La mitad de las alumnas de secundaria quiere adelgazar y el 41% lo ha intentado sin control médico

La Asociación contra la Anorexia y la Bulimia alerta sobre el incremento de los casos de TCA, así como de su complejidad y gravedad, a raíz de la pandemia y denuncia que el sistema de salud no está preparado para abordar esta situación de forma efectiva

La anorexia y otros Trastornos de la Conducta Alimentaria han aumentado y se ha agravado por la pandemia
La anorexia y otros Trastornos de la Conducta Alimentaria han aumentado y se ha agravado por la pandemia

Aún no manejan datos concretos acerca de cómo ha incidido la pandemia en los Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA), pero en base a su experiencia durante este último año y medio, desde la Asociación catalana contra la Anorexia y la Bulimia aseguran que han aumentado las casos, así como su gravedad y su complejidad.

“Hasta ahora, los datos epidemiológicos indicaban que 1 de cada 20 adolescentes sufre un Trastorno de la Conducta Alimentaria, pero eso es algo que hay que revisar porque en la asociación ahora atendemos el doble de demandas de ayuda que en 2019: hemos pasado de las 2000 atenciones de los últimos años a las 5000 de 2020 y de 2021. Y es que la pandemia nos ha dado una bofetada en la cara”, asegura Sara Bujalance, directora de la entidad, quien al respecto comenta que “gracias al confinamiento y las restricciones derivadas de la crisis del coronavirus, los adolescentes, que es el colectivo que más sufre este tipo de trastornos, han pasado más tiempo en casa y ha aumentado así la convivencia con sus familiares, lo que se ha traducido en un incremento del porcentaje de quienes realizan al menos una comida en familia hasta situarse en el 70%, sin embargo, estos factores de protección frente a los TCA no han bastado para compensar la importancia del incremento de los factores de riesgo en el contexto de la pandemia”.

Esta radiografía de la situación actual viene respaldada por los datos extraídos de la encuesta que realiza anualmente la asociación acerca de la satisfacción corporal de los adolescentes. Y es que entre los 5135 estudiantes de secundaria a los que se les consultó entre septiembre de 2020 y junio de 2021 en el marco de este trabajo, el 47% de las chicas expresó su deseo de adelgazarse, mientras que antes de la pandemia este porcentaje no superaba el 32%, y el 41% reconoció haber hecho una dieta sin control médico con el objetivo de adelgazarse , cuando en 2019 la cifra era del 34%.

“Este es un dato que nos alarma especialmente porque hacer un cambio en los hábitos alimentarios sin control de un profesional es la conducta de riesgo precipitante de TCA más importante”, señala Bujalance, para a continuación explicar que “no todo el mundo que hace esta conducta de riesgo desarrollará un TCA, pero sí podemos decir que la gran mayoría de personas que tienen un TCA dieron pie al desarrollo de este trastorno a través de esta conducta y además, socialmente, no somos suficientemente conscientes de ese riesgo, lo que duplica el peligro”.

En cuanto a los chicos, es cierto que hay más que ahora expresan su deseo de perder peso que antes de la pandemia, de hecho se ha pasado del 15% al 21%, pero ese aumento de la insatisfacción corporal no ha desencadenado una conducta tan de riesgo como entre las chicas, puesto que, si en 2019-2020 el 22% admitía haber hecho dieta para adelgazar sin supervisión de un médico, en el periodo post-COVID reconocía dicho extremo el 23%.

En la encuesta también se preguntaba a los adolescentes si habían recibido burlas por parte de sus compañeros y el 42% confirmaba este supuesto, un porcentaje que se mantiene estable respecto a los datos recogidos antes de la pandemia, pero, sin embargo, ahora se ha detectado un incremento de los contenidos de esas burlas que están relacionados con el cuerpo, ya que se ha pasado del 76% al 86%. Al cuestionar directamente a los encuestados si creían estar sufriendo un TCA, el 8,7% verbalizó su sospecha de estar padeciendo una trastorno de estas características en primera persona, lo que supone un incremento significativo respecto a los datos recogidos antes de la pandemia, cuando solo el 4,5% así lo manifestaba.

En conclusión, “estos datos son alarmantes porque la insatisfacción corporal es factor de riesgo para sufrir un trastorno de la conducta alimentaria, por el deseo por adelgazarse en edades tan vulnerables como la adolescencia, y sobre todo, por el hecho de que los chicos y la chicas llevan a cabo ya estas conductas, mientras que el entorno o adultos de referencia no pueden identificar de manera suficientemente asertiva el riesgo que ello supone”, señala Bujalance, quien además pone de relieve que “todo ello resulta especialmente preocupante por cuanto “el sistema sanitario no está del todo preparado, no tiene los recursos ni la especialización suficientes como para poder abordar esta situación de manera efectiva”.

Al respecto, la directora de la asociación comenta que “es necesario un plan de prevención específico para el TCA, que cuenta con la tasa de mortalidad más elevada de los trastornos de salud mental”. “Es clave la detección precoz de los casos y la intervención efectiva de manera temprana, pero en los Centros de Atención Primaria frecuentemente se infravaloran las primeras señales de alerta, a menudo ni se derivan los casos a Salud Mental o cuando se hace, muchas veces esta derivación tarda más de un mes y una vez en el Centro de Salud Mental Infantojuvenil la frecuencia de visitas es de una al mes y de solo 45 minutos de duración, de manera que, claramente, ese chico o chica no está recibiendo la atención que necesitaría para poder corregir su trastorno de la conducta alimentaria”. Es por ello que “es frecuente que las familias acaben yendo a la atención privada”, concluye.