Política

Desgobierno general

Barricadas, cortes de tráfico y de transportes vitales, inseguridad ciudadana, incertidumbre jurídica..., esas son las condecoraciones que lucen en la solapa del Gobierno que preside Pedro Sánchez

Barricadas, cortes de tráfico y de transportes vitales, inseguridad ciudadana, incertidumbre jurídica..., esas son las condecoraciones que lucen en la solapa del Gobierno que preside Pedro Sánchez y que preocupan tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.

El ejercicio del poder conlleva una alta responsabilidad y el desgaste lógico en la toma de decisiones, aunque la potestad de no ejercer ese mandato ciudadano –que es lo que está sucediendo– también tiene una penalización grave por parte de la sociedad.

Hay conflictos en España que han surgido en diferentes sectores y territorios, con sus múltiples matices, pero que exigen del PSOE que está sustentando el Gobierno un estudio profundo, riguroso y soluciones.

Sánchez se ha alejado todo lo que ha podido (en el avión presidencial o en helicóptero) de estas problemáticas, creyendo que poniendo kilómetros de por medio se iban a solucionar por sí solas. Eso no funciona ni siquiera cuando uno es niño. Mucho menos cuando llevas las riendas de un país donde convivimos más de 46 millones de personas.

El sector del taxi y los vehículos de alquiler con conductor andan enfrascados en una batalla competencial que el Gobierno debe dirimir. No vale pasarle la pelota a las Comunidades Autónomas y éstas, a su vez, a los Ayuntamientos tal y como ha hecho el ministro José Luis Ábalos. El presidente valenciano, Ximo Puig, rápidamente pasó palabra hacia el alcalde de Valencia, Joan Ribó, que tampoco quiso ponerse el mono de faena.

Los socialistas están ejerciendo con esmero la profesión de mirar hacia otro lado y eso en las urnas quedará reflejado: estoy segura. Más allá de la raíz compleja del conflicto la realidad es que la inacción está llevando a cortes de tráfico y barricadas en ciudades como Madrid y Barcelona, dando una imagen nada edificante de nuestro país, ahuyentando a turistas y complicando el día a día de miles de españoles.

Sucede lo mismo en Cataluña donde el deterioro de la convivencia ha crecido exponencialmente, de nuevo con barricadas, cortes de centros neurálgicos de transporte, escraches y violencia callejera gracias a la actitud permisiva de los gobernantes de las principales instituciones catalanas.

Esa desobediencia institucional junto a la vergonzante “fuga” de Sánchez está dando unos resultados horribles para la convivencia en Cataluña así como para su economía y para el futuro de España que ve como en una parte tan importante de su territorio el cumplimiento de la ley está en entredicho.

Viven en otro mundo. Los socialistas capitaneados por Pedro Sánchez y que tienen clones como Ximo Puig y muchos otros repartidos por la geografía española piensan que llegar al poder es el objetivo cuando en realidad solo debería ser el vehículo para aplicar unas políticas responsables y hacer que la vida de los ciudadanos fuera lo más confortable posible.

Si la sociedad civil desaparece de tus ecuaciones de trabajo el efecto es el que vemos y contribuye a que un país con un potencial tan grande como España se vea sometido a los vaivenes de grupos minoritarios y extremistas.

Los proetarras, los independentistas y los antisistema no pueden marcar la agenda de un gobierno serio porque si lo hacen, como está dejando Pedro Sánchez que crezca bajo sus pies, jamás puede acontecer algo positivo.

Hay que recuperar el centro y la concordia, el diálogo con todos, y especialmente el respeto escrupuloso a las tradiciones, a las mayorías, a las leyes y a todos aquellos que siguen pasándolo mal en este momento del ciclo económico que genera tanta incertidumbre.

Nada de eso está haciendo el Gobierno. Ha olvidado hablar con las personas y así es muy difícil generar consensos. Hasta en el alquiler de las viviendas quería gobernar por decreto olvidando a los actores principales que son los ciudadanos y al final lo han pagado en el Congreso.

Esa inacción es letal para España y también lo es gobernar por decreto, sin ponerse en el lugar del otro. No hay término medio porque no estaban preparados para gobernar y mucho menos si lo hacen de prestado con unos votos de apoyo que a cualquier demócrata le genera, como poco, estupor.

Desde su llegada a la Moncloa solo nos ha quedado claro que Pedro Sánchez está decidido a atornillarse a la silla presidencial, si puede, hasta 2020. Las consecuencias pueden ser fatales para España que vive con resignación cada ocurrencia del PSOE, cada rectificación de sus decisiones (más de una decena), cada destitución de ministros y cada compadreo con gente que quiere romper España y en muchos casos la convivencia –la cena de Otegi lo demuestra–.

Este desgobierno, sin embargo, tendrá en mayo la primera reválida porque en las elecciones municipales y autonómicas hay que empezar a dejar claro que es posible ejercer el mandato de los ciudadanos de otra forma mucho más responsable y eficaz. En la Comunidad Valenciana hemos sufrido cuatro años de desgobierno, sectarismo e imposición y estamos preparados para revertirlo.

El PP va a estar ahí dando la batalla de la lógica, la modernidad y la concordia para que la pesadilla de Sánchez que ha hecho retroceder a España muchos pasos en los últimos meses no se prolongue hasta 2020.