.

La bodega se ubica a los pies del castillo de Peñafiel (Valladolid)
La bodega se ubica a los pies del castillo de Peñafiel (Valladolid)

Pionera en su tierra, la bodega que nació en 1927 en Peñafiel ha sabido crecer sin perder calidad.

La Primera. Con ese explícito nombre nació hace casi un siglo –en 1927– la que hoy conocemos como Bodegas Protos, un nombre que en griego antiguo significa también «primera», adoptado en 1982 a demanda de los promotores de la naciente Denominación de Origen para la comarca, que negociaron con La Primera la autorización de uso del nombre Ribera del Duero, una marca propiedad de la histórica bodega de Peñafiel con la que hasta entonces identificaba a sus vinos.

Si hubiera que describir con una sola palabra la filosofía que ha guiado a la firma desde su fundación, yo elegiría «dinamismo». Porque así hay que calificar la decisión del núcleo fundacional de once socios –importantes propietarios de tierras en la comarca de Peñafiel– que apostaron por las viñas y por la producción de vinos de calidad; su trabajo lo hicieron con tal acierto que sus primeros vinos –tintos de las añadas 1927 y 1928– fueron galardonados con sendas medallas de oro en la Exposición Universal de Barcelona de 1929. Este éxito inmediato impulsó a los socios a ampliar sus horizontes de producción, adquiriendo lagares y cuevas naturales para la producción y envejecimiento de los vinos, cuya demanda se incrementó rápidamente.

Referente de la zona

Durante décadas los vinos tintos de La Primera fueron el referente del vino de calidad en la zona, en la que por entonces prevalecían los «claretes», unos rosados rústicos elaborados a partir de mostos en los que se mezclaban uvas blancas y tintas. Pasaron los años y llegó otra época de euforia económica para España: los años 60 de los Planes de Desarrollo, que apuntaban a un cierto bienestar; fue el momento de un segundo impulso, materializado en la construcción de la bodega de crianza, excavada en la montaña en la que se asienta el castillo de Peñafiel; un laberinto de más de dos km de galerías con capacidad para albergar 3.500 barricas a una temperatura y humedad constantes. Una obra titánica que sigue –y seguirá– siendo una herramienta imprescindible para el crecimiento de los vinos de Protos de hoy en día.

La consolidación de la Denominación de Origen Ribera del Duero y otra época de euforia económica (los primeros 90) actúan otra vez como palanca en el impulso de Protos, que incrementa la capacidad de crianza en barrica de sus vinos y empieza a destinar un generoso espacio a botelleros, convencidos de la decisiva aportación que supone también la crianza en botella. La expansión seguía siendo importante y la marca incrementaba su popularidad y prestigio, pero el «dinamismo genético» de esta casa del que hablábamos al principio seguía ahí. Y el siglo XXI ha significado otro espectacular salto cuantitativo y cualitativo.

En 2001 se puso en marcha la recogida de uva en cajas y las mesas de selección y la vendimia –a pesar de su dimensión, un total de 1.400 Ha de viñas, 600 de ellas propias– aún hoy se hace a mano en su totalidad. Se trata de crecer sin perder calidad. Es entonces cuando se decide ampliar y modernizar la bodega, algo que se acomete con una ampliación espectacular encargada a Richard Rogers –uno de los mejores arquitectos del mundo– y puesta en marcha en 2010, que crea un nuevo edificio unido por dos túneles a la bodega antigua. En este nuevo edificio se centralizan las instalaciones de elaboración y una parte de la crianza y, además, gracias a su espectacular diseño, ha generado un gran flujo de visitas que han convertido a Protos en la bodega preferida por los amantes del enoturismo en la Ribera, al recibir a 35.000 personas en el último año.

Este círculo virtuoso se cierra con su expansión en los mercados exteriores, hasta convertirse en el mayor exportador de vinos de Castilla y León, comercializando Protos en 96 países. Protos es un buen ejemplo de cómo es posible armonizar una expansión importante con unos exigentes niveles de calidad.