Innovación, un órdago a la gestión sanitaria

Un sistema de salud que cada vez tiene una mayor demanda asistencial requiere mejoras en innovación, eficiencia y calidad, tal y como destacaron los expertos reunidos en el Foro de Debate Sedisa en LA RAZÓN

Un sistema de salud que cada vez tiene una mayor demanda asistencial requiere mejoras en innovación, eficiencia y calidad, tal y como destacaron los expertos reunidos en el Foro de Debate Sedisa en LA RAZÓN

Recuperar un sistema sanitario doliente como el nuestro, poder ofrecer al paciente la calidad asistencial que merece y seguir siendo un referente requiere de mejoras urgentes, tal y como pusieron de manifiesto los expertos reunidos en el Foro de Debate Sedisa (Sociedad Española de Directivos de la Salud), celebrado en la sede de LA RAZÓN. Bajo el título «Innovación como cierre del círculo de la calidad y la eficiencia», concluyeron que tanto la innovación como la eficiencia y la calidad deben ser los cauces que confluyan en una gestión sanitaria óptima. El acto contó con el patrocinio de Amgen, Beckman Coulter, Bristol-Myers Squibb, GSK y Roche.

Sobre la innovación, quedó patente que el sector sanitario tiene que estar ligado de forma permanente también al campo de la investigación como base de la actualización de la ciencia. Modoaldo Garrido, vicepresidente primero de Sedisa, explicó que «hablar de innovación es hablar de progreso, de avance científico, de mejora de la calidad asistencial, de alinear el conocimiento con el desarrollo de nuevos productos que mejoren los resultados en salud». No obstante, también se debe «eliminar lo que no es valorado, reducir lo que se valora menos e incrementar lo que se valora más y crear lo que nadie está ofreciendo». Algo a lo que el presidente de Sedisa, Joaquín Estévez, añadió que «sin innovación no es posible la sostenibilidad. Hay que dejar de invertir en lo ineficiente o reinvertir en la innovación que aporte valor». Sin embargo, existe un sentimiento dual por parte de los profesionales. Antoni Gilabert, de la Gerencia de Farmacia y del Medicamento de CatSalud, destacó que innovar tiene dos caras: «Por un lado está la alegría, porque vemos que traerá medicamentos y opciones terapéuticas que aliviarán o curarán enfermedades, pero luego aparece la preocupación». Y la solución ante esta dualidad pasa por acotar la incertidumbre y establecer un modelo colaborativo. «Debemos establecer criterios de uso con la evaluación de la evidencia, determinar cuál es el indicador que vamos a medir y el objetivo terapéutico que queremos lograr». Por otro lado es importante, según Gilabert, «monitorizar resultados estableciendo un modelo de registros y poder tomar decisiones».

Pero para todo ello es necesario ver cómo financiar, algo para lo que los expertos proponen compartir el riesgo y ver cuáles son las expectativas de retorno de inversión. «Por delante del presupuesto pasan los resultados en salud», concluyó Gilabert. Por su parte, José Soto, presidente de la Organización Española de Hospitales y Servicios de Salud (OEHSS), hizo hincapié en que «el coste de la innovación no es el precio que el mercado paga por la misma, sino lo que supone aceptar el riesgo para añadir valor, ya que el valor y precio no son lo mismo», y abogó por «un pacto de eficiencia para la innovación».

Y un ejemplo de lo que se puede lograr y que expusieron en el foro es el que se ha producido en la especialidad de Hematología, una de las que más ha avanzado en los últimos años. Ramón García, hematólogo del Hospital de Salamanca, destacó que la terapia dirigida, el desarrollo de fármacos para prácticamente las neoplasias hematológicas, la inmunoterapia, el uso de células inmunes contra antígenos concretos, los trasplantes y la terapia génica son algunos de los grandes hitos conseguidos que han logrado aumentar la tasa de supervivencia. Lo próximo, «la sangre artificial (en experimentación pero ya tenemos sangre con una eficacia muy similar a la sangre donada)». Eso sí, García pidió a los gestores «una financiación adecuada. Hay que buscar un nuevo modelo de relación con las empresas y por último conseguir entre todos que haya una igualdad de acceso a los fármacos y a las nuevas terapias para todos los ciudadanos».

