Teatro

Arturo Fernández vence a Don Juan

Albert Boadella triunfa en su reinvención del mito de Zorrilla con una comedia cuyo reparto incluye a Sara Moraleda y Mona Martínez

«Don Juan siempre en movimiento; de acá para allá, como un nómada en las diversas épocas que le ha tocado vivir», decía Jacobo Cortines en «Burlas y veras de Don Juan», pensaba en Molière, en Da Ponte (y Mozart) y en tantas otras caretas que ha tenido el mito, si acaso, el más español. La trashumancia del personaje continúa y ahora es Albert Boadella quien lo rescata para homenajear a Arturo Fernández (o era al revés).Y éste es el verdadero acontecimiento del estreno. La genialidad de Boadella ha sido trasplantar a un veterano del teatro privado (como él), ese hombre que se ha jactado tantas veces de haber hecho una carrera de 60 años sin recibir una subvención, a un escenario público, el de la Comunidad de Madrid. Ese que otra heterodoxa, Esperanza Aguirre, entregó al catalán tras años de haber sido proscrito en su tierra. Desde entonces no ha tenido temor en abordar un repertorio con tan poca buena fama como la zarzuela o defender la tauromaquia desde las tablas.

Juego de espejos múltiples

El ardid narrativo que arguye es que una directora feminista y de vanguardia contrata al veterano intérprete para hacer un Tenorio deconstruido en el que él, con su estilo, que consideran amanerado y desfasado, interpretará al Comendador para dar idea al público de que es una etapa que se debe superar. A partir de entonces, la función se convierte en una guerra de trincheras en la que los jóvenes utilizan el pasodoble como metáfora de lo más machista y Fernández aprovecha todas las ocasiones para hacerles ver que la elegancia no está reñida con la ruptura. De hecho, el propio Boadella (fundador de una compañía con tanto arraigo en el panorama nacional como Els Joglars) ha reconocido que mientras él trataba de hacer teatro rupturista acabó haciendo género burgués, mientras que el actor, como Lina Morgan, ha logrado durante toda su trayectoria acercarse al público.

En un juego de espejos múltiples, la figura del Comendador-Fernández ejerce de conciencia crítica sobre la juventud desbocada (qué otra cosa hace con el Tenorio, sobre todo, en el trecho final de la pieza de Zorrilla). Boadella, que también lanza sus pullas contra los actores de televisión, el feminismo radical, los Premios Max, los «rojillos exhibicionistas» (ya no existe el pudor para él)... apunta, sin sutilezas, la lección de que es imposible romper la tradición sin antes conocerla. Picasso fue el primer devoto de Velázquez antes de dinamitar la perspectiva, parece querernos decir.

Para encarnar el canon utiliza a Zorrilla, lo que permite regalar a Fernández algunos de los mejores versos de Don Juan, esos que por edad ya no debería interpretar, pero que llena con la sabiduría de la esperanza. Es el autor romántico quien acaba venciendo en la batalla, tanto a Boadella como a la directora ficticia de la función. Como el propio Fernández, cuyo saber estar lo eleva a lo largo de la función, pues es capaz hasta de reírse de su imagen de galán compulsivo hasta las últimas consecuencias.

De Balbín a Jiménez Losantos

Solo alguien como Boadella es capaz de reunir en un mismo estreno a personajes de todo el espectro ideológico y estético como José Luis Balbín, Herman Tersch, Jiménez Losantos y Marina Bollaín (en la imagen), por citar solo algunos de los invitados anoche a los Teatros del Canal. El público acabó, como no podía ser de otra manera, en pie. Fernández, que no quería separarse de sus compañeros durante el saludo, dio por fin un paso adelante y recibió el abrazo de la platea en forma de cerrada ovación. Sus fieles y quienes no lo han sido hasta ahora se rindieron por igual. ¿Será el comienzo de una nueva relación con el teatro público del galán?