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La maravillosa Capilla Scrovegni en Padua.

Empecé a comentar a mis amigos que tenia planeado ir a Padua, todos coincidieron que no me podía perder la visita a la Capilla Scrovegni, que era de quitar el hipo.

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Lo tomé en cuenta, pero como en mi familia hemos sido muy cercanos a San Antonio y además, mi abuelo, mi padre, mi hermano y el segundo nombre de mi hijo es Antonio, para mi, lo mas importante (y así fue) era visitar la Basílica pero, llegando un sábado por la tarde a Padua, preferimos dejar para el domingo el saludo al querido Santo. Decidimos entonces, dar un paseo por el centro de la ciudad con el fin de acercarnos a visitar la Capilla Scrovegni. Ahh! mala suerte, sólo se permiten visitas con reserva y para ese día ya no quedaban libres, reservamos para ir el domingo.

La Capilla Scrovegni perteneció a la familia del mismo nombre. A pesar de que Enrico Scrovegni, que fue un rico banquero y quién mandó construir esta joya en 1302, porque pretendía así espiar los pecados de su padre, (su padre se dedicaba a la usura) al final, él mismo acabó allí enterrado (se puede apreciar la tumba al entrar a la capilla del lado izquierdo en el fondo de la capilla)

El artista elegido para decorar la capilla fue Giotto. El artista destacó en aquella época por el dramatismo, el sentido de la grandeza y por sus personajes más humanos y más ligados a la realidad en la tierra. Este artista se ocupó también de la Iglesia Superior de San Francisco de Asís en Assisi y en Roma, pintó entre otros, los frescos en la Basílica de San Juan de Letrán en ocasión del Jubileo del año 1300. Su obra se desarrolló por varias partes de Italia. Era tal su fama que Dante Alighieri lo mencionó en la Divina Comedia. Unos han llegado a decir que el poeta le aconsejó para realizar esta obra en Padua, pero la mayoría lo desmiente.

Scrovegni le solicitó plasmar una secuencia del Viejo y del Nuevo Testamento en donde culminara con la muerte y resurrección del hijo de Dios en el Juicio Final, y así lo hizo en el fondo de la capilla.

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En las paredes laterales, se muestran los vicios y las virtudes y la historia de Joaquín (el padre de María) y de María. El techo azul, sin un milímetro sin pintar, comentan los historiadores que Giotto se inspiró en la obra de Miguel Ángel y la Capilla Sixtina.

Esta es una de las más importantes de su vida.

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Dos años fueron los que le tomaron para plasmar los deseos de su importante cliente. Giotto es el único que es comparado con Miguel Ángel.

Esta capilla, estuvo en su época conectada por una puerta lateral al palacio de los Scrovegni, el palacio ya no existe.

Para entrar a la capilla es necesario dirigirse a los Musei Civici agli Eremitan

Hay tantos sitios ideales en Padova, que he preferido dedicar estas líneas solo a la maravillosa Capilla Scrovegni y mas adelante se publicará Padua con su Basílica de San Antonio y su ciudad.