Actividad física equivalente, nuevo «ingrediente» en el etiquetado

Distintos organismos públicos aconsejan su inclusión como una herramienta más de sensibilización al consumidor sobre el aporte energético que va a realizar

Distintos organismos públicos aconsejan su inclusión como una herramienta más de sensibilización al consumidor sobre el aporte energético que va a realizar

Con el etiquetado nutricional de un alimento –todos los productores de alimentos estarán obligados a informar de las características de estos a través de un correcto etiquetado a partir del 13 de diciembre de 2016 gracias al Reglamento (UE) 1169/2011– el consumidor puede conocer el valor energético y la composición de ciertos nutrientes por cada 100 gramos o 100 mililitros de producto: grasas, hidratos de carbono (entre ellos destacan los azúcares), proteínas y sal. Esta información es obligatoria, pudiendo añadirse además, voluntariamente, la cantidad de fibra, vitaminas, minerales y grasas saturadas, poliinsaturadas y monoinsaturadas por ración, según el fabricante.

Además de toda esta información, tal y como destaca la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), algunos organismos sanitarios públicos aconsejan recientemente también la inclusión de la «Actividad Física Equivalente» (AFE) en el etiquetado nutricional de los alimentos, como una herramienta más de sensibilización al consumidor sobre el aporte energético que va a realizar. «La AFE aparece como una serie de símbolos que muestran la relación entre las calorías contenidas en un producto y un ejercicio físico equivalente en gasto energético. Disponer de esta información mediante un símbolo fácilmente comprensible podría reducir el consumo de alimentos hipercalóricos y/o fomentar el desarrollo de actividad física entre la población general», asegura el doctor Francisco Botella Romero, del Área de Nutrición de la SEEN.

Sin embargo, según el doctor Jesús Moreno, del Área de Nutrición de la SEEN, «la AFE de un alimento no debería llevarnos al error de simplificar sobre el hecho de que el consumo de cierta cantidad de un alimento puede ser neutralizado mediante una actividad física preestablecida. Además de la cantidad de energía que nos proporciona un alimento, es importante tener en cuenta la calidad de los nutrientes que aporta, sean éstos macronutrientes (hidratos de carbono, grasas y proteínas), contenido en vitaminas y minerales, sal, fibra, etc».

Por otro lado, el ejercicio físico produce un beneficio sobre la salud adicional al que supone puramente el consumo energético. «El gasto energético que cada persona lleva a cabo en la realización de un ejercicio concreto (por ejemplo, correr a trote lento un kilómetro) está muy influido por el tamaño y la composición corporal. Es fácil de entender que una persona adulta que mida 1,70 metros y pese 77 kilos gaste mucha más energía en correr esta distancia que un niño de 10 años que mida 1,35 metros y pese 30 kilos. Si ambos consumen las misma cantidad de un alimento, al actividad física equivalente nunca podría ser la misma», matiza Botella.

No obstante, desde el Área de Nutrición de la SEEN insisten en que incluir la AFE en el etiquetado nutricional de un alimento podría ser una herramienta adicional de utilidad en la lucha contra la actual epidemia de obesidad, sin olvidar, eso sí, otros aspectos como la educación nutricional, facilitar la práctica de ejercicio físico o medidas administrativas, e incluso, políticas para favorecer el consumo de alimentos más sanos y menos energéticos.