Pregorexia: La obsesión por el peso en el embarazo aumenta un 12% el riesgo de aborto

Una alimentación inadecuada durante la gestación tiene consecuencias devastadoras tanto para la salud de la madre como para la del bebé. El crecimiento intrauterino retardado está relacionado con patologías en el sistema nervioso, el aparato digestivo y el corazón. La muerte fetal se produce en los casos más extremos

Una alimentación inadecuada durante la gestación tiene consecuencias devastadoras tanto para la salud de la madre como para la del bebé

No está catalogado como un trastorno mental y ni siquiera existe un diagnóstico médico empleado por los especialistas para definirlo, pero existe. Se trata de la pregorexia o el miedo a engordar durante el embarazo. Un desorden alimenticio que, según el doctor Juan José Vidal, jefe de la Unidad de la Mujer del Hospital Ruber Internacional, «tiene unas consecuencias que pueden ser desastrosas para la madre y, sobre todo, para el niño». Pese a su desconocimiento, estudios realizados en Reino Unido aportan ya los primeros datos sobre su incidencia en la población. En concreto, un 7,6 por ciento de las embarazadas a las que se estudió tenía síntomas compatibles con trastornos de la conducta alimentaria, y el 23,4 por ciento estaba muy preocupada por su peso y su figura. La doctora Fulvia Mancini, ginecóloga y responsable médica de clínicas Eva en Cataluña, añade que «se calcula que el 30 por ciento de las gestantes no aumenta de peso de forma correcta, pero sin que se pueda achacar un porcentaje exacto a la denominada pregorexia».

Pese a su desconocimiento, sí existen ciertas pautas con las que identificar a estas pacientes. «Se trata de mujeres que no hablan del embarazo como si fuera real, cuentan obsesivamente las calorías, intentan siempre comer solas o se saltan las comidas, entrenan excesivamente, y pueden llegar a procurarse el vómito», advierte Mancini. En los tres primeros meses del embarazo, estos síntomas pueden llegar a enmascararse con los propios de la gestación: «náuseas y vómitos, principalmente. Algunas mujeres presentan problemas con según qué tipo de alimentos y hasta pierden el apetito, pero lo normal, prosigue, es que no reconozcan su problema y que, además, rechacen el tratamiento.. Es muy raro que admitan espontáneamente que tienen un problema de conducta alimentaria», añade. Otros signos de alarma son, según el doctor José Bellver, ginecólogo experto en Medicina Reproductiva del Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI), «que no gane un peso adecuado en los controles que le vayan realizando; alteraciones analíticas tales como la anemia y que la paciente presente un elevado estrés durante el embarazo, un interés desmedido por la ganancia de peso o alteraciones del tracto digestivo tales como vómitos frecuentes. Un crecimiento fetal inadecuado también sería un signo de alarma».

Para ambos

Detectarlo a tiempo evita las consecuencias de un trastorno que pueden ser graves para la madre, pero devastadoras para el bebé. «La madre puede tener una desnutrición progresiva con afectación del sistema endocrino, del aparato digestivo, del corazón y del cerebro. En el feto se puede producir un crecimiento intrauterino retardado, conocido como CIR e, incluso, la muerte fetal intrauterina. Si nace vivo, hay riesgo de que tenga problemas importantes del sistema nervioso, del aparato digestivo, páncreas y corazón. Podríamos decir, además, que si el riesgo de aborto en el primer trimestre es el 10 por ciento en cualquier grupo de embarazadas, si la alimentación es inadecuada podría aumentar hasta un 12 por ciento», advierte Vidal. No hay que olvidar que los riesgos para el bebé varían en cada uno de los trimestres del embarazo. «En el primero hay mayor riesgo de malformaciones congénitas en el sistema nervioso central por déficit de ácido fólico y en el segundo y tercero problemas de crecimiento fetal», afirma Bellver.

Límite

Una de las dudas más extendidas es dónde está el límite de aumento de peso durante el embarazo. Vidal responde que «el ideal está entre 11 y 13 kilos, según todos los protocolos de las sociedades científicas, pero se puede admitir sin riesgo para la paciente engordar hasta los 18 kilos. A partir de ese límite aumenta el riesgo de diabetes e hipertensión».

Si el estado nutricional de la madre se altera, Rocío Práxedes Gómez, secretaria del Consejo General Dietistas-Nutricionistas (Codinucova), asegura que «el riesgo de complicaciones aumenta. Los aportes insuficientes de macro y micronutrientes se relacionan con una serie de patologías que constituyen las principales causas de morbi-mortalidad perinatal en el mundo. Su desnutrición influye en el metabolismo del feto, su crecimiento, y la velocidad de división celular a todos los niveles, además de en la estatura y el peso del niño al nacer. Estas carencias no podrán suplirse en el niño tras el parto».

Si seguir una dieta adecuada es fundamental en cualquier etapa de la vida, durante la gestación cobra áun más importancia. «La mujer tiene que ser consciente de que hay una serie de oligoelementos como el zinc y el magnesio que son esenciales para el feto y sólo se encuentran en la alimentación», explica el doctor Juan de León, adjunto del Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital universitario Gregorio Marañón de Madrid. Esta misma opinión la comparte Práxedes, quien añade que «durante la gestación son más exigentes las necesidades nutricionales que las calóricas. Aumentan los requerimientos de proteínas, calcio, yodo, fósforo, magnesio, hierro y de las vitaminas C, B1, B2, ácido fólico, A, D y E, y sin embargo, la demanda de energía apenas varía unas 100-300Kcal/día (según período gestacional). Esto significa que la embarazada pese a no necesitar comer mucha más cantidad, sí que debe ocuparse de la calidad nutricional de su dieta». Y añade que «comer con más frecuencia en lugar de poner más cantidad en el plato, puede ayudar durante el embarazo a no hacerlo con ansiedad y desmesuradamente».