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La importancia de la familia animal

«Nuestros perros o gatos son nuestros niños eternos. Nuestros hijitos peludos y buenos que, por desgracia, mueren demasiado pronto»

Los que tienen una familia bien avenida; aquellos que nunca han sentido la soledad no deseada; esos que jamás han tenido un perro en su vida, no tienen ni idea de lo que estas criaturas pueden significar para sus dueños. Término absurdo, sin duda, porque un animalito es un ser vivo, con alma y cuerpo que no puede tener dueño. Lo más justo, aunque a los desconocedores les parezca ridículo, es el de padre o madre. Nuestros perros o gatos son nuestros niños eternos. Nuestros hijitos peludos y buenos que, por desgracia, mueren demasiado pronto. Leí hace unos días a un escritor que decía que no, que los perros no mueren, que se duermen en nuestro corazón y que despertarán cualquier día. Los que amamos a los canes sabemos que es así. Un perro sería incapaz de abandonarte ni siquiera por tener que morirse. Y ahora que hay tanta soledad y tantas mascotas, palabra que según la RAE define a aquella persona, animal o cosa que sirve de talismán o que trae buena suerte, tenemos que comenzar a cambiar las costumbres y normas de la vida social con ellos. Los perros, ya se ha demostrado, son excelentes acompañantes de niños con problemas o mayores con ansiedad. Pacíficos sanadores. Por fin, nuestros canes ya entran en los hospitales y van en metro. Pero todavía hay muchos humanos que no les aceptan. Son esos que dicen que la calle está llena de cacas. Y, sí, a esos «padres» guarros hay que darles donde les duele. A veces, ni ven que su animalillo está obrando. Los móviles, el autismo, la ceguera mental deja mierdecillas por todos lados. Pero no son los cánidos los culpables. No son los animales de compañía los que sobran en las ciudades de la soledad. De modo que, teniendo en cuenta esta circunstancia nueva, habrá que mentalizar a los ignorantes de lo que saben hacer los perros y por qué hay que dejarles mezclarse con nosotros. Los perros, amigos, nacen sabiendo amar. Y nos lo enseñan.

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