Paleontología

Descubren la primera gran extinción de la historia

Normalmente hablamos de cinco grandes extinciones, pero ¿y si hubo una anterior a todas ellas?

Diorama que representa criaturas marinas de la era de Ediacara.SMITHSONIOAN INSTITUTION22/11/2022
Diorama que representa criaturas marinas de la era de Ediacara.SMITHSONIOAN INSTITUTION22/11/2022SMITHSONIOAN INSTITUTIONSMITHSONIOAN INSTITUTION

Este planeta ha sido un campo de pruebas para la vida. Sin dirección alguna, la biología ha experimentado a lo largo de las generaciones, explorando estrategias de supervivencia tan dispares como podamos imaginar. Formas, colores y actitudes tan variadas como nos plazca, desde el fondo de los mares hasta las montañas más altas del planeta. Aunque, hay que reconocer que, a medida que ha avanzado la historia de la vida en la Tierra, las opciones se han restringido un poco más, condicionadas por todo lo ya vivido. Por eso, si abandonamos las cercanías del presente y nos sumergimos en el tiempo profundo, encontraremos lugares de ensueño, como el periodo Ediacárico, hace 539 millones de años.

Al observar las reconstrucciones de la fauna de este periodo es posible que nos sintamos transportados a un mundo onírico. Seres similares a medusas, tortas ovaladas que serpentean sobre el fondo marino, una especie de hojas que se abanean solitarias buscando la vertical, etc. De hecho, hace algunas décadas parecían tan poco familiares que se consideraban como una prueba fallida de la evolución, un primer intento de “crear” vida animal animales que se había terminado extinguiendo para dejar paso a un segundo intento del que descendemos. Ahora sabemos que probablemente no sucedió así, sino que algunos representantes de esta biota eran nuestros ancestros directos. Pues bien, un nuevo giro se asoma, porque los últimos estudios plantean que, tal vez, desaparecieron en la primera gran extinción de la historia.

Las grandes extinciones

Los organismos mueren y las especies se extinguen, a veces porque no están bien adaptadas al medio, que puede cambiar más rápido de lo que ellas evolucionan. Otras veces se debe a puro azar, a catástrofes inesperadas que barren con toda una especie en un parpadeo geológico. Una “gran extinción”, en cambio, es llevar todo esto un paso más allá. Significa que, durante un periodo de tiempo relativamente corto, desaparecieron una gran cantidad de especies diferentes.La gran extinción más conocida, por ejemplo, es la de los dinosaurios no avianos, que desaparecieron hace 66 millones de años. Un meteorito de 60 kilómetros de diámetro impactó con la Tierra y extinguió a un 76% de las especies existentes. Pero, aunque haya sido la más famosa no es, ni de lejos, la más grave.

Hace 201 millones de años, entre el Triásico y el Jurásico (los dos primeros periodos del Mesozoico, la “era de los dinosaurios”) desaparecieron también el 76%, pero es que, si nos remontamos a la del Pérmico-Triásico, justo antes de que empezara el Mesozoico, se extinguieron el 96% de todas las formas de vida. Le llamamos la gran mortandad. Antes de eso, hace 367 millones de años, la del Devónico-Carbonífero extinguió al 82 % de especies y, hace 439 millones de años, la del Ordovícico-Silúrico al 85%. El límite entre lo que es y no es una gran extinción es, por lo tanto, algo difuso. Por eso no está del todo claro cómo llamarle a lo que les ocurrió a aquellos organismos de la biota de Ediacara.

Blandos y discretos

El problema, en este caso, es que sabemos que la biota de Ediacara pasó por un mal momento. La principal pista que nos da el registro fósil es que, de repente, buena parte de sus fósiles desaparecen a medida que buscamos en capas más modernas. Y no porque aparezcan otros para sustituirles, sino porque, en general, disminuye notablemente el número de individuos fosilizados. No obstante, hay un factor que complica mucho el estudio de estos organismos arcaicos, y es que su cuerpo, casi completamente blando, fosiliza mucho peor que la osamenta de los vertebrados. Por ese motivo, no sabemos hasta qué punto tenemos una muestra representativa de lo que ocurrió con ellos.

No obstante, en los últimos estudios han confirmado que, en aquel tiempo, la cantidad de oxígeno en los océanos bajó notablemente. ¿Pudo esto tener que ver con la supuesta gran extinción de Ediacara? La intuición nos pide decir que sí, pero hace falta algo más que eso si estamos hablando de ciencias. Por suerte, así fue, porque resulta que los pocos organismos supervivientes tienen algo en común: una forma aplanada. Imaginemos un litro de leche. Cuando está dentro del cartón tiene una superficie de contacto con el medio menor que si lo desparramamos sobre el suelo, aunque en ambos casos es el mismo volumen: 1 litro. Así pues, las formas aplanadas maximizan la superficie de un organismo en proporción a su volumen y, dado que posiblemente algunos de estos seres respiraban a través de su superficie, cuanto mayor fuera más oxígeno podrían captar de las anóxicas aguas de Ediacara. Harán falta más estudios para confirmar esta idea de la primera gran extinción, aunque, por ahora, no parece una propuesta descabellada.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Entre los muchos problemas que pueden derivar del estudio de formas de vida tan antiguas se encuentra la representatividad de los datos. Conservamos apenas un puñado de especies que, posiblemente, comparten ciertas características de ubicación, tamaño o estructura que les ha permitido sobrevivir hasta nuestros días como fósiles. Esto significa que la ausencia de un rasgo no significa que no se hubiera desarrollado, sino que podemos estar viendo una excepción que debido al sesgo de supervivencia entendemos como una regla. Por eso hemos de recordar que, en ciencia, la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia.

REFERENCIAS (MLA):