Cataluña

Óscar Tusquets: «No soy ni apocalíptico ni integrado, pero abomino de la correción política»

El arquitecto presenta “Pasando a limpio”, (Acantilado) , un conjunto de reflexiones en torno a la vida y el arte, a sus filias y sus fobias

Las ideas tienen peso, una cierta gravedad. En la juventud, todas suenan como si se gritasen por un megáfono, distorsionadas, imperativas y, por tanto, ligeras. Emocionan, inspiran, pero al no tener peso en realidad no se entienden. En la madurez, la voz comprende que no necesita gritar, sino seducir, y las ideas empiezan a tener cuerpo y forma y atrapan como si fueran redes. El arquitecto Óscar Tusquets nació en Barcelona en 1941 y sabe perfectamente cómo seducir con sus ideas, o al menos eso es lo que hay detrás de «Pasando a limpio» (Acantilado) una miscelania de reflexiones que demuestra que la vida, si se piensa, son dos vidas, y eso sí es extraordinario.

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– En su libro habla de múltiples temas, por ejemplo la preponderancia de la cultura sobre la naturaleza...

– Totalmente. A un arquitecto que le guste mucho la naturaleza es que se ha equivocado de oficio. Nuestro sector gira en torno a mejorar la naturaleza, que en nada es perfecta. Si ves un río, piensas cómo podrías construir un puente para cruzarlo. Lo natural no me produce ninguna emoción.

– También hace una defensa del libro digital sobre el libro de papel...

– Y eso que publico en Acantilado, que cuida mucho sus ediciones. Es una cuestión de funcionabilidad. Las bibliotecas son imposibles de ordenar, de limpiar. Si existe una copia digital ahora no tengo duda en cuál comprar. Entiendo la emoción de tener un libro en la mano si es un incunable, como la edición original de un libro de Palladio. Sino, no siento ese placer.

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– Uno de los capítulos, nada irónico, habla sobre su fascinación por Benidorm...

– Mi admiración viene de muchos años atrás cuando el sociólogo Mario Gaviria, que era de extrama izquierda y era un gran defensor del modelo de Benidorm, invitó a un grupo de arquitectos de Madrid y Barcelona a visitarla. Nos subió a una sierra para poder ver la ciudad en alto y me pareció algo hermoso.

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– El libro está lleno de aforismos que le sirven como introductores a los más variados temas...

– Los he ido almacenando en carpetas en el ordenador con la idea de que algún día los publicaría. Hay algunos que me encantan, como los de Jules Renard, que los reproduciría todos. A mi edad, no necesito que me convenzan, sólo que me sugieran algo, que me inviten a pensar. Me gusta la valentía de pensamiento y la falta de convencionalismos. Algunos de estos aforismos me descubrieron ideas que yo no había pensado antes y otros simplemente «pasaron a limpio» ideas que yo ya tenía dentro. No soy un apocalíptico ni un integrado, pero aborrezco la corrección política.

– Dentro de las cosas que le enervan está la cocina experimental.

– Es un fenómeno que no entiendo. No digo que la cocina sea o no un arte, lo que me enerva es que parece que la cocina ha suplantado todas las otras artes. Cuántos escultores y pintores españoles contemporáneos conoce y cuántos cocineros. Se habla más de cocina en los periódicos que todo el resto de artes juntas. Y eso sí que no tiene sentido. La cocina actual ha caído en la misma farsa que el arte contemporáneo, que necesita una guía teórica para disfrutarlo y eso es estúpido. Isabel Coixet lo dijo muy bien, «a mi me la sudan las estrellas».

– El libro también le sirve para realizar retratos increíbles como el que dedica a Coderch.

–Para mí es sin duda el gran arquitecto español de la segunda parte del siglo XX. Era todo un personaje, de esos que echas de menos, con un punto de locura maravilloso. «¡Óscar, no hay que ser autoritario!», me gritaba. La verdad es que uno de mis propósitos al escribir el libro era no poner nada que se pueda encontrar en wikipedia y lo he conseguido. Y eso que soy un defensor absoluto de wikipedia. Los datos son fáciles de conseguir y difundir y hay que democratizarlos. El único problema que veo es que antes, si no sabías un dato, podías abrir una conversación que podía llegar a ser muy interesante y ahora se acaba en lo que tardas en encontrarlo en google.

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– Facilita la vida tener una enciclopedia en el bolsillo

– Alguna vez doy conferencias y viene gente muy joven. Creo que los hjijos te envidian, porque creen que deberían ocupar tu puesto, y los nietos son los que de verdad te quieren. Al menos eso siento yo ahora. Y hablé de Louis Kahn y dije que eran el mejor arquitecto y en seguida vi 20 pantallas encendidas intentando descubrir quién era. Y me pareció estupendo.

– ¿Y no ha caído en la tentacíón de hablar sobre estos tiempos tan convulsos?

– Son momentos difíciles y creo que he sido público en mi posición sobre lo que ocurre en Cataluña, que como catalán me duele. Te duele tener amigos de toda la vida que por su posición política ahora no puedes tratar ciertos temas en una cena. A veces decimos que no somos mejores, sino diferentes, pero, no sé, en realidad sí que se creen mejores. Es un tema muy profundo y complejo. Y afecta a todo. Ahora, por ejemplo, sé identificar si alguien es independentista hablando de fútbol. Todos los independentistas critican a Valverde.

–¿Y ahora qué?

– Creía que no escribiría más, pero me ronda por la cabeza escribir sobre envejecer. Y seguir pintando, claro.