Tras los pasos de Cela en su viaje por la Alcarria

Parajes inconfundibles, olores que trasladan a otros tiempos y una historia detrás de un camino, la que vivió el Premio Nobel recorriendo sus rutas y conviviendo con sus gentes

El castillo de Torija.
El castillo de Torija.

Todo comenzó hace exactamente 70 años. Un 6 de junio de 1946 Camilo José Cela inició el camino de su vida, ese que le llevó a conocer un lugar desconocido hasta ese momento, cruzarse con personas que nunca habría imaginado y vivir una experiencia imborrable de diez días que desembocó en uno de los libros más importantes de la literatura: «Viaje a La Alcarria». Se trata de un itinerario único en el mundo, que une literatura y vida, sensaciones y cultura y transmite la esencia de «un hermoso país al que a la gente no le da la gana ir», como dijo el propio escritor.

Esta aventura de 293,9 kilómetros comienza en Madrid junto a las tapias de El Retiro para coger un tren en Atocha. Un apasionante viaje que llevará al turista a recorrer 22 pueblos de la provincia de Guadalajara. Dejará atrás el mundanal ruido y se dirigirá hacia el silencio de los parajes alcarreños.

El camino discurre y llega hasta Taracena y Valdenoches para acabar en Torija. Después de 22,8 kilómetros de ruta, es el momento de relajarse visitando el museo de Cela en el castillo, un espacio repleto de recuerdos del viaje. Al salir de Torija, en la segunda etapa, se encuentra un campo majestuoso y más adelante aparece Brihuega, en el valle, bella y frondosa. Allí, el viajero podrá descansar, visitar monumentos, perderse entre sus gentes; en definitiva, vivir experiencias.

La tercera etapa recorre el Valle de Tajuña para llegar a Cívica, continuar hasta Masegoso, un pueblo de «color plata» y acabar en Cifuentes. Su nombre lo dice todo, proviene del gran número de manantiales. Al salir de Cifuentes, el cuarto día, el aire es puro y La Alcarria sigue su sinfonía interpretada por los vencejos, las urracas y las alondras hasta la llegada a Trillo. Cela no siempre recorrió a pie los caminos; en la quinta, el gallego se subió a lomos de la mula Jardinera que le llevó hasta Viana de Mondéjar. Sin embargo, hacerlo andando es muy sencillo y los caminos están señalizados hacia la cima de uno de los dos montes llamados las Tetas de Viana, uno de los paisajes más característicos de La Alcarria. Las vistas desde la meseta superior son inmejorables, eso sí, él se las perdió. El día acaba en Budia, un municipio de gente abierta del que dijo: «es un pueblo grande, con casas antiguas, con pasado probablemente esplendoroso. Las calles tienen nombres nobles, sonoros».

La primera parada de la sexta etapa es El Olivar. Desde el mirador, se divisan las espléndidas vistas y allí, a lo lejos, está el camino que lleva hasta Durón. La ruta del séptimo día está llena de colmenas con abejas que fabrican la famosa miel de La Alcarria. Después el camino continúa hasta Pareja. La octava jornada llevará al viajero hasta Casasana, un pueblo subido encima de un monte. La puerta del Monasterio de Santa María de Monsalud, situado en la localidad de Córcoles y declarado Bien de Interés Cultural, es vía de paso en esta ruta y trasladará al viajero al medievo, el tiempo en el que era lugar de peregrinación para aquellos que necesitaban curar la melancolía. El camino continúa y acaba en Sacedón, un lugar lleno de vida.

El penúltimo día puede comenzar en un autobús de línea hasta Tendilla, tal y como lo hizo Cela. Es una buena manera de conocer a sus gentes, descubrir su día a día y encontrar a alguien interesante que pueda desvelar los muchos secretos que guardan los bonitos parajes de La Alcarria. La etapa termina en la conocida villa de Pastrana, que surge grandiosa sobre el Río Arles. Su trazado es medieval y fue declarada Conjunto Histórico-Artístico, con una densa historia marcada por dos personajes tan relevantes como la Princesa de Éboli y Santa Teresa de Jesús.

Los días acaban, pero las vivencias perduran para siempre. La última etapa lleva desde Pastrana a Zorita de los Canes para culminar con la espectacular parada en la ciudad visigoda de Recópolis. El viaje a La Alcarria es mucho más que un camino, es naturaleza, olores, sabores, sonidos y, sobre todo, es la conexión del viajero con su yo interior, ese que quizá hace tiempo que no escucha y con el que tendrá la oportunidad de reencontrase durante diez días, para que se quede con él el resto de la vida.

Más información: en la web www.dguadalajara.es y en el teléfono 949 88 75 008.