El extraño ojo de África: Guelb er Richât

El ojo del Sahara ha recibido muchísimos nombres, pero todavía no sabemos con exactitud cómo surgió esta extrañísima formación geológica.

Hay un lugar en Mauritania donde caminando “viajas” en el tiempo, retrocediendo siglos, milenios e incluso millones de años. Si reposas tus pies sobre él es imposible que sientas nada especial, pero has de saber que pisas roca formada hace más de 480 millones de años, en el Ordovícico, y esto es solo el principio. Si ahora comienzas a caminar, la roca bajo tus pies se irá haciendo progresivamente más antigua poco a poco hasta llegar retroceder al menos otros 60 millones. En él hay sedimentos datados de finales del eón Proterozoico. No obstante, no verás nada raro, solo arena y rocas, las mismas que hay en cualquier otra zona del planeta. Tal vez pienses que a este viaje en el tiempo le falta epicidad, algo que vista de fantasía al páramo donde tiene lugar la acción, pero te equivocas. Lo único que hace falta es que cambiemos nuestra perspectiva, tenemos que viajar al espacio para mirar a los ojos a África.

Del Sáhara al espacio

Era 1965 y la misión Gemini 4 ya estaba en órbita. James McDivitt y Edward White se disponían a hacer historia. White sería el primer ser humano en abrazar el vacío del espacio. A sus espaldas había muchas horas de formación, pero nada le había preparado para lo que encontraría ahí afuera. Abajo, en la superficie del planeta, había una especie de ojo de roca mirándole sin perder detalle. ¿Qué era aquello?

Ahora sabemos que ese “ojo” era la formación de Richat, el ojo de buey, de África, del Sahara, el Guelb er Richât. La misma llanura mauritana por la que nos hemos imaginado caminando. Desde el espacio sus 38 kilómetros de diámetro se veían diferentes. Círculos concéntricos de colores rojizos, negros, y blancos. Sin duda, el ojo de África es una de las maravillas naturales más impresionantes del mundo. Un regalo geológico que ha permanecido oculto a simple vista durante varios miles de años. Aunque ahora que conocemos su existencia surge la pregunta que más nos interesa: ¿cómo se ha formado algo así de impresionante?

Un monte amputado

Si te pido que aventures una respuesta es muy probable que llegues a la misma conclusión a la que llegaron los primeros geólogos que la estudiaron: un meteorito. Pero lo cierto es que te equivocarías. Ahora sabemos que el culpable no es un meteorito que hubiera chocado con la Tierra hace miles de años. Eso es lo que suponían los expertos antes de que viéramos su extraño colorido desde el espacio, cuando solo era una llanura con aspecto de cráter.

Pero piénsalo otra vez. Hemos dicho que desde el espacio podemos ver círculos concéntricos con diferentes colores y que, cuando caminamos sobre su superficie, el exterior del ojo de África está formado por roca más joven que el centro. ¿Te sugiere algo?

La tierra bajo nuestros pies se mueve. Esa es la clave para entenderlo todo. La tectónica de placas nos habla de grandes bloques de roca desplazándose uno sobre otro, comprimiéndose o separándose y provocando durante su viaje terremotos, montañas y volcanes. Por lo general nos fijamos en lo que ocurre en los bordes entre dos placas, pero estas zonas no son las únicas afectadas por la colisión. Durante estos movimientos las placas que se ven sometidas a otras fuerzas, como por ejemplo, masas de magma que empujan el terreno desde abajo, arrugándolo y creando elevaciones. Ahora que tenemos esto claro, lo que nos interesa es el relleno.

Estas placas están formadas en su superficie por capas de rocas, cada una depositada en un momento diferente de la historia geológica de nuestro planeta. Las más profundas son las más antiguas, y sobre ellas se han ido depositando capas más jóvenes a medida que pasaban las eras. En principio estos depósitos son planos, lisos y paralelos entre sí, como las capas de una lasaña. Pero ¿qué ocurre cuando metemos un gurruño de papel de aluminio debajo de la lasaña?

Dejando a un lado el destrozo culinario que Chicote jamás te perdonaría, lo que ocurre es que todas las capas se doblan a la vez, arqueándose en lo que se conoce como un domo anticlinal, más o menos como ocurre cuando asciende una masa de magma en las profundidades. Pero no olvides tu lasaña con joroba, volvamos a hablar de ella. Imagina que la congelas un poco con el gurruño debajo para que no se desmonte y entonces le das un corte paralelo al suelo, como si afeitaras generosamente la superficie. Lo que encontrarás no será tan diferente del ojo del Sahara.

Por supuesto, en el mundo real el domo no fue erosionado por un cuchillo gigante, sino por el viento, y el agua. Es cierto que tenemos una buena idea de cómo y cuándo se erosionó, todavía no están del todo claros los detalles, ni conocemos todos aquellos elementos de los que está compuesto Guelb er Richât, pero cada vez descubrimos más cosas sobre su geología. Y ahora que hemos respondido a la pregunta relevante, hablemos de la que más preocupa a los foros de Internet. ¿Es posible que el ojo de África sea la Atlántida?

No

El título de este apartado es bastante directo, pero es bueno empezar dejando las cosas claras. No es la Atlántida y nunca lo ha sido, pero ¿por qué afirmaría alguien una cosa así? Parece que toda esta especulación se viralizó a través el vídeo de un YouTuber de corte conspiranoico.

Según relata el propio creador del vídeo, se basa en el relato que hace Platón de la Atlántida en dos de sus textos (Critias y Timeo). En ellos se relata que la Atlántida estaba recorrida por varios canales de agua con forma de anillos concéntricos, que tenía un diámetro de 23 kilómetros y que está rodeada por una pequeña llanura. A muchos esto les ha convencido sin importarles demasiado que el tamaño del domo sea mucho mayor, que no haya rastro de canales de agua y que los círculos concéntricos de nuestra formación sean pliegues del propio terreno. En cuanto a la llanura que la rodea no parece que se refiera a una extensión tan vasta como esta, sobre todo teniendo en cuenta que la Atlántida se presenta en los mitos como una isla y el ojo de África está a más de 500 kilómetros de la costa más cercana.

Es más, por espectacular que sea, el ojo de África no es el único accidente geológico de este tipo, lo más parecido es el domo de Semsiyat. Así que no, ni Atlántida ni cráter meteorítico ni nada. Guelb er Richât es un domo segado por milenios de erosión, un monte amputado de la Tierra cuyas raíces dibujan un mandala geológico solo visible desde el espacio. ¿Acaso hace falta añadirle más magia?

QUE NO TE LA CUELEN:

  • La formación de Richat no se debe a un meteorito ni son los restos de la Atlántida. No hay motivo para pensar tales cosas.

REFERENCIAS: