La pastilla para alabar a Alá

“Alabado sea Dios”, proclamaba el estado Islámico en su revista Al Naba tras el último atentado perpetrado en Nueva York. El mismo día que nos enterábamos que las autoridades italianas se habían incautado de 24 millones de pastillas de Tramadol que iban destinadas a los terroristas del ISIS, que operan en el norte de África y Medio Oriente. Se trata de una droga que produce efectos analgésicos, excitantes y de resistencia al esfuerzo.

A los moujaidines no les sale gratis el “pastillazo” ya que cada píldora se vende a dos dólares.

Extraña mezcla de alabanzas a Alá y consumo de drogas que, en otros casos, suelen castigar hasta con la muerte.

Lo positivo es que convierten a los combatientes en drogodependientes. Cuando se les pasa el efecto del “chute” no les quedan fuerzas ni para huir.

Lo grave es que todo esto lo hacen, según ellos, para mayor gloria de Alá, lo que evidencia un uso perverso de la religión.

Por cierto, ¿alguien sabe dónde está Bagdadi, el que se presentaba como descendiente del profeta? Este tipo de sujetos, siempre desaparecen cuando hay que dar la cara, como cuando se producen las derrotas de sus ejércitos.

Cometer atentados es tan fácil como tener la voluntad, los medios y la suerte de que no te pillen. Dirigir un califato es otra cosa para lo que hace falta mucha inteligencia y menos píldoras