Publicidad
Publicidad
Cataluña

Rescatando a Rodríguez-Aguilera

La Universidad de Jaén publica «Retorno a la piedra», un volumen con en el que se reivindica la obra poética de un autor que también fue crítico e historiador de arte, además de jurista

Fue magistrado, pero sus verdaderas pasiones eran el arte y la poesía. Cesáreo Rodríguez-Aguilera hizo de lo que era su pasión una forma de entender la literatura porque dedicó no pocas páginas a escribir sobre aquello que tanto le gustaba. A los tres años de su centenario, un volumen recupera la obra del autor incorporando material inédito, así como textos de especialistas y lectores como José Corredor-Matheos, Joaquín Marco o José María Balcells, entre otros, todo ello coordinado por Rafael Alarcón Sierra. «Retorno a la piedra», publicado por la Universidad de Jaén, nos ofrece nuevas herramientas para adentrarnos en el mundo de Cesáreo Rodríguez-Aguilera.

Publicidad

No se puede olvidar que la poesía fue la primera de las pasiones del autor y que la cultivó hasta el final de su vida, en 2006. Pese a todo, tal y como indica Alarcón Sierra, esta parte de su obra ha sido «la menos atendida, siempre por detrás de su extraordinaria labor como crítico e historiador del arte de su tiempo y de su dedicación profesional a la judicatura».

Rodríguez-Aguilera tuvo uno de sus principales y primeros apoyos en el pintor Rafael Zabaleta, de Quesada como él, quien le proporcionó sus primeras lecturas de poetas surrealistas y de autores que podrían tener relación con ellos, como eran Ramón Gómez de la Serna o Federico García Lorca. Tras el impacto de la cruenta Guerra Civil y después de una temporada en el Marruecos español como juez, nuestro protagonista se instaló en Barcelona en 1946, un hecho de vital importancia en su carrera. De esta manera pudo entrar en contacto con los poetas catalanes que escribían en castellano, como Juan Eduardo Cirlot o Rafale Santos Torroella, pero también con los que escribían en catalán, especialmente con dos grandes nombres: Carles Riba y J. V. Foix. Gracias a su implicación en el mundo literario barcelonés podremos encontrarlo formando parte del II Congreso Internacional de Poesía, una cita mítica para la literatura del momento y que se celebró en 1953 en Salamanca y que reunió a lo mejor de las letras del momento.

Corredor-Matheos recuerda en su texto que «el poeta que nos ocupa se mostró siempre discreto y humilde cuando se refirió a su poesía». El mismo poeta lo confirmó así en uno de sus textos, el titulado «Paseos con Antonio Machado», donde en lo que es toda una declaración de principios pedía que «hablemos modestamente de poesía. Como de todo. Pero persigamos la cosa del modo más firme y decidido. Necesitamos finos aires de sierra; no perfumes narcóticos. Porque es preciso madrugar para el trabajo y para la caza».

Dentro de su producción literaria, destaca un título que es un fiel reflejo de su intención de crear un diálogo entre literatura y arte, entre poesía y pintura. El resultado de ese interés es «7 poemas», publicado en 1965 y en el que los versos del autor iban acompañados de dibujos de Picasso, Tàpies, Zabaleta, Tharrats, Guinovart, Cardona Torrandell y Maria Girona, algo que ha hecho que el libro sea hoy una pieza de coleccionista. Otro título suyo, «De un lugar a otro», contó con una portada realizada por Joan Miró.

Publicidad

Sobre el fundamental papel que tuvo el arte en su manera de entender la vida, podemos encontrar algunos indicios en su ensayo «Crónica de arte contemporáneo», de 1971. En él sostenía que «el arte nace cuando plantea cuestiones: deja de existir cuando este cuestionamiento desaparece (...). Toda obra de arte ha de ser una fusión de realidad y ficticidad, de naturaleza y sujeto, de cosa exterior y de cosa interior, de mundo mental y de mundo real. Fusión que dará una realidad nueva y peculiar: la realidad artística».

«Retorno a la piedra» es una invitación a rescatar la palabra escrita de un poeta que merece más lectores.