Política

La ola del cambio

Bonig denuncia que “el PSOE se ha echado en brazos de esa pléyade de siglas ancladas en el pasado más rancio para ganar unas horas, días o meses más en el poder”

Algo se mueve en España y estos días hemos tenido una evidencia con la investidura de Juanma Moreno como presidente de la Junta de Andalucía. No es baladí este cambio histórico al frente del ejecutivo autonómico andaluz y después de casi cuatro décadas de gobiernos socialistas es el PP quien tendrá la responsabilidad de sacar a los andaluces del atolladero en el que les ha metido la máquina de despilfarro y políticas nepotistas en que se había convertido el PSOE andaluz.

La ola del cambio ha comenzado por el sur y estoy convencida de que se va a extender por toda España porque de la mano del PP va a volver la esperanza y la ilusión. Como decía Pablo Casado la Reconquista empieza esta vez en Andalucía y desde allí alcanzará a todo el territorio nacional.

Es fruto del trabajo de un partido responsable como el PP que siempre ha antepuesto el interés general al de nuestra formación y que los españoles han reconocido en muchas ocasiones y ahora van a volver a hacerlo con fuerza en las elecciones del próximo mes de mayo.

La basculación del electorado es también consecuencia de la praxis nefasta de los multipartitos que gobiernan en muchas instituciones del país y que solo tuvieron y han tenido como objetivo desalojar al PP del poder. Esa ausencia de programa les ha llevado a gobernar desde la ideología, la imposición, el desprecio e incomprensión hacia los problemas de los ciudadanos.

Ese hartazgo de los españoles frente a quienes gobiernan de espaldas a la realidad y que solo buscan, como Pedro Sánchez, perpetuarse en el poder a costa de pactos inconfesables por el cariz de quienes los suscriben (batasunos, podemitas e independentistas) empieza a percibirse.

En Andalucía se plasmó en las urnas y en el resto de España se palpa con fuerza a poco que uno pise la calle. El pasado sábado día 12 en Valencia tuvimos la presentación de las candidaturas a la Generalitat, que encabezo con honor, y las de las tres capitales con Luis Barcala, María José Català y Begoña Carrasco como protagonistas. Pablo Casado estuvo allí presidiendo el encuentro en el que centenares de personas no pudieron acceder al interior del recinto donde se celebraba al estar el aforo lleno.

Es una imagen –que más allá de la pena que nos dio que no pudieran entrar todos– demuestra la ilusión y ganas por abrir una nueva etapa en la Comunidad Valenciana. Estoy convencida que esa necesidad de cambio, como ha sucedido en Andalucía, se acabará plasmando también en mi tierra.

Todo es consecuencia de la imposición. Los valencianos, como sucede en otras Autonomías, están saturados de la intervención de las Administraciones autonómicas y locales en sus vidas. El PSOE, Compromís y Podemos son sinónimo de sectarismo y todas las esferas de actuación ciudadana se ven afectadas por políticas encaminadas al pensamiento único y a dividir la sociedad entre buenos y malos.

Cuando un ciudadano no puede elegir el colegio ni la lengua en la que va a educar a sus hijos; no puede disfrutar de la atención eficiente de los conciertos sanitarios porque se revierten a golpe de ideología; espera meses en interminables listas de espera para intervenciones quirúrgicas; no puede circular libremente por las calles donde cada vez es más difícil el uso de vehículos particulares y es imposible llegar a tiempo con la deficiente frecuencia del transporte público; tampoco lo incluyen en la lista de Dependencia; y la creación de puestos de trabajo se ralentiza al tiempo que se produce una fuga de los inversores..., seguro que demanda un cambio.

Y ese momento ha llegado. Es una evolución necesaria porque el día a día de las personas debe volver a la normalidad, a premiar su esfuerzo, a no coartar su libertad de expresión y de pensamiento. El derecho a discrepar sin sentirse señalado resulta esencial y también que la cultura sea motivo de unión y no de división como cuando se pretende que la lengua, en este caso la valenciana, sea fuente de conflicto en vez de riqueza.

Nos jugamos la consolidación del progreso logrado en cuarenta años de democracia porque quienes dirigen ahora los destinos del PSOE se han empeñado en pactar con quienes reniegan de España y buscan romper su unidad. Nada debemos esperar de Bildu, Podemos, las Cup, ERC, Compromís, las denominadas mareas... ni de los golpistas en Cataluña.

Representan la división, el retroceso y en muchos casos el rencor hacia todo lo español y lo que nos ha unido durante siglos. El PSOE, sin embargo, se ha echado en brazos de esa pléyade de siglas ancladas en el pasado más rancio para ganar unas horas, días o meses más en el poder.

Necesitamos que esa ola de cambio anide entre los españoles y vaya creciendo. Lo haremos con trabajo, con diálogo y conocimiento de primera mano de los problemas reales. Es un diagnóstico que tenemos por la radiografía que hemos realizado esta legislatura y ahora plasmaremos en el programa electoral las soluciones más adecuadas para cada sector. España nos necesita.