Menos mal

El primer ministro de Portugal ha convertido su país, donde gobierna en coalición con dos partidos comunistas, en un oasis fiscal que atrae el dinero español

Vista del puente internacional sobre el Guadiana que une Ayamonte con Vila Real de Santo António
Vista del puente internacional sobre el Guadiana que une Ayamonte con Vila Real de Santo AntónioCarlos GarciaEFE

El primer ministro de Portugal, António Costa, se diferencia de un político español en cuestiones más sustanciales que la tilde de su nombre, impropia a efectos de transcripción pero muy conveniente para evitar confusiones entre el lino y la lana, entre cómo se gestiona la cosa pública allende o aquende la raya lusitana; el Puente Internacional que atraviesa el Guadiana entre Ayamonte y Castro Marim no alcanza los siete hectómetros de longitud, aunque parecería que separase dos galaxias lejanas, dos universos paralelos. La buena noticia para los andaluces este fin de semana no es la recobrada potestad para ir a la playa (casi dos de cada tres residentes en la comunidad autónoma viven en provincias costeras), sino la apertura de la frontera con el vecino portugués anunciada el jueves por Costa y operada ayer. Socialista, hijo de un escritor indio, católico y carismático exalcalde de Lisboa, el presidente de turno de la Unión Europea hasta el 30 de junio ha convertido su país, donde gobierna en coalición con dos partidos comunistas, en un oasis fiscal que atrae el dinero español que huye de las exacciones confiscatorias de María Jesús Montero y de la parsimonia con la que los presuntos liberales de San Telmo aflojan el dogal impositivo que asfixia al contribuyente hasta que vomita el hígado con el que alimentan a su batallón de enchufados. Las izquierdas ilustradas de la vecina nación han obrado el prodigio de la contención administrativa, básico para que el respeto de la propiedad privada no se vaya por el sumidero de los impuestos excesivos. Tres meses ha estado cerrada la frontera, tres meses con la puerta de la libertad clausurada. «Menos mal que nos queda Portugal», cantó Siniestro Total mediados los años ochenta. Y seguimos en las mismas.