Sociedad

Bombas nucleares contra asteroides, una nueva vieja propuesta

Algunos asteroides no pueden ser desviados mediante una colisión, pero una onda de choque podría ser la solución

Asteroide Itokawa
Asteroide Itokawa FOTO: N/A Creative Commons

Hay pocas cosas que le gusten más a la prensa que un “asteroide potencialmente peligroso”, que vaya a pasar “preocupantemente cerca” de la Tierra. Objetos astronómicos que no suponen ningún riesgo para nosotros y que, como es de suponer por la falta de noticias al respecto, nunca llegaron a colisionar como los titulares vaticinaban. En cualquier caso, durante este año pasado las noticias de asteroides apocalípticos descendieron y fueron sustituidas por unas más rigurosas. En ellas se hablaba de DART, una misión que pretendía desviar, por primera vez, un asteroide. Y, efectivamente, lo consiguió. Ahora bien, ya sabíamos que la misión tenía algo de truco.

Por un lado, los asteroides de DART estaban muy lejos, lo cual hace que, con una minúscula variación en su trayectoria, el error acumulado acabe desviando completamente al asteroide a medida que avanza hasta nosotros. Por otro lado, elegimos un asteroide que orbitaba a otro porque la reacción en cadena nos ayudaría a desviar al grande, pero es un caso muy particular y no sería tan sencillo si hubiera viajado solo. Estos dos peros son importantes para entender las limitaciones del estudio y lo vulnerables que seguimos siendo a los peligros del cosmos.

Y, por si fuera poco, a todo ello se suma un nuevo detalle: según un nuevo estudio, es más probable que nos amenace un asteroide compuesto por un montón de escombros y que, por lo tanto, no pueda desviarse con la colisión de una sonda. Por suerte, proponen una solución, aunque antes debemos repasar en qué consiste la principal apuesta presente.

La misión DART fue el primer test de la NASA para defender la Tierra de la caída de un asteroide
La misión DART fue el primer test de la NASA para defender la Tierra de la caída de un asteroide FOTO: NASA/JOHNS HOPKINS APL/STEVE GRI EFE

Así fue DART

El 24 de noviembre de 2021 despegó un cohete que tenía como propósito colisionar con un asteroide llamado Dimorphos, de 160 metros de diámetro. No obstante, el verdadero objetivo no era ese asteroide, sino Didymos uno mucho mayor en torno al que Dimorphos orbita y que alcanza los 780 metros de diámetro. Si el impacto conseguía ralentizar mínimamente a Dimorphos, este aproximaría su órbita a Didymos y cambiaría su trayectoria, como si fuera una reacción en cadena.

Y así fue, porque el 26 de septiembre del año pasado DART colisionó a 22.530 kilómetros por hora contra Dimorphos, que viajaba a 0,72 kilómetros por hora. De ese modo se compensaba algo su diferencia de peso entre los 610 kilos de la sonda y los 5.000 millones de kilos de Dimorphos. Finalmente, el 11 de octubre la NASA pudo confirmar que la colisión había reducido en unos minutos las 12 horas que tarda Dimorphos en rodear a Didymnos. DART había sido un éxito, pero… ¿cómo habría funcionado contra un asteroide de escombros?

Así podría ser

La sonda Hayabusa 1 despegó en 2003 y, tras un viaje de ida, el 13 de junio de 2010 nos trajo muestras del asteroide (25143) Itokawa. Con sus 500 metros de diámetro mayor, Itokawa no es un asteroide monolítico como a los que estamos acostumbrados. O, dicho de otro modo, no es una única gran roca, sino un montón de ellas agregados por la gravedad, como si fueran un montón de escombros flotando en microgravedad. Por aquel entonces desconocíamos mucho sobre este tipo de objetos astronómicos, pero, tras analizar las muestras de Hayabusa 1, los expertos han podido confirmar que Itokawa tiene casi la misma edad que nuestro sistema solar, unos 4200 millones de años.

Podría parecer un dato sin demasiada relevancia, pero lo cambia todo porque, hasta donde sabemos, los asteroides monolíticos solo sobreviven solo durante unos cientos de miles de años. Eso significa que, en caso de ser esta la norma con los agregados de rocas, el cinturón de asteroides que hay entre Marte y Júpiter podría tener una proporción mucho mayor de estos últimos, producto de antiguos asteroides monolíticos fragmentados por el impacto de otros cuerpos. Y, en caso de que sean tan frecuentes, es muy posible que los futuros peligros para la Tierra no vengan de asteroides monolíticos desviados desde el cinturón de asteroides, sino de sus hermanos menos agraciados.

El mal menor

Si esto es cierto, estamos ante un gran problema, porque por lo que han podido analizar los expertos, la colisión de una sonda contra uno de estos asteroides de escombros no lograría desviarlo. De hecho, si han logrado sobrevivir tanto es, probablemente, porque su estructura les permite absorber impactos, como si fuera una piscina de bolas que amortigua la caída de un niño. La buena noticia es que tampoco lo haríamos saltar en pedazos produciendo una lluvia de meteoros sobre nosotros, pero necesitamos una solución alternativa para protegernos de estos objetos celestes.

La respuesta podría estar en las armas nucleares. En la ciencia ficción siempre se ha coqueteado con usar armas nucleares para todo tipo de propósitos: reiniciar un Sol muerto, activar el núcleo de la Tierra y, por supuesto, protegernos de un asteroide. De hecho, ha habido alguna que otra propuesta científica que no prosperó porque no funcionaría, pero existir existió. No obstante, ahora que parecía que nos habíamos librado de estas propuestas, parece que la onda de choque podría empujar a un asteroide de escombros fuera de su trayectoria. Sería el equivalente a soplar sobre la superficie de un tazón de cereales, empujándolos contra un borde del plato, en lugar de removerlos con la cuchara y ver cómo se arremolinan en torno al metal, quedándose donde estaban. Por suerte, todavía no corremos ningún peligro, así que habrá tiempo para que los expertos valoren con calma una solución tan inquietante como esta.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Ahora mismo tenemos identificados a la enorme mayoría de asteroides potencialmente peligrosos y ninguno parece que vaya a colisionar con nosotros durante los próximos 100 años. No obstante, y aunque sea poco probable, podría aparecer un nuevo asteroide que todavía no hubiéramos registrado. Esa es parte de la importancia que tiene desarrollar un buen sistema de defensa planetario.

REFERENCIAS (MLA):