Sociedad

¿Causó el cambio climático la pérdida de biodiversidad de hace 230 millones de años?

Un nuevo estudio arroja dudas sobre esta correlación aparentemente tan bien avenida.

Reconstrucción artística del ecosistema triásico de Ischigualasto
Reconstrucción artística del ecosistema triásico de Ischigualasto FOTO: Jorge González Creative Commons

La formación de Ischigualasto está al norte de argentina y es tan árido que recibe el sobrenombre de “valle de la Luna”. Sin embargo, no siempre ha sido así. Hace unos 230 millones de años, la humedad cubría el paisaje en forma de ríos y arroyos. Crecía la vegetación y la vida prosperaba en todas sus formas. Pero incluso el pasado tenía un pasado y, por lo que sabemos, antes de ese vergel, Ischigualasto había sido relativamente parecido a lo que vemos ahora, más seco y cálido, de hecho, ese cambio por el que se humedeció y atemperó parece haber sido relativamente rápido. Hasta ahora, los investigadores suponían que en esa “repentina” humidificación del ambiente, la biodiversidad habría sufrido, porque los cambios rápidos no suelen dar tiempo a que las poblaciones se adapten a las nuevas reglas del juego.

O, al menos, eso es lo que pensaban hasta hace poco, porque un nuevo estudio sugiere que, tal vez, la relación no esté tan clara. Para ubicarnos, conviene saber que hablamos, en concreto, de un periodo hace, entre 231 y 226 millones de años, durante el primer periodo de la era Mesozoica (la de los “dinosaurios”). Y, por lo que los expertos han podido investigar en los yacimientos de Ischigualasto, por aquel entonces hubo una pérdida de biodiversidad. O dicho de un modo más correcto: se sospecha que debió de disminuir la biodiversidad porque se encuentran una menor cantidad de ejemplares y especies fósiles en el estrato de roca que se depositó por aquel entonces. ¿Y si esas sospechas no fueran tan razonables como parecen?

Un primer paso

Ante todo, es importante recordar que estamos hablando de un único artículo publicado hace muy poco, eso, para paleontología, tiene un valor reducido y lo cauto sería esperar a que otros estudios hechos por equipos independientes corroboraran esos resultados por su cuenta. Así suelen funcionar las ciencias, no por inmovilismo, sino para curarse en salud ante posibles falsas alarmas. No obstante, y aunque no podamos erigir estos resultados como una verdad indudable, sí podemos repasar sus detalles para comprender la línea de investigación que pretenden abrir.

El gran problema se encuentra, al parecer, en haber asumido que la diminución en el registro fósil está relacionada con una pérdida de biodiversidad. Los investigadores han cuantificado otra serie de posibles factores y han estudiado cómo podrían relacionarse entre sí para comprender qué combinación de ellos explica mejor la diminución de fósiles en esos estratos. Los dos factores principales serían, por lo tanto, los sesgos de preservación y recolección.

La confusión

A pesar de sus nombres, ambos conceptos son bastante sencillos. Un sesgo de preservación se deriva de que las condiciones del entorno no son siempre óptimas para que los restos orgánicos fosilicen transformándose en roca. Y, por lo tanto, que haya menos fósiles en un estrato no significa necesariamente que hubiera menos individuos viviendo en aquel tiempo, sino que, tal vez, las condiciones eran hostiles para la preservación de sus cuerpos. Un cambio en la humedad y en la temperatura podría jugar en esa línea en algunas ocasiones, así que, tal vez se debiera a aquello. Sin embargo, no parece una explicación suficientemente rotunda como para dar cuenta de la disminución que vemos en el registro fósil, por lo que los investigadores proponen ese otro sesgo, el de recolección.

El sesgo de recolección es, a diferencia del otro, muy humano. Significa que existe cierto factor de azar en cualquier excavación y que, habiendo un número equivalente de fósiles en dos yacimientos, en uno encontráramos más que en otro. Es como imaginar que escondo una gran cantidad de cartas en una piscina de bolas. En ese caso nos queda bastante claro que, por exhaustiva que sea la búsqueda, es muy probable que el número de cartas que encontremos no sea igual al total que hemos escondido.

La excepción

Hasta aquí las afirmaciones son relativamente contundentes y contrarias a lo que se pensaba, pero añaden a continuación un par de puntos más conservadores. Por un lado, indican que sí parece haber una reducción en el número de fósiles de dos grupos de reptiles que, a priori, podrían explicarse mejor como consecuencia del cambio en el clima de la región. Concretamente se trataría de los rincosáuridos y los pseudosuquios (como el Postosuchus) Por otro lado, reconocen que todavía quedan “lagunas de datos que deben ser llenadas”, lagunas que su nuevo marco metodológico podría ayudar a reducir. En cualquier caso, parece que harán falta más estudios para obtener una conclusión robusta, pero, sea como fuere, este tipo de estudios nos ayudan a desarrollar una comprensión más profunda acerca de la relación entre el clima y la vida.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • El estudio no está pensado para sacar conclusiones sobre el impacto que tendría un cambio climático como el que estamos viviendo, hay factores realmente diferenciadores que hacen muy complejo extrapolar las conclusiones de este estudio a nuestra situación.

REFERENCIAS (MLA):