Imagen de un robot Pepper de 2015, previo a las implementaciones de Chella y Pipitone.
Imagen de un robot Pepper de 2015, previo a las implementaciones de Chella y Pipitone.YUYA SHINOREUTERS

Inventan un robot que hablan consigo mismo en voz alta para rendir mejor

Cuando el robot Pepper se enfrenta a una contradicción o detecta un fallo puede verbalizarlo para que el usuario entienda el problema y lo aclare

Hace años los robots eran cosa de la ciencia ficción o de las grandes industrias. No obstante, aquellos brutales brazos mecánicos no encajaban con la imagen proyectada por las novelas y las películas. Soñamos con autómatas desde que inventamos las primeras máquinas y, de hecho, tenemos algunos con más 2500 años de antigüedad, como la estatua de Memon, regalada a Amenhotep por su hermano Hapu. Aquel autómata apenas emitía unos sonidos cuando incidía en él la luz del amanecer, un truco brillante, pero que hemos podido superar con creces.

La palabra robótica viene de robot, que a su vez procede de “robota” que significa “Corvea Real”, la obligación de los campesinos de laborar gratis las tierras de un señor feudal, una suerte de esclavitud. Fue acuñada por Čapek en su obra Rossum’s Universal Robots, en 1920, y desde entonces se ha popularizado tanto su uso que la hemos integrado a nuestro lenguaje diario. Incluso hemos derivado otras palabras a partir de ella, como los polémicos “bot”. Ahora bien, esta relación de servidumbre ha llegado en nuestros tiempos a unas cotas inimaginables. Aquel cliché de que “el futuro es ahora” nunca ha sido más cierto. Estamos rodeados de inteligencias artificiales, robots domésticos y complejos sistemas informatizados. Hemos conseguido incluso que los robots hablen con nosotros. ¿Cuál es el siguiente paso? Tal vez, que hablen consigo mismos.

Una voz interior

Hay muchos campos punteros en la frontera de la robótica, pero que los autómatas puedan hablar consigo mismos en voz alta no es uno de ellos. Sin embargo, esto no quiere decir que no existan investigaciones al respecto. De hecho, en 2020 los investigadores Ariana Pipitone y Antonio Chella publicaron un artículo en el que coqueteaban con la idea y sugerían los posibles beneficios que tal innovación podría acarrear. Un año después de aquello, los dos investigadores italianos han puesto en práctica el primer robot que, no solo crea una suerte de voz interior, sino que la verbaliza.

La voz interior es un concepto bastante inexplorado en robótica, así que Pipitone y Chella tuvieron que valerse del conocimiento ya aportado por otras disciplinas, como la psicología o las neurociencias. De hecho, son estas mismas disciplinas las que nos sugieren las potenciales ventajas de esta voz interior. En estudios con humanos, parece que mantener un discurso interior mejora el desempeño de algunas actividades, fomentando el aprendizaje y la racionalización.

Empapándose de la literatura científica, los investigadores encontraron que este tipo de conversaciones suelen diferenciarse en dos tipos. Por un lado, el discurso evaluativo, el cual se encarga de ponderar los riesgos y beneficios para así optimizar y orientar nuestras acciones. Por otro lado, estaría el discurso moral y aunque comparte muchas características con el evaluativo, agrega lo evidente: connotaciones morales que dan otras implicaciones a la decisión. En cierto modo esto es lo que Pipitone y Chella han tratado de emular con su robot Pepper.

El dilema de poner la mesa

Pipitone y Chella buscaban desarrollar un robot transparente en cuanto a sus procesos y razonamientos. Para ello, los investigadores diseñaron a Pepper empleando ACT-R, un software que modeliza los procesos cognitivos humanos, o, dicho de otro modo: la forma en que “pensamos”. Dado que esta tecnología todavía está empezando, el diseño del robot se ha orientado a una serie de acciones y respuestas bastante restringidas que los mismos investigadores reconocen como una limitación del estudio. No obstante, es un primer paso.

Pepper respondiendo a las solicitudes del participante.
Pepper respondiendo a las solicitudes del participante.PipitoneCreative Commons

Para probar a Pepper, los investigadores le plantearon un reto. Pepper tendría que seguir una serie de instrucciones relacionadas con poner la mesa. En concreto, el experimento consistió en 60 instrucciones. En la mitad de ellas Pepper contaba con la posibilidad de verbalizar esa especie de voz interior producida por el ACT-R, en la otra mitad actuaría como un robot normal y corriente. En cada bloque de 30 instrucciones, 20 de ellas (40 en total) fueron diseñadas para generar algún tipo de conflicto en Pepper. Algunas entraban en confrontación con las normas de protocolo que le habían implementado (por ejemplo, que el participante le pidiera colocar la servilleta en cualquier lugar que no fuera el plato), estas simulaban (salvando las distancias, los dilemas morales) Otros problemas provenían de que se le pidiera algo que ya estaba hecho, como colocar el tenedor en la mesa cuando este ya estaba allí. El último tipo de conflicto se debía a posibles fallos de funcionamiento en el robot.

De este modo, la situación de la servilleta hizo que Pepper emitiera el siguiente audio: “Ehm, esta situación me molesta. Nunca rompería las reglas, pero no puedo molestarlo, así que hago lo que él quiere.” Hay que recordar que estas frases pueden parecer engañosamente complejas y dar la sensación de que el robot está reflexionando de una forma más humana y emocional de lo que realmente lo hace. No siente “molestia” alguna, pero así es como sus programadores han hecho que exprese los conflictos que detecta. En cualquier caso, este primer experimento parece haber arrojado resultados interesantes. Si bien es pronto para decir que la voz interior mejora el rendimiento de Pepper, sí podemos decir que, en determinadas ocasiones, permite que el usuario que interactúe con él pueda afinar su petición para que, ante un conflicto, Pepper pueda cumplir la petición con éxito.

A la velocidad a la que cambia la tecnología, quién sabe si en unos años podremos elegir una opción parecida en nuestros dispositivos, facilitándonos el control de las máquinas. Solo el tiempo dirá si la clave para controlar la tecnología será una mejor comunicación con ella, en ambas direcciones.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Queda todavía mucho para que esta línea de investigación tome fuerza, pero esta primera toma de contacto sienta bases interesantes sobre las que trabajar. Habrá que refinar muchos aspectos antes de siquiera plantearse que esta tecnología tenga un interés comercial.

REFERENCIAS (MLA):