Gasto e inversión

Otro de los temas que centraron el debate fue el concepto que aún se mantiene de gasto e inversión. «Es necesario cambiar el chip, porque si no, sólo vamos a percibir la innovación como gasto, y entonces tendremos el foco en el corto plazo y la discusión va a girar en torno al coste y al precio. En el siglo XXI seguimos haciendo los procesos de precio y financiación como hace 50 años, cuando estamos en la época de los medicamentos de precisión», sostuvo Ion Arocena, director general de Asebio. «Creemos que debemos empezar a pensar en diferentes precios para diferentes pacientes y diferentes indicaciones». Y concluyó que «es fundamental que establezcamos criterios con los que las administraciones tomen decisiones de qué sí y qué no se va a financiar y cuándo sí y cuándo no se va a financiar mediante mecanismos objetivos de toma de decisiones transparentes y predecibles, porque eso es lo que la industria necesita».

El debate también estuvo marcado por los medicamentos de alto impacto económico y terapéutico. Tratamientos en los que se centra la innovación tecnológica. «Se trata de un medicamento más cómodo que garantiza una mayor adherencia y que consigue una disminución de los recursos sanitarios o una disminución de la pérdida de productividad», destacó Montserrat Pérez, de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria, quién explicó que «la innovación en términos económicos y clínicos se concentra en oncología, hepatitis C, la investigación en el campo del tratamiento antirretroviral y la investigación en medicamentos biológicos, anti TNF. Debemos preguntarnos si realmente los medicamentos valen lo que cuestan y hacer análisis farmacoeconómicos y de coste por año de vida ganado, y no podemos olvidar las cifras de la enfermedad», señaló. Sobre la financiación, ésta debe basarse «en el beneficio clínico. La industria farmacéutica debe corresponsabilizarse con la sostenibilidad», dijo Pérez. Por su parte, Regina Muzquiz, directora general de Biosim, sostuvo que los biosimilares, además de representar una innovación tecnológica, «suponen una innovación en la gestión porque aumentan la eficiencia. Con ellos podremos liberar recursos para que, con los mismos presupuestos, se trate a más pacientes o dedicarlos a otras tecnologías sanitarias. Es importante trabajar conjuntamente, no sólo con los medicamentos originales, sino con los gerentes y directivos de los hospitales, porque conocen bien estos fármacos y su utilidad». Y concluyó que, para mejorar la eficiencia y la sostenibilidad hay que apostar por una formación intensiva a profesionales sanitarios y a los directivos».

Miriam Rabaneda / Directora general de Planificación sanitaria y Aseguramiento de la Comunidad de Madrid

«Administraciones y centros de investigación deben trabajar juntos»

La investigación científica y la innovación tecnológica son términos complementarios y en el que deben trabajar conjuntamente las administraciones, los centros de investigación y los agentes económicos y sociales. Con el futuro Plan de Innovación aprobado en la Asamblea de Madrid hemos apostado por la investigación biosanitaria, la participación social y profesional y por cambios en organización y práctica clínica. Es un plan que va a tener un papel esencial en nuestra región, especialmente en la inclusión de nuevos medicamentos de acuerdo a los principios de equidad y eficiencia. Porque entendemos que la innovación es el principal eje de mejora de la calidad de vida de los pacientes, pero además es un derecho de los ciudadanos.

Joaquín Estévez / Presidente de Sedisa

«No sirve contar con directivos cuyo nombramiento o cese dependen del cambio de gobierno»

Sin la innovación no es posible la sostenibilidad, por lo que hay que dotar al sistema de solvencia. Se deben detectar bolsas de ineficiencia para poder reinvertir en lo realmente innovador. Las claves son: la universalidad, la gratuidad (en el sentido del copago farmacéutico, pago de impuestos, etc.), la rapidez de acceso, la equidad territorial, y el valor de los resultados en salud y en eficiencia. Por otro lado, gestionar la innovación en salud sólo es posible a través de la labor de directivos de la salud profesionalizados con la experiencia y la formación necesaria. No sirve de nada contar con directivos profesionalizados si su nombramiento y cese sigue dependiendo de su ideología política o cambio de gobierno o de consejero.