Pesca eléctrica: Europa planea recuperar las corrientes en la captura de arrastre

Venenos, explosiones o corrientes llevan prohibidas en el mar desde 1998. Sin embargo la presión de la flota holandesa, que aplica electricidad, en el Mar del Norte, puede extenderse por aguas continentales a pesar de la oposición de las ONG y los pescadores franceses

Venenos, explosiones o corrientes llevan prohibidas en el mar desde 1998. Sin embargo la presión de la flota holandesa, que aplica electricidad, en el Mar del Norte, puede extenderse por aguas continentales a pesar de la oposición de las ONG y los pescadores franceses

Esta semana se tiene que aprobar en el seno del Parlamento europeo la propuesta legislativa sobre el nuevo Reglamento de Medidas Técnicas de la pesca, es decir, las artes de pesca que se pueden utilizar, las tallas mínimas de las especies, cuándo, dónde se puede pescar... Una parte más en el proceso de redacción que después tendrá que pasar por el Consejo para cerrar el círculo de alegaciones o cambios a la primera propuesta sobre el reglamento que salió de la Comisión. Una de ellas, la pesca eléctrica está levantando mucha controversia. Y es que o se prohíbe (desde 2006 se puede usar en el Mar del Norte) o se autoriza totalmente su desarrollo.

La eléctrica no es más que una variación de la pesca de arrastre, que consiste en arrastrar una red por el lecho marino. Unas cadenas enganchadas en la parte inferior de la red remueven el fondo, molestan a los peces que viven en los fondales y los obligan a levantarse para atraparlos con las redes. «El arrastre ha sido siempre considerada la técnica más agresiva con el hábitat. Primero porque es muy poco selectiva (se captura hasta un 50-60% de peces no deseados), y se necesita mucho combustible; aproximadamente el 50% del coste de operación de los pesqueros», explica Javier López, responsable de política y derecho europeo de la organización conservacionista Oceana. En la pesca eléctrica en lugar del impulso mecánico a través de cadenas para levantar a los peces, lo que se usan son impulsos eléctricos. Dichas corrientes bloquean los músculos de los peces que viven en los fondos obligándoles a salir. Se pescan así peces planos: sollas, lenguados y un tipo de camarón típico del Mar del Norte.

Desde los años 90 la flota pesquera europea tiene prohibido utilizar explosivos, veneno, somníferos y corrientes eléctricas para pescar. Sin embargo, la UE abrió la puerta al uso limitado de la electricidad. Con dicha derogación se permitía que un 5% de los arrastreros pudieran utilizar esta técnica, llamada en inglés «pulse fishing», en la zona sur del Mar del Norte. En la práctica es la flota holandesa la que utiliza casi de forma exclusiva esta técnica.

Origen científico

Si el Parlamento da su visto bueno, la pesca eléctrica estará a un paso de convertirse en un arte de pesca más sin limitaciones tanto en el mar del Norte como en todas las aguas que gestiona la UE. La flota holandesa sostiene que es menos nociva que la de arrastre, mientras que las ONG conservacionisitas, pescadores franceses y autoridades como la ministra de Ecología francesa ,Ségolène Royal, se han levantado en pie de guerra por su posible impacto sobre la vida marina. Los defensores argumentan que el uso de combustible es menor que en la pesca de arrastre. Según datos del Ministerio de e Agricultura, Naturaleza y Calidad Alimentaria de Países Bajos, se ahorra hasta un 50% de combustible y de emisiones derivadas (y es que la excepción a su uso aprobado por la UE en 2006 fue en un contexto de alto precio de los carburantes). También se eliminan descartes, es decir, que se pescan menos especies no objetivo durante las faenas y aumenta la eficiencia. En algunos casos, se apunta a que la flota holandesa pesca entre 4-5 veces más que con la pesca de arrastre, según datos de Bloom (el grupo francés de ONG y pescadores franceses que encabezan las protestas).

