La niña que no quiso ser oida por un juez

Estábamos en un proceso de “segunda generación”, un incidente de modificación de medidas. Tras una primera decisión de guarda y custodia compartida, ambos padres llegaron a la conclusión de que el sistema no funcionaba bien. Era un sistema por cursos escolares alternativos un año en cada país, aprovechando la compatibilidad de sistemas escolares, pero nadie estaba satisfecho. Así que la madre presentó una demanda de modificación de medidas pidiendo la custodia exclusiva, y el padre a quien yo representaba, también pedimos la custodia exclusiva. Estábamos en pleno proceso, se había citado a la menor a una exploración judicial, cuando se recibió en el Juzgado una carta, la que adjunto. La niña encabezaba la carta con el lugar en donde estaba, y la envió con su nombre ,su firma, y su documento de identidad. Esta carta es un limite ético en lo que respecta a las peticiones de intervención de equipo psicosocial y de exploración de los menores.

Se concedió la guarda y custodia exclusiva al padre, modificando así la sentencia de divorcio.

En un post reciente hablaba de la guarda y custodia compartida y trataba de explicar, desde mi propio punto de vista, lo que pienso sobre la institución, que no soy contrario a ella ni tampoco a la contraria. Esta claro que no ”compro” ninguna mercancía, ni feminista ni machista, y llamaba la atención sobre la importancia de los procesos de “segunda generación”, aquellos que se producen tras un periodo de rodaje. Trataba de no formar parte de planteamientos maximalistas y polémicas sociales inútiles entre Guarda y Custodia Exclusiva-Guarda y Custodia compartida.

No son esos los términos del debate sino otros, que nos han de llevar a la desaparición del concepto de Guarda y custodia y Régimen de visitas.