Ai Weiwei y la fábrica de porcelana

Una exposición en Sevilla y un filme dan todas las claves del artista y disidente chino

El Centro Andaluz de Arte Contemporáneo ha sido un espacio mutante con una curiosa historia. La Isla de la Cartuja era rica en tierras de arcilla que los alfareros de Triana extraían para hacer sus azulejos y cacharros. Excavando hallaron la imagen de una virgen enterrada y se levantó un monasterio donde llegó a estar enterrado Colón. Tras la desamortización en 1835, un empresario británico, Charles Pickman, compró la propiedad para, curiosamente, devolver los terrenos a su uso original: una fábrica de cerámica que adquirió gran prestigio por sus vajillas de loza que imitaban los motivos y los acabados orientales. Desde 1992 es un recinto para exposiciones que desde hoy alberga una del artista y activista chino más conocido, una estrella mediática mundial presa en su domicilio por disidente: Ai Weiwei que, paradojas de la historia, utiliza la cerámica para denunciar las contradicciones contemporáneas que dan aliento a su creación. Algunas de sus cerámicas subversivas ya están en Sevilla. Y sí: también han venido las pipas.

¿Verdad o mentira?

La porcelana era el material de los emperadores en China y los británicos quisieron hacer con ella una forma de producción industrial en Sevilla. Ai emplea el material, su forma, pero le cambia el contenido, planteando muchas preguntas. En una famosa «performance» («Dropping a Han Dinasty Urn»), el artista aparece mirando desafiante a la cámara mientras deja caer una vasija de la dinastía Han, que se rompe en pedazos contra el suelo. Nadie sabe si era una vasija (cara y) auténtica. Juega con lo verdadero y lo falso. «Colored vases» son, según él mismo proclama, 16 jarras de época neolítica que ha pintado con colores industriales y chillones, de forma descuidada. «La ironía es que valen más en el mercado por ser de Wei Wei que por ser neolíticas –dice Juan Antonio Álvarez Reyes, director del centro–. Y, aunque no está claro que sean auténticas, lo cierto es que durante un tiempo el mercado se inundó de antigüedades chinas a precios de saldo, y él, que nunca se había interesado por la tradición china, empieza a mirar atrás». La revolución cultural tenía por consigna crear un nuevo mundo, olvidar el anterior. Los oficios se estaban perdiendo frente a las fábricas, y, al mismo tiempo, una vasija batía el récord de precio en Sotheby's. Wei Wei reproducirá el diseño de ese jarrón en 96 idénticos, pero ninguno con el dibujo completo. «Trabaja con las copias que tan bien se les dan a los chinos para denunciar el capitalismo salvaje», añade Álvarez Reyes. Lo falso y lo verdadero se dan la mano en la famosa instalación de las pipas. En la pieza original eran 100 millones de piedras de porcelana pintadas a mano por 1.600 artesanos imitando pipas sobre las que el visitante podía caminar. Nada es al azar. En China, Mao es el sol, y los ciudadanos le miran como girasoles. Sin derechos, uno puede pisotearles. «La pieza original, de 150 toneladas, se dividió en varias por peso», cuenta el director del centro. Las 5 toneladas que llegan a Sevilla proceden de una colección danesa. «No se pueden pisar porque desprenden un polvo tóxico. Por eso, y para que no roben las pipas, que hay quien subasta bolsitas de ellas en eBay de la exposición de Londres. Nosotros tenemos que devolverlas pesadas exactamente como llegaron. No puede faltar ni una», bromea Álvarez sobre una exposición con piezas de gran calidad que apenas tiene un presupuesto de 50.000 euros y que está excelentemente presentada. Para Wei Wei los blogs y la fotografía son como el dibujo contemporáneo, y hay buenas muestras de ello. Un campo de pruebas donde desarrollar su lado más crítico con la falta de libertades. El Gobierno chino le consintió esa actividad hasta que empezó a investigar la responsabilidad de las autoridades en las consecuencias del terremoto de Sichuan. Murieron 5.000 escolares bajo los techos de escuelas precarias, hijos únicos, esperanzas únicas de sus padres. Wei Wei se graba a sí mismo para evitar sufrir un «accidente», hace de la sobreexposición mediática su seguro de vida. No le sirvió. Le detuvieron y le interrogaron en paradero desconocido durante nada menos que 81 días. «Una vez que experimentas la libertad, se queda dentro de tu corazón», dice en el documental sobre su vida, que tiene todas las claves para enteder su arte, antes o depués de la exposición, ustedes eligen. Desde luego, ya tienen plan en Sevilla.

Cuándo: hasta el 30 de junio.

Dónde: Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Isla de la Cartuja, Sevilla. l cuánto: 3 euros.