Listeriosis. España concentra la mayor parte de la bacteria en la UE

Los estudios epidemiológicos de la Unión Europea posicionan a nuestro país como uno de los países con más presencia del microorganismo en los últimos años

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12 de septiembre de 2019. 19:06h

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Pilar Pérez Madrid. 2/9/2019

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Ya es uno de los brotes epidémicos más importantes de la historia de la Salud Pública española y uno de los que pasará a los anales de la Medicina. Lo cierto es que, aún sin el actual brote con sus más de 200 casos, España está en el podio de países europeos entre los que más bacterias de listeria “campan a su anchas”. Con todo, resulta que nos hallamos ante un problema global y a nivel continental ya empieza a preocupar a los máximos responsables.

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Así, en un artículo publicado en “Eurosurveillance” se han recogido las cifras del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) que alertan sobre el crecimiento del número de brotes en el lustro 2010-2015, en el que se analizaron 2.726 cepas de listeria monocytogenes en personas procedentes de 27 países. Los autores subrayan que poco menos del 50% de los casos son aislados y que la mitad restante está agrupada. Alrededor de un tercio de los que se identificaron como parte de un grupo afectaron a más de un país, a menudo con una duración de varios años. Sin embargo, sólo se informaron de dos principios de listeriosis en la Unión Europea en 2016 y cinco en 2015, lo que sugiere a los investigadores que muchos de ellos no han sido detectados.

Controlar los brotes, es decir, conocer el origen, identificarlo y tener todos los datos de cómo y cuándo se ha extendido uno no resulta fácil, pero para esto “Spain is different”, como manifiestan los expertos consultados por A TU SALUD, algunos de ellos de fuera de las fronteras de nuestro país.

José Vázquez-Boland, catedrático de Enfermedades Infecciosas de la Facultad de Ciencias Biomédicas en la Universidad de Edimburgo (Reino Unido), explica que “es importante resaltar que es “atípico” ya que se han acumulado numerosos casos rápidamente, en población al parecer mayoritariamente sin factores de riesgo (normalmente la listeriosis afecta a personas de más de 60 años, con enfermedades debilitantes o sujetos a tratamientos inmunosupresores), y en consecuencia por el momento con muy baja mortalidad. Los tres fallecimientos parecen haberse producido precisamente en personas de edad avanzada y/o patología subyacente y embarazadas”.

En este sentido, Vázquez-Boland, con los datos de la UE y desde la perspectiva de investigador, sostiene la postura del EDCD y apunta que “parece cada vez más elevada la incidencia de la listeriosis en España en comparación con otros países. Esto es alarmante y, quizás, sea el reflejo de cambios de costumbres en la dieta del país (mayor consumo de alimentos procesados de riesgo como patés, productos cárnicos procesados, quesos blandos, platos y ensaladas preparados, pastas de untar, etcétera), una mayor susceptibilidad de una población cada vez más envejecida, y quizás deficiencias puntuales en el control microbiológico de alimentos”.

En la misma línea, Juan José Quereda Torres, investigador Ramón y Cajal del Departamento Producción y Sanidad Animal, Salud Pública Veterinaria y Ciencia y Tecnología de los Alimentos de Valencia y de la Universidad CEU Cardenal Herrera, confirma que “el número de casos humanos de listeriosis se está incrementando en la UE desde el año 2008. Las posibles causas de este aumento son los cambios en la fabricación, distribución y preparación de los alimentos, incluyendo el uso de leche cruda y la reducción del contenido de sal en los alimentos preparados”.

Aquí, Rafael Cantón Moreno, miembro de Seimc (Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica) y jefe de Servicio de Microbiología del Hospital Universitario Ramón y Cajal (Madrid), cuenta que “los nuevos hábitos de consumo ayudan a la propagación de la bacteria: por ejemplo, ese salmón ahumado durante más tiempo de lo debido en la nevera predispone al crecimiento de la listeria y eso es un riesgo importante”. Por ello, Quereda Torres no duda en afirmar que «el concepto que parte de la sociedad actual tiene del término “natural” es confuso. Si por esto se entienden alimentos no cocinados, no pasteurizados o no sometidos a tratamientos de higienización, claramente esos productos mal entendidos como tal suponen un riesgo mayor desde el punto de vista sanitario».

