El 30% de los españoles excede el límite de consumo de proteínas

Mientras que la evidencia científica indica que la toma de proteínas debe situarse en el 12% de la ingesta total de energía, un estudio revela que sólo el 10% cumple con esta recomendación y un 30% presenta déficit. La carne y sus derivados son los responsables de este cambio de tendencia

Mientras que la evidencia científica indica que la toma de proteínas debe situarse en el 12% de la ingesta total de energía, un estudio revela que sólo el 10% cumple con esta recomendación y un 30% presenta déficit

Dentro de los tres grupos de macronutrientes (proteínas, grasas e hidratos de carbono) las proteínas han sido objeto de debate en los últimos años. Ya sea por exceso, la moda de las dietas hiperproteícas, o por defecto en algunos grupos de población, lo cierto es que la evidencia científica indica que la ingesta diaria de proteínas debe situarse alrededor de 0,8 g/kg de la energía total, lo que representa aproximadamente el 12 por ciento de la ingesta de energía. Además, no es aconsejable exceder un límite superior del 15 por ciento de la energía total, tal y como indican las recomendaciones internacionales. En este sentido, sólo el 10 por ciento del total de participantes en el estudio científico Anibes –Estudio de Antropometría, Ingesta y Balance Energético en España– tiene una ingesta diaria de proteínas situada dentro de los rangos de ingesta recomendados para este macronutriente en la alimentación diaria. Por otro lado, el 30 por ciento estaría en los límites de cumplimiento de estas recomendaciones y más del 30 por ciento excede el límite de las recomendaciones de ingesta de proteínas. Este estudio ha contado con una muestra representativa de la población española de 2.009 individuos de entre 9 y 75 años. Estos resultados se han publicado en la revista científica «Nutrients» y el estudio ha sido coordinado por la Fundacón Española de la Nutrición (FEN). «Tal y como se ha podido observar, la ingesta media de proteínas de la población española está muy por encima de los límites superiores recomendados, que están fijados en el 15 por ciento de la energía total», explica el profesor y doctor Gregorio Varela-Moreiras, presidente de la FEN, director del Grupo de Investigación en Nutrición y Ciencias de la Alimentación (Ceunut) y catedrático de Nutrición y Bromatología de la Universidad CEU San Pablo de Madrid. Y añade que «sólo el 10 por ciento de la muestra que ha participado en el estudio se encuentra dentro de las recomendaciones que indican que las proteínas deben suponer entre el 12 y el 15 por ciento de la ingesta total. Además, un 30 por ciento de la muestra estaría en los límites y más del 30 por ciento excedería estos límites de ingesta recomendada de este macronutriente».

Para comprender cuáles son los motivos que han propiciado este aumento de proteínas, Varela explica que «se han producido cambios en nuestra alimentación, siempre unida a un patrón de dieta mediterráneo del cual nos vamos alejando poco a poco. Por este motivo, también se ha producido una variación en la proporción de ingesta de los principales macronutrientes, incrementándose la de proteínas, muy presentes en carnes y derivados, cereales y derivados o leche y cualquier producto lácteo. El mayor impacto en el cambio en el perfil calórico, en relación al aumento de las proteínas en nuestra dieta, se debe al grupo de carnes y derivados».

Similar en toda la UE

Según los datos recogidos por la EFSA, el patrón de consumo de proteínas es muy similar en todos los países de la Unión Europea, donde, según Varela, «los grupos de carnes y derivados, cereales y derivados y leche y productos lácteos son los que más contribuyen en la ingesta de proteínas. Como dato curioso, cabe destacar que entre estos tres grupos ya se suma el 75 por ciento de la ingesta diaria de proteínas. En el estudio científico Anibes los datos indican que estos tres grupos suponen cerca del 68 por ciento de la ingesta diaria de proteínas».

El alejamiento del patrón mediterráneo tradicional indica que «estamos reduciendo el consumo de algunos de sus productos estrella, como son las legumbres, las verduras y las hortalizas, que aportan también proteínas de buena calidad a la alimentación diaria. En su lugar, el mayor consumo es el de proteínas de origen animal (también con proteínas de alto valor, pero con mayor aporte lipídico en general)», recuerda Varela.

Esta tendencia puede llegar a comprometer a la salud. «Un déficit acusado de aporte de proteínas en la alimentación puede producir anemia, pérdida de peso, hipoglucemia, así como estados de debilidad y fragilidad. Por el contrario, una ingesta de proteínas muy por encima de los límites recomendados puede repercutir a medio plazo en problemas cardiovasculares, y que se afecte también el funcionamiento de nuestros riñones. El aporte correcto y regular de proteínas es crítico, al ser además un nutriente que no se almacena, pero el exceso, el “despilfarro proteico”, no sólo encarece nuestra dieta, sino que no parece ser un buen indicador de la calidad de la misma», concluye.