La pesca eléctrica se usa en aguas continentales desde los años 50-60 pero con fines científicos y es de ahí de donde sale la idea de aplicarlo a la pesca en océano. «Es poco invasivo y se utiliza en determinados ocasiones para el estudio de peces y especies amenazadas en aguas continentales. Al establecer un pequeño campo eléctrico los peces son atraídos y quedan atontados con el impulso eléctrico. Esto permite capturarlos en redes y medirlos y marcarlos para liberarlos tres 10-15 segundos que es cuando se empiezan a recuperar. También se utiliza para capturar especies invasoras. La mortalidad de las capturas en ciencia es muy baja, del 1x1.000. Ahora bien, la eficiencia del impulso eléctrico depende de la salinidad y la temperatura del agua. Esto quiere decir que las potencias que se utilizan en el mar para la pesca son muchísimo mayores a la aplicada para la captura de un pez con fines científicos en agua dulce. Trabajar con intensidades de entre 5-6 amperios puede tener efectos negativos para los peces», explica Adolfo de Sostoa, investigador del departamento de Biología Evolutiva, Ecología y Ciencias Ambientales y del Instituto de Investigación de la Biodiversidad de la Universidad de Barcelona (Irbio) de la Universidad de Barcelona.

Otro detalle es que también se trata de un método de pesca no selectiva como la pesca de arrastre, que son los que están en discusión. «Permite acceder a recursos a los que era más difícil llegar hasta ahora. Peces planos que viven semienterrados. Con la captura de red algunos tienen la posibilidad de escaparse. Por eso la flota holandesa habla de incremento de la eficiencia. No digo que se deba prohibir pero que hay que tener en cuenta lo que puede suponer aumentar la presión sobre los recursos pesqueros cuando la mayoría de las poblaciones ya está sobreexplotadas. La situación ha mejorado en el Mar del Norte respecto a hace unos años pero no parece buena idea que se generalice esta práctica», dice Lluis Cardona, experto en Fauna Marina de Irbio.

Uno de los argumentos de quienes están en contra es que se empezó con pocos barcos, unos 50, pero como se vio la eficiencia se han ido aumentando las licencias; actualmente hay hasta 84 barcos en Holanda que practican este arte, «esto es más del 30% de la flota holandesa actual. Las organizaciones conservacionistas no estamos en desacuerdo con que se aplique la innovación en el mar para hacer más sostenible la pesca, pero el que se haya aumentado tanto el número de licencias es una paradoja. Por eso el gobierno de Países Bajos está presionando tanto para que no prohiban el «pulse fishing»; para ellos ya es un problema haber invertido en esta técnica. Adaptar un barco para la pesca eléctrica supone un coste de 300.000 euros y estamos hablando de que más de un 30% de su flota», opina López.

Sin embargo, «en sí mismo no hay ningún arte de pesca bueno o malo; lo relevante es la gestión. La pesca artesanal se lleva a cabo en zonas vulnerables, pero si está mal gestionada puede hacer mucho daño precisamente por los lugares en los que se practica. No somos expertos puesto que es un tipo de pesca que no realiza la flota española. Hay opiniones para todos los gustos, pero todos los que han estado involucrados dicen que es menos dañina que la pesca de arrastre. La Comisión Europea ya decía que se podía usar siempre que no hubiera un estudio científico que dijera claramente que era mejor no hacerlo», opina Javier Garat, secretario general de la Confederación Española de Pesca (Cepesca.

Y es precisamente la falta de estudios sobre los efectos de dicha técnica a medio y largo plazo la que denuncian desde organizaciones como Oceana. «Lo que queremos es que haya un mayor estudio científico. La corriente eléctrica afecta también a los invertebrados y a día de hoy no hay información sobre qué efectos pueden tener los impulsos en la reproducción de especies, qué mortalidad indirecta se produce... Hay muchas incógnitas por resolver», explica López.