Cuando la pólvora se encendía con un compuesto explosivo de mercurio

Uno de tantos usos curiosos y muy específicos que llegó a tener el mercurio en el pasado.

Las aplicaciones del mercurio son muy limitadas en la actualidad porque ahora conocemos los efectos nocivos que tiene este elemento sobre los seres vivos. Pero, en el pasado, cuando su toxicidad no estaba tan bien estudiada, el mercurio tenía usos tan dispares como la extracción de oro, la producción de maquillaje o la fabricación de explosivos destinados al armamento. Y ese esta última aplicación es la que vamos a tratar hoy.

Hierro y pedernal

Las primeras armas de fuego se inventaron en el siglo XVII y no tenían cartuchos, sino que se llenaba el cañón con pólvora negra de manera manual y a continuación se introducía la bala. Llegados a este punto sólo faltaba prender fuego a la pólvora que estaba al fondo del cañón para que propulsara la bala… Y el método más práctico del que disponían en aquella época un mecanismo llamado llave de chispa.

El sistema estaba basado en las chispas que produce un pedernal al frotarlo con un trozo de hierro. Cuando se apretaba el gatillo, el brazo metálico con el pedernal se movía hacia adelante y rascaba la superficie de la varilla de acero que tenía frente a él. Al mismo tiempo, la pieza de acero pivotaba en la misma dirección y dejaba al descubierto un hueco en el cañón que descubría la pólvora. Así se garantizaba que todas las chispas producidas por la interacción entre el pedernal y el acero eran conducidas hacia la cámara en la que se encontraba el explosivo.

Aunque el método funcionaba, era frecuente que los cañones no llegaran a dispararse al apretar el gatillo porque a veces no se generaban suficientes chispas como para encender la pólvora y el invento no servía si llovía o nevaba, dado que la pólvora húmeda no prende. Pero todos estos contratiempos tenían solución: un compuesto llamado fulminato de mercurio.

Los fulminatos

Los fulminatos son compuestos químicos que poseen el ion fulminato, o, lo que es lo mismo, un grupo de átomos con carga eléctrica negativa formado por tres átomos unidos: uno de carbono, uno de nitrógeno. Esta estructura tiene la particularidad de que es muy inestable y cualquier mínima perturbación puede provocar que el fulminato se descomponga violentamente en otros compuestos químicos y produzca una explosión (explicábamos qué es exactamente una explosión en un artículo reciente).

Este fenómeno lo ilustran muy bien las «bombetas», esos petardos que provocan un pequeño estallido cuando se lanzan contra el suelo. El secreto tras esas explosiones en miniatura es el fulminato de plata que está desperdigado entre las piedrecillas que contiene el petardo. Cuando la bombeta choca con una superficie, la fricción entre las piedras perturba el fulminato de plata lo suficiente como para que se descomponga y libere diferentes gases (nitrógeno, dióxido de carbono y monóxido de carbono) que se expanden rápidamente, generando un pequeño estallido.

Si os ha pasado por la cabeza intentar extraer la plata de estos petardos para ganar dinero, debo avisaros de que la cantidad de este metal que contienen es ridícula. A modo de cifra orientativa, el autor del canal de Youtube Cody’s Lab sometió unas 5 000 bombetas a un proceso químico para extraer la plata y logró extraer metal por valor de alrededor de un euro al precio actual. O sólo 1,1 gramos, vaya.

Sea como sea, esa inestabilidad propia de los fulminatos era justo lo que buscaban los fabricantes de pistolas y rifles para sustituir a los pedernales. Y la sustancia que mejor cumplía con su función era el fulminato de mercurio.

Explosiones percutidas

El fulminato de mercurio es otra sustancia que se descompone violentamente cuando se perturba y empezó a utilizarse en el siglo XIX poco después de que se inventaran los cartuchos. Estos cilindros de latón protegían la pólvora de los elementos y tenían incorporada una pequeña carga de fulmiunato de mercurio en su parte trasera. Cuando se apretaba el gatillo, el percutor golpeaba con fuerza esa carga y la sustancia se descomponía rápidamente. El resultado eran una gran cantidad de gases calientes en expansión que prendían la pólvora, provocando su explosión y consiguiendo que impulsara el proyectil.

Pero, para variar, esta solución acarreaba sus propios problemas. Las cargas de fulminato de mercurio perdían su efectividad cuando permanecían algún tiempo almacenadas porque este compuesto se va descomponiendo poco a poco por sí solos, incluso sin que nada lo perturbe. Además, una vez disparada la carga, el mercurio vaporizado se infiltraba en la estructura cristalina del latón de los cartuchos y corroía el metal, por lo que no se podían volver a utilizar. Por tanto, el fulminato de mercurio acabó siendo sustituido por otras sustancias que no afectaban a la integridad de las piezas de las armas.

El mercurio despierta una gran fascinación por ser un metal que permanece en estado líquido a temperatura ambiente, pero hoy en día estamos muy concienciados de lo peligroso que puede llegar a ser y nunca lo encontramos en nuestro día a día. Por eso siempre sorprende conocer cuántas aplicaciones tan específicas tenían el mercurio y sus compuestos en el pasado... Incluyendo materiales explosivos basados en este metal.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Existe una sustancia llamada «oro fulminante» de la que hablamos en un artículo anterior. Aunque su nombre puede dar lugar a confusiones, se trata de una mezcla de diferentes sustancias y no de un compuesto químico formado por oro e iones de fulminato.

REFERENCIAS (MLA):

  • T. Boddington et al. “Decomposition of Inorganic Fulminates”, Transactions of the Faraday Society, 65, 509.