Warpaint: chicas, arte y guerra

El grupo, al que califican de «art rock», pasa por Madrid antes de repetir en el Primavera Sound de Barcelona el próximo mes de mayo

El grupo, al contrario que antes, trabaja ahora en democracia
El grupo, al contrario que antes, trabaja ahora en democracia

Después del paso de Savages hace pocos días por Madrid, llega hoy a la capital otro grupo de chicas, sólo chicas, con sólido discurso musical igual que las inglesas, que saben lo que hacen y que apuntan alto. Aunque Warpaint estén alejadas del sonido «salvaje» y post punk de las anteriores, el disco homónimo que las americanas acaban de editar también apela a la tensión emocional con algo más de dulzura en letras y calidez en las notas, pero siempre buscando el lugar de la mente donde anidan los pensamientos incómodos. Voces etéreas, líneas de bajo, y a dejarse llevar, hoy, en la Sala But. Para los que no puedan, tienen otra oportunidad, porque antes de ir al festival de Glastonbury o al de Reading, Warpaint estarán también en el Primavera Sound de Barcelona (29 al 31 de mayo) y, en el país vecino, en el Optimus de Oporto (del 5 al 7 de junio).

Años para una canción

Los temas del grupo parten de estructuras rock pero vestidos con un velo electrónico para darles una atmósfera muy trip hop, con la premisa de que menos elementos son más y mejor sonido. Y el álbum es sobresaliente. «Somos desesperantemente perfeccionistas. Nos tomamos el tiempo que sea necesario, no importa cómo de largo sea. Si algo no funciona, trabajamos hasta encontrar qué pasa, nunca abandonamos, ya nos lleve días, semanas, meses o años. Porque hemos llegado a tardar varios en descubrir qué le pasaba a una canción para que no transmititera lo que queríamos. Es difícil explicar qué falta a veces, y puede ser un proceso agotador, pero es nuestra manera de trabajar. Y cuando sale, es una enorme satisfacción», asegura Jenny Lee Lindberg. Incluso esas obsesiones les llevan a volver sobre las canciones anteriores, como las del aclamado «The Fool», su anterior trabajo, y sobre el que sienten las tentaciones de reinterpretarlas «ad eternum», una insatisfacción tan curiosa como peligrosa. «Claro, es que pertenecen a un momento vital del grupo en el que lo que hicimos nos parecía lo oportuno, pero estamos en otra fase, y hay cosas que nos gustaría cambiar constantemente. Incluso sentimos como si estuviéramos todavía terminando el último disco, que ya está grabado», cuenta la bajista.

El grupo contó con buenos padrinos para comenzar. John Frusciante y Josh Klinghoffer (Red Hot Chilli Peppers) financiaron su debut y entre sus seguidores estaban el (difunto) actor Heath Ledger o RZA (Wu Tang Clan). Su estilo «cool», su juventud, y sus relaciones sociales glamourosas pesaron más que sus canciones durante algún tiempo, pero su nuevo álbum, editado por la muy seria discográfica británica Rough Trade/ Popstock, ha despejado los ecos y la niebla de los famosos de la capital californiana, como si quisieran demostrar que en Sunset Boulevard hay almas existencialistas por debajo de las palmeras.

«Nosotras hacemos lo que nos gusta y disfrutamos el proceso, que es lo importante. No hacemos caso de lo demás ni pensamos en otras cosas que no sea transmitir nuestros sentimientos y emociones en los temas, y ocuparnos de que lleguen y que tengan un efecto en quienes nos escucha, aunque no sea uno determinado. Nos gustan las interpretaciones diferentes que se hacen de nuestro trabajo», añade Lindberg sin un ápice de amenaza con ponerse intensa. Ha sido decisivo también el cambio en las dinámicas internas del grupo, que se ha abierto a una participación más democrática de sus cuatro componentes –Emily Kokal (vocalista principal, guitarra), Theresa Wayman (guitarra, vocalista), Jenny Lee Lindberg (bajo) y Stella Mozgawa (batería)–, algo que antes no existía. «Nos escuchamos mucho más las unas a las otras, hay más espacio de opinión y cada una tiene ideas que en un momento determinado pueden coger las riendas del grupo o de la canción». Aunque la norma general es clara: «No se trata de embellecer, sino de expresar un contenido. Los sentimientos deben primar y ni siquiera permitimos que nos influencie la música que viene de fuera», explica. «Tratamos de descolocarnos. Siempre nos han gustado el R&B o el rap orgánico, pero en un momento dado podemos poner a Brian Eno o cualquier otro grupo que nos limpie la mente».