Realidad y apariencia

“No seremos como esos europeos del norte, jamás, hasta que no nos tomemos en serio que nuestro futuro no nos vendrá caído del cielo”

Con Magritte, como con las encuestas, siempre hay un doble sentido más profundo que no se aprecia a simple vista
Con Magritte, como con las encuestas, siempre hay un doble sentido más profundo que no se aprecia a simple vista

A Juanma Moreno ya tiene listas las maletas para volar a Bruselas, que es donde se reparte el bacalao en Europa. Allí, en esa ciudad norteña, se vive bien si has pasado a la reserva donde habitan los dinosaurios de los partidos políticos. Un lugar bien conectado y con un nivel de desarrollo muy superior al nuestro donde si tienes los suficientes contactos puedes pasártelo muy bien, si no que le pregunten a los eurodiputados, que se pueden dar una vuelta cuando quieran por el maravilloso museo dedicado a René Magritte. Su obra cabalga entre distintos estilos pero siempre retando a quien mira los cuadros, que además de aceptar el juego tiene que hacer un esfuerzo para desentrañar las claves propuestas. Como nuestro Valdés Leal pero bajo el lenguaje del siglo XX y tras haber pasado por las vanguardias. Con Magritte lo que parece realmente no es tal cosa y siempre hay un doble sentido más profundo que no se aprecia a simple vista. Tienen algo de esto las encuestas, que muchas veces hay que mirarlas al trasluz, del revés o con lupa para entender hasta dónde alcanzan los datos y los diagramas. En la que publicó LA RAZÓN este viernes, el 62% de los andaluces no sabe qué son los Fondos Next Generation y el 20% ni sabe ni contesta, directamente. No hace falta mucha interpretación para entender la distancia que existe entre lo que cuentan los políticos y el resto de la sociedad, que parece que está a otras cosas y no en las que deben convertir a Andalucía en un lugar parecido en nivel de desarrollo al que disfruta Bruselas. No seremos como esos europeos del norte, jamás, hasta que no nos tomemos en serio que nuestro futuro depende de que rompamos con ese juego tan nuestro de la realidad y la apariencia, que nuestro futuro no nos vendrá caído del cielo. De nuevo mirando a Bruselas, de nuevo la realidad y el deseo.