«El arma más poderosa contra el coronavirus es el aislamiento»

Entrevista con el científico y escritor Salvador Macip, autor de “Les grans epidèmies modernes”

La editorial La Campana acaba de recuperar “Les grans epidèmies modernes”, un libro de Salvador Macip que apareció en 2009. En su nueva edición de este libro que habla de todos los virus, el científico y escritor, que reside actualmente en Gran Bretaña, dedica unas páginas a la actual crisis por el coronavirus.

-En 2009 pronosticó que en un futuro cercano llegaría una pandemia potente, ¿en qué hemos fallado?

-Más que pronosticar yo diría avisar, porque todos los que estudiaban los virus eran muy conscientes de que la posibilidad de otra pandemia era muy real. En el libro intenté transmitir esta idea para concienciar un poco, pero parece que, globalmente, los esfuerzos de los expertos, de los divulgadores, de la OMS, etc. no fueron escuchados. Cuando se acaba una pandemia, la gente no quiere pensar en la próxima. Y los políticos tienen pocos incentivos a la hora de gastar en recursos para algo que puede tardar veinte años en llegar y que seguramente ya no los pillará en el poder. Sin embargo, el problema es que si no nos preparamos bien, la respuesta no será suficientemente buena y el número de víctimas será más alto.

-¿Por qué se ha creado esta desconfianza entre la población?

-Tenemos un déficit de comunicación. Si la gente entiende bien cuál es el problema, es la primera en colaborar y hacer que todo sea posible. Por ejemplo, no funciona enviar militares a decir que todos somos soldados y debemos seguir órdenes. Sobre todo en países como en el nuestro, lo que necesitamos es implicar a la gente. Naturalmente, esto es fácil decirlo pero complicado hacerlo. Es necesario estudiar bien qué funciona y qué no, para no cometer la próxima vez los mismos errores. Cuando aparece un nuevo virus, el arma más poderosa que tenemos es el aislamiento, porque las vacunas tardan y no suelen ser buenos fármacos.

-¿Por qué el COVID-19 no es todavía la gran pandemia que esperamos?

-Porque el virus es relativamente “débil”. Es cierto que tiene una capacidad muy alta de infectar, y esto lo hace peligroso, pero su mortalidad es baja, comparada con otros virus que ya conocemos. Se calcula que puede estar cerca del 1%, pero ha habido virus de la gripe diez veces más mortales, y el ébola, por ejemplo, tiene una mortalidad de más del 50%. Si uno de estos virus consigue mutar lo suficiente como para causar una pandemia, el número de víctimas será altísimo. Esta es una posibilidad que existe y que debemos tener presente, pese a que esperamos que no pase nunca.

-¿Son los coronavirus el nuevo gran peligro para nosotros?

-Puede ser, es difícil decirlo. No estaban en la lista de los “más peligrosos” hasta que a principios de siglo comenzaron a causar enfermedades importantes, como el SARS o el MERS. Pese a esto, no ha sido hasta el Covid-19 que hemos visto su potencial. Ahora debemos tenerlos en cuenta pero, como explico en el libro, hay otras enfermedades infecciosas que actualmente están causando muchos más muertos, como la malaria. Estas tampoco pueden ser olvidadas.

-¿Qué consejos daría para mejorar la gestión pública de la crisis?

-Cuatro cosas: rapidez, firmeza, asesoramiento y transparencia. Cuando hay una pandemia no podemos esperar a ver qué pasa: cuanto más rápido se actúa, más posibilidades hay de reducir el impacto. Y también se debe actuar con firmeza: más vale pecar por un exceso de cautela que tener que lamentar después no haber sido suficientemente enérgicos. El asesoramiento es la clave porque los políticos no entienden de estos temas, por eso deben tener a mano un grupo de expertos amplio y donde estén representados todos los puntos de vista válidos que los ayuden a tomar decisiones. Y finalmente, los gobiernos deben ser transparentes con lo que hacen para no crear desconfianza y alarma entre la gente.

-¿Depende nuestro futuro de los microorganismos?

-La gran mayoría de microorganismos no causan enfermedades, si no que conviven con nosotros, en ocasiones en simbiosis, participando en procesos esenciales para la vida. Por tanto, debemos reconocer que dependemos de ellos de muchas maneras. Por otro lado, hay un pequeño número de microbios que pueden causar problemas importantes de salud y debemos estar preparados para hacerles frente.

-¿Son los animales el origen de estas enfermedades?

-Muchas veces sí. Es lo que se llama una zoonosis. Hay virus que se reproducen bien en ciertos animales, y en ellos van también mutando y haciéndose potencialmente más agresivos. El estar invadiendo los hábitats de animales salvajes hace que entremos más en contacto con sus virus, contra los cuales no tenemos defensas porque son nuevos para nosotros. Es un problema de lo que se denomina salud planetaria: nuestra interacción con el ecosistema nos afecta de muchas maneras, no solo a causa del cambio climático.

-¿Cómo podemos evitar infectarnos?

-En el caso de esta pandemia, la única receta es mantener las distancias e interaccionar el mínimo posible con otras personas. El virus se transmite mal por el aire, pero sobrevive muchas horas en las superficies. Tenemos que ser conscientes de lo que tocamos, lavarnos bien y frecuentemente las manos y evitar tocarnos la cara, porque el virus no atraviesa la piel, pero puede entrar por las mucosas.

-¿Cómo se vive esta pandemia en Reino Unido?

- Con miedo e incertidumbre, como en todas partes. Aquí los políticos tampoco lo han hecho muy bien y han dudado mucho al principio de la crisis. No sabemos cuánto tiempo tendremos que estar confinados y cuándo pararán de subir el número de contagios. Pero los británicos son más disciplinados que los mediterráneos y me parece que lo están haciendo bastante bien. Veremos.