Cantón también destaca lo inusual del brote que nos ocupa, ya que «lo normal es la localización del origen –que en muchos casos no se encuentra y en otros llega meses más tarde–, porque uno cuenta con que en su hospital haya una media de casos X y si observa que en un periodo corto de tiempo se contabilizan más, saltan rápidamente las alertas en Epidemiología». Este es el trabajo que corresponde a los epidemiólogos: “Cuando nos llega un paciente con sospecha de sepsis, por las características de fiebre, malestar, problemas estomacales... se le manda un cultivo desde Urgencias y entre 24 y 48 horas se tienen los resultados”, apunta el ex presidente de la Seimc. “Este y otros brotes recientes ponen de manifiesto la necesidad de mejorar la vigilancia de la cadena de producción alimentaria, incrementando la frecuencia de los controles”, apunta Juan González del Castillo responsable de enfermedades infecciosas de Semes (Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias).

Frente al curso normal de un brote de listeria, en el que como explica el profesor titular de Bromatología y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Córdoba, Antonio Valero, “las personas con listeriosis invasiva generalmente reportan síntomas entre una y cuatro semanas después de haber ingerido alimentos contaminados con listeria”, una elevada concentración de la misma “ha provocado una avalancha de casos en muy poco tiempo y ha facilitado encontrar el foco”, subraya Vázquez-Boland.

Pese a la preocupación de las instituciones por el brote y el aumento de la presencia de la misma en los últimos años, Valero concluye que “La bacteria se caracteriza por ser ubicua, esto es, por estar presente en cualquier entorno o ambiente de procesado de alimentos. En muchas ocasiones, los sistemas de vigilancia epidemiológica no pueden detectar la presencia de Listeria con la frecuencia deseada, aunque es cierto que cada vez más los controles están siendo más efectivos para prevenir su aparición en los alimentos”.

Compuestos naturales para repelerla

Un grupo de científicos de Domca y la Universidad de Granada lleva una década trabajando en el control de bacterias y ha conseguido identificar compuestos muy efectivos en el control de este patógeno a partir de extractos de aliáceas o cítricos. El grupo de investigadores ha aislado microorganismos beneficiosos con capacidad “anti-listeria”. Así, Alberto Baños, uno de los investigadores responsables, explica que “hemos caracterizado moléculas de origen natural con capacidad para eliminar a la listeria y que podemos utilizar como bioconservantes en los alimentos, aumentando su seguridad”. Los resultados obtenidos hasta la fecha demuestran el enorme potencial de la aplicación de estos compuestos tanto en alimentos como en instalaciones, “ya que uno de los principales problemas de esta bacteria es su capacidad para formar biofilms, unas estructuras biológicas que se fijan a las superficies de trabajo incrementando el riesgo de contaminación cruzada. Estos biofilms desarrollados en maquinaria y utensilios son en la mayoría de los casos los responsables de la contaminación de los alimentos”, concluye Baños.

Un antibiótico de origen español para elevar la efectividad del tratamiento

La infección por listeria precisa de la administración de una combinado de antibióticos. “Se elimina bien, pero necesita de altas dosis durante un par de semanas”, explica Vázquez-Boland. Esto se debe al carácter especial de la bacteria, que precisa un “ataque” que penetre en la célula infectada, donde ésta se aloja. Pero hace un año, el equipo de investigación del doctor Vázquez-Boland descubrió que la fosfomicina –un compuesto “famoso” por su empleo en las infecciones urinarias–, podía unirse al dúo formado por la gentamicina y ampicilina. “Lo cierto es que a priori, la literatura recoge que la fosfomicina –en la forma sal sódica endovenosa– es resistente. Sin embargo, hemos comprobado que sólo ocurre en las pruebas de laboratorio in vitro. Porque cuando se hacen in vivo, en organismos y no en cultivos, su respuesta es positiva. Esto se debe a que hemos descubierto que la molécula aprovecha la puerta de entrada de la célula infectada cuando ésta la abre para exponer su virulencia”, detalla Vázquez-Boland. Así, este brote en España se podría convertir en una oportunidad “de oro” para poder asentar este abordaje, “ya que no es fácil comprobarlo en personas, dada la dificultad de que no es una infección rutinaria”, alega el investigador español asentado en Edimburgo. En nuestro país la molécula, la fosfomicina sal sódica endovenosa, está aprobada por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps), pero por su forma de administración requiere de un “expertise” clínico determinado y que sea realizado en un hospital bajo control médico.

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