Las disonancias de la mediocridad

Mientras Bach, Haendel, Haydn y Mozart componían sus obras maestras a lo largo del siglo XVIII, en España hubo excelentes compositores que, poco a poco, se van descubriendo y colocando en el lugar que les corresponde en la historia de la cultura. Mi afición en esta materia me ha permitido escuchar sus obras y apreciar especialmente a los músicos catalanes de esa época, porque fueron unos autores avanzados que dejaron un importante rastro en patrimonio musical español. Estoy seguro de que estos excelentes compositores, que se caracterizaron por ser abiertos y cosmopolitas, sentirían vergüenza al observar el actual provincianismo radical de una parte de la clase política catalana, empecinada en una espiral de rancio nacionalismo, absolutamente disonante con cualquier armonía.

Uno de los avergonzados por tan aplastante mediocridad intelectual sería Francisco Valls, excelente músico, que supo combinar el contrapunto tradicional con el más moderno estilo concertante italiano, y que, con su obra maestra -la Missa Scala Aretina de 1702-, suscitó un apasionado debate sobre la escritura musical en nuestro país. Valls fue maestro de capilla de la catedral de Barcelona y músico en la corte del archiduque Carlos de Austria, el pretendiente al trono de España que defendieron los catalanes con tanto empeño durante la Guerra de Sucesión.

Alumno de Valls fue el barcelonés Pedro Rabassa, también compositor en la corte del archiduque Carlos y maestro de capilla de las catedrales de Vic, Valencia y Sevilla hasta 1757. Durante su magisterio en Sevilla, Rabassa evolucionó su estilo desde el barroco tardío imperante al pre-clásico que empezaba a triunfar en Europa.

Posible alumno de Valls fue también Domingo Terradellas, compositor que, tras iniciarse en la catedral de Barcelona, triunfó en los teatros de ópera de Italia, Inglaterra, Bruselas y París. Sus óperas compitieron con las de los grandes maestros europeos: Pergolesi, Porpora, Jommelli y Hasse. Las obras de Terradellas pertenecen al estilo napolitano y suponen un gran paso en la evolución de la ópera del barroco a la del clasicismo.

También difundieron su arte musical por Europa los tres hermanos Pla, experimentados intérpretes de oboe, que recorrieron las cortes de Francia, Alemania e Italia y sobresalieron por sus conciertos para flauta, sus tríos instrumentales y obras religiosas.

Figura excepcional de la música catalana del siglo XVIII es el padre Antonio Soler, que inició sus estudios en la Abadía de Monserrat y, luego, desarrolló su carrera en la Catedral de Lérida y en el Monasterio de El Escorial hasta su muerte en 1783. Soler estudió con Domenico Scarlatti y se convirtió en el más importante maestro español de música para clave. Nos ha legado sus extraordinarias sonatas para clave, su fandango, los conciertos para dos órganos, seis deliciosos quintetos y obras religiosas.

Dentro de la excelente música que se compuso en la Abadía de Monserrat, destacan especialmente las figuras de José Antonio Martí, Anselmo Viola y Narciso Casanovas, que impregnaron del estilo galante europeo su música religiosa e instrumental. Siento especial aprecio por la obra de Casanovas, tanto por sus composiciones para órgano como por sus obras religiosas, por ejemplo, los Responsorios de Navidad, los de Semana Santa o las Lamentaciones de Jeremías.

Como podemos ver, los archivos musicales de Cataluña contienen auténticas joyas que fueron compuestas en el siglo XVIII por autores que tuvieron maestría en el arte musical, inspiración y ambición para incorporar a la gran tradición musical española las innovaciones de otros países europeos. Estas figuras de nuestra historia contrastan con la actual situación en la que unos políticos catalanes, acosados por la corrupción de sus principales dirigentes, por las comisiones del 3% y por la nefasta gestión de la cosa pública, se han lanzado a una espiral de mentiras, actuaciones totalitarias y búsqueda de la ruptura de la convivencia, lavando el cerebro a una parte de la sociedad y discriminando a la otra. Convendría que estas personas elevaran su ánimo, conociendo la excelente música de tantos grandes maestros; seguro que en ella hallarían luz y aire fresco para remediar tanta ofuscación.