Gastrofobia ibérica (I)

Fernando Sánchez-Dragó: "En España me convierto en algo bastante parecido a un anoréxico"

  • Fernando Sánchez-Dragó: "Huyan de las panaderías que se anuncien como boutiques o presuman de elaborar sus productos con ese camelo industrial al que han dado en llamar masa madre"
    Fernando Sánchez-Dragó: "Huyan de las panaderías que se anuncien como boutiques o presuman de elaborar sus productos con ese camelo industrial al que han dado en llamar masa madre" /

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01 de julio de 2019. 14:50h

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Valga la expresión para designar la extraña dolencia que me aqueja. Extraña, digo, porque sólo la padezco cuando estoy en mi país. Sus síntomas desaparecen en cuanto pongo los pies fuera de él. Ahora, por ejemplo, estoy en Francia. Llegué a su capital hace unos días e inmediatamente recobré el apetito. Si me refiero a éste es porque a él remite mi enfermedad, que lo es de desnutrición. En España me convierto en algo bastante parecido a un anoréxico. Desayunar, por ejemplo, me resulta casi imposible.

El pan es vomitivo. ¿El peor del mundo? Pues sí, el peor del mundo, a no ser que se adquiera en algún pueblo del entorno rural. Cuesta trabajo entender la razón de que en las ciudades y, sobre todo, en Madrid sea prácticamente imposible, a no ser que uno se patee el callejero en busca de un horno honrado, hacerse con una barra de pan que no se transforme en chicle antes de llegar a casa.

Huyan de las panaderías que se anuncien como boutiques o presuman de elaborar sus productos con ese camelo industrial al que han dado en llamar masa madre. Sigo con el desayuno... Toda la bollería española, incluyendo galletas y repostería, se elabora con grasas trans. Miren las etiquetas, prescindan de sus eufemismos y llévense las manos a la cabeza.

¿Fruta? ¿Queda alguna que no sea tan insípida como el serrín? De la leche de vaca olvídense a no ser que quieran suicidarse. Sí, ya sé que ahora hay otras menos dañinas (avena, arroz, almendra, baobab, qué sé yo), pero todas llevan azúcar a paladas o mefíticas sustancias edulcorantes. ¿Embutidos? Ni en broma. Todos ellos, y no sólo los que llegan envasados a la mesa, son alimentos procesados y, por ello, generadores de toda suerte de enfermedades cardiovasculares, gastrointestinales, biliares, renales, articulares y degenerativas. ¡Ea!

Me salto la primera comida del día y así evito, además de males mayores, las inoportunas visitas al retrete, fruto del colon irritable que el desayuno a la española suele originar. ¿Tentempié de media mañana? No. Eso es holgazanería propia de mis compatriotas que constituye fraude manifiesto a las empresas o a la administración pública y que no se practica en ninguna otra parte del mundo. Y así, burla burlando, llega el españolito medio a la disparatada hora en la que suele almorzar para seguir envenenándose. Stop. Seguiré en la próxima columna.

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