Gente tóxica

Alfon Arranz
Alfon Arranz FOTO: La Razón

¿Cuántas veces te has encontrado en medio de un problema que es no es tuyo sin comerlo ni beberlo? ¿Cuántas veces te han hecho culpable de algo que ni tan siquiera te compete? ¿Te has encontrado en algún momento a alguien que ha decidido cómo tiene que ir tu estado anímico a lo largo del día? Si es así, enhorabuena, has estado con una persona tóxica.

Las personas tóxicas por lo general suelen ser gente frustrada, no realizada, cuya intensidad diaria y su máscara de pantomima oculta detrás a alguien muy distinto. Suelen ser personas galantes, atentas y excesivamente educadas, con una manía casi persecutoria de que sus interacciones sociales sean perfectas, medidas al milímetro, por el mero hecho de conseguir sus objetivos aunque detrás escondan gritos, avaricia y egoísmo, cara que suelen mostrar una vez ganada la confianza del individuo.

Ya sea en el ámbito laboral, en el ambiente social o en nuestro entorno afectivo tendremos que lidiar con ello, es una realidad. Esa persona que en el trabajo decide cuando hay que reír y cuando hay que llorar independientemente de cómo vayan los resultados objetivos de la empresa, ese amigo que despotrica y destruye lo que los demás hacen simplemente por el hecho de que él no lo ha decidido, esa pareja que según cómo se levante de la cama convierte la rutina cotidiana en una auténtica pesadilla. No llevan bien opiniones que no sean las suyas, no aceptan nunca un no por respuesta y consideran una grave ofensa personal si criticas sinceramente alguna de sus conductas.

Siempre digo lo mismo, dale poder a alguien, hazle aunque sea presidente de la comunidad de vecinos, secretario de una asociación sin ánimo de lucro, organizador de una excursión al campo, lo que sea, y descubrirás su verdadera naturaleza.

El truco para protegerse de alguien semejante es sencillo, primero: no dejar nunca que arruine tu felicidad por pequeña que sea, te ha costado mucho llegar a ella, y segundo: huye y pon la máxima distancia en cuanto puedas. No intentes dar oportunidades en vano, para ellos serán siempre debilidades con las que seguir utilizándote como bastón para caminar por su barro.

Luego evidentemente está el dichoso relativismo, donde habrá víctimas que defiendan a este tipo de sujetos y que justifiquen sus actos con frases como: “Es que tiene mucho peso a sus espaldas”, “es que se siente desplazado”, “entiéndela está pasando una mala época.”

Argumentos que caen por su propio peso si uno extrapola la realidad y lo compara con la gente maravillosa, la gente que tiene problemas de verdad, de ruina económica, de salud, que lucha diariamente con una sonrisa por sacar su vida adelante. La puedes encontrar en cualquier lugar, en cualquier ámbito, en el día a día, haciendo de esta época postpandémica que nos ha tocado vivir algo mucho más soportable.

En un marco más cercano uno puede verlo en su entorno diario: los amigos que te avisan con tiempo y que no quedan contigo a última hora porque les ha fallado otro plan, el compañero o el jefe del trabajo que te valora y que ante cualquier problema procura echarte una mano e intenta ayudar, la pareja con la que la rutina se te pasa volando porque cuentas las horas para volver a verla, etc.

Esa es la clave de estar realizado, tener a mucha gente que de verdad te aprecia, te comprende y te quiere sin perseguir ningún trasfondo maquiavélico a cambio. Lo bueno es que gente maravillosa hay bastante, gente tóxica menos, lo que pasa es que son muy pocos y hacen ruido. Buena semana.