Regalos de Reyes

Sus Majestades de Oriente manejan una nutrida lista de regalos posibles para las ocho provincias andaluzas

Alhambra de Granada
Alhambra de GranadaVictor R. CaivanoAP

A Dios gracias, estas fiestas están llegando a su fin. No sufriremos el estruendo del bullicio, las horteras luces de colores, los empujones en los bares atestados y ese afán consumista y glotón, males todos ellos que van parejos a la Navidad desde hace demasiado. Añoro la rutina, las calles tranquilas y a la gente que prescinde del achuchón y el abrazo indiscriminado tan propios de estas fechas. Llámenme sieso o mejor «grinch», que hasta para ser malaje hay que estar a la moda. Sin embargo he de reconocer que uno, que nunca ha dejado de ser lo que es, un crío, se acuesta nervioso la noche del 5 de enero a la espera de que Sus Majestades dejen algún paquetito a los pies del árbol junto al belén, con el tan sencillo presente del clásico pijama o algún libro que el día 6 se abrirá con la ilusión desbordada de estar recibiendo un sobre con las entradas de la final de la Champions. Es una cuestión de expectativas, como las ilusiones que para algunos generan los nuevos gobiernos, sea cual sea su color o sean quienes sean sus administrados.

La Navidad, eso al menos se decía en mi época, es tiempo de acordarse de quien menos tiene. Por eso, en mi carta no pido para mí sino por todos esos que no tienen quien le escriba, como el coronel de García Márquez.

Pido para que este 2020 sea el año en que desde el Gobierno central –que por lo que se ve va a ser de una progresía desbordante– y desde la Junta –por ahora enfrascada en la política del retrovisor– se invierta en una serie de proyectos en Andalucía que quizás no sean los más urgentes ni necesarios pero… esta es mi lista de Reyes y si no le gusta, haga usted una.

Para Sevilla, pido para que vengan los millones necesarios para el proyecto de ampliación del Museo de Bellas Artes, para que salga de la segunda división en la que no merece estar. Es como si a la plantilla del Barcelona –aquí su extraordinaria colección repleta con sus murillos y zurbaranes a la cabeza– la ponemos a jugar en el campo del Alcorcón. Incomprensible.

Para Málaga, pido esa macroinfraestructura que sería el ferrocarril de la costa, un proyecto necesario para la más turística de nuestras provincias. Para Almería pido que no esté tan lejos y que para remediarlo esté por fin conectada con un tren de alta velocidad, idéntico deseo que albergo para Huelva. La murga del cambio climático y la conciencia ciudadana por parte de quienes nos gobiernan sólo es aceptable si de verdad apuestan por el tren como medio de transporte alternativo al coche.

Para Granada, ciudad bellísima desde todas las perspectivas posibles, cabría pedir poco, pues ya le tocó el Gordo cuando nuestros antiguos moradores dieron por construir allí el Palacio de la Alhambra. Pero también ocurre con las ciudades como con los niños colmados de regalos, que se olvidan de jugar con ellos de tantos que tienen. Para los granadinos pido que paseen por los jardines de la Alhambra y el Generalife, que visiten las exposiciones que se programan y regresen a perderse por un monumento tomado casi en su totalidad por el turismo extranjero.

Para Jaén pido que la ansiada Ciudad de la Justicia se desbloquee y se plasme, al menos esta legislatura, en un proyecto después de más de 30 años de incumplimiento socialista en el Gobierno de la Junta. Conozco las lamentables condiciones en que desarrollan su trabajo los profesionales de la judicatura y créanme cuando digo que es un milagro que las citaciones lleguen a los interesados. La justicia, saben ustedes, necesita de leyes pero también los medios necesarios.

Como buen futbolero que soy, después de una serie de episodios bochornos y dignos de una película de mafiosos que haría palidecer al mismísimo Scorsese, pido para Córdoba y su club de fútbol lucidez y generosidad para afrontar la nueva etapa de un equipo que cuenta con una afición entusiasta, ansiosa de ir a la grada a dejarse maravillar por la pelota y no a abuchear a mangantunos.

Dejo para el final de mi lista de Reyes a Cádiz, a la que, a juzgar por el alborozo con el que se está celebrando el fin del peaje de la AP-4, pareciera no necesitar ya nada más. Cádiz es como esos niños que, por ser graciosos, se les contenta con migajas porque todo lo celebran con alborozo. Seamos justos, Cádiz necesita un saco repleto de regalos en forma de corredor ferroviario que conecte al Puerto de Algeciras con Europa, de trabajo para los astilleros, inversión en un patrimonio cultural que a duras penas se mantiene en pie o de planes de empleo que saquen a la provincia de farolillo rojo de la lista del desempleo europeo. Sean generosos, mis queridos Reyes Magos, que no pido para